Mucho más que Isabel Iglesias

Mariana Treviño alcanzó la fama en ‘Club de Cuervos