Objeto de deseo

Por su calidad auditiva, arte y valor, el disco de vinilo conquista a nuevas generaciones

Reforma
domingo, 26 mayo 2019 | 09:24
Reforma |

Ciudad de México— Ya sea por moda hípster, por rendirle culto a un producto vintage de calidad o por coleccionismo, pero sobre todo por disfrutar la música con la mayor fidelidad, los discos de vinilo o acetato se han convertido en objetos de deseo.

Especialistas de la industria musical consultados, como Beck, Stefan Sagmeister (diseñador de discos para The Rolling Stones y Jay-Z), Cha! (integrante de Fobia y Moderatto y diseñador gráfico), César Rosas (director de estrategia de Rey Vinilo) y directivos de Universal Music y Sony Music coinciden en que el resurgimiento del disco LP se debe a que hay que tener en las manos algo tangible para sentirlo propio... y presumible.
"El sonido de un vinilo es distinto al formato digital, y como seres humanos debemos entender que hay quienes vamos por ese fetichismo de tener el objeto en nuestras manos. Creo que da para un estudio amplio y muy formal hablar de esto, pero en resumen así es; lo queremos para nosotros y apreciamos su arte, porque en este formato es más grande y más destacable", señala Beck, de 48 años, uno de los rockeros más multilaureados y cuya discografía está editada en todos los formatos posibles.
"Al ser humano le interesa tener algo en las manos y apreciar el arte de un disco, no es necesariamente perderse en la inmediatez de lo digital. ¡Claro! Éste es un 'boom', pero existe un sector que quiere experimentar lo que (sonaba) anteriormente, porque lo vintage siempre regresará a la moda, y para ellos se diseña el formato en vinilo", dice Sagmeister, quien también ha trabajado con Aerosmith, Lou Reed y David Byrne.
Rosas, quien por años laboró en el área de marketing de Universal Music y ahora desarrolla productos locales para estrellas como Garbage o Beck, refuerza la teoría de que las generaciones mayores quieren redescubrir la experiencia de comprar un álbum, y las jóvenes, simplemente descubrirla.
"Hay que vivir la experiencia desde recibir o comprar el disco, apreciar el póster, las letras y los créditos, ver el empaque. A eso le sumamos que hoy en día las bandas los personalizan o incluso los entregan firmados y así les dan un valor agregado único, como Editors o White Lies; entonces, el público se siente atraído", explica Rosas.
Cha! hace énfasis en que la cultura del vinilo radica en apreciar todo en formato físico y que el público siempre está buscando nuevas tendencias.
"Tiene que ver con todo, entre ello, que el público siempre busca diferenciarse, que hay que buscar escuchar un sonido distinto, tener algo diferente. Lo vintage está presente en todos los ámbitos: la moda, el cine, la música. Tenemos la música, sólo que con el vinilo la apreciamos de una forma distinta", opina.
También tiene peso la parte del negocio y el acercamiento al consumidor. Hace 20 años, vender 350 mil vinilos era necesario para registrarlo como éxito en México; hoy en día, para un sello transnacional el objetivo es superar 2 mil ventas, y en una firma independiente, entre 500 y mil.


Superior al MP3
Los melómanos aman la música, pero además hay quienes se distinguen por apreciar la calidad del sonido. Y entre los formatos tradicionales, vinilo, CD, casete, archivos digitales comprimidos, el primero es el óptimo.
Aunque hace tiempo los tocadiscos fueron desapareciendo de los hogares, muchas familias conservaron LPs, y hoy algunos fans se enorgullecen de tener álbumes clásicos en la edición original y la más actual. Y lo cierto es que un LP antiguo, de colección, puede ser tan caro o más que si dicho título acaba de ser reeditado y remasterizado en pleno 2019.
Childish Gambino e Iñaki (miembro de Fobia, Moderatto y Gran Sur) resaltan la importancia del sonido en un vinilo o en un disco compacto, en comparación con los archivos que reproducen plataformas como Spotify, Apple Music, Deezer o Amazon Music.
"Las nuevas generaciones lo descubrieron nuevamente: el CD sonaba mejor, y metieron la música a una plataforma digital y todo ha cambiado. Así como lo explica David Byrne en el libro 'Cómo Suena la Música', porque siempre nos acompaña y la queremos en todos los formatos, pero nos inclinaremos por la que nos dé mejor experiencia", dice Iñaki.
"Una canción en plataformas pesa de 5 a 10 megabytes en promedio, y en el CD tiene más información, obviamente es más pesada y suena mucho mejor. Eso se nota en el automóvil, por ejemplo. El que un archivo no esté digitalizado, por decirlo de alguna manera, hace que suene mucho mejor. Si está masterizado para vinilo, la experiencia es fabulosa", apunta Gambino.
Carlos Santana y Rob Trujillo (bajista de Metallica), entrevistados por separado, coinciden en que el gusto por el buen sonido no es gratuito.
"El sonido (del vinilo) es distinto, más cálido, por ser analógico, y es lo más cercano al sonido de una banda en vivo, según los ingenieros. El rango de frecuencias es mucho más amplio, en frecuencias bajas, por eso atrae a los melómanos. No es tan claro como el CD, pero ofrece más variedad y, sinceramente, nos remonta a una época única, la de la música sin publicidad, la que se escuchaba sólo por lo que era", explica Santana.
"Es un amplificador para la cabeza, para el cerebro, escuchar música en vinilo tiene una magia encantadora. Y los seguimos haciendo", afirma Trujillo.
Dos fuentes consultadas de Sony Music y Universal Music, quienes prefirieron el anonimato por políticas de sus empresas, explican el porqué del sonido del acetato y la moda de comprarlos.
"El audio o la mejor calidad de sonido salían de un LP, luego un CD la redujo a un 90 por ciento de lo que daba el LP, pero ahora, con el audio digital, todo se ha comprimido a niveles de un 60 por ciento aproximadamente, entonces no es lo mismo", indica el entrevistado de Sony.
"Todo tiene que ver con una situación de revalorización del objeto, de la tendencia que tenemos los seres humanos a poseer, lo cual se perdió con lo digital. Y por una búsqueda del sonido y porque las modas se reciclan; ahora Björk está editando todo su material en casete, ¿por qué? Porque quiere replantear su trabajo a otros mercados y reenganchar con los que se perdieron en lo digital", señala el especialista de Universal.
Por el momento, Sony y Warner Music son las únicas transnacionales que tienen manufactureras o productoras propias, y el proceso de realización de un vinilo lleva alrededor de ocho semanas, para entregarlo en condiciones óptimas.
En México no hay una fábrica de vinilos, como sí existen en Alemania, República Checa, Inglaterra o Japón, ya que sería poco redituable, y no por las máquinas, que son caras, sino por los expertos, cuyos salarios en los países mencionados son muy elevados.
Además, en esos mercados manejan alrededor de 15 máquinas por mes, mientras que aquí apenas podría tenerse una.
Las plantas en México fueron cerradas hace varios años y las disqueras que publicaban LPs, como Musart, los encargaban a otros lugares o abandonaron el formato. Ante este panorama, César Rosas (director de estrategia de Rey Vinilo) y Humberto Zamorate (fundador de Discos Mono y socio de Rey Vinilo) planean rescatar una máquina para 2020.
"Hoy todo lo que se manda hacer al extranjero se encarece como producto, y no por el costo, sino por la logística de envío y aduanas. No hay precios competitivos. Nos hace falta tener a la gente capacitada que las maneje, pero es muy caro. Y todos los procesos de entrega lo encarecen mucho más", apunta Zamorate.
En 2018, según reportes de Billboard y NME, la venta del vinilo se incrementó 15 por ciento aproximadamente en Estados Unidos y 18 por ciento en Reino Unido, que, junto con Japón, son los tres principales consumidores de música en formatos físicos. México se posiciona en el Top 10.
En EU y Reino Unido, para que un LP sea rentable debe vender al menos 10 mil copias al año, pero si se trata de un artista ya posicionado, debe llegar incluso a 25 mil.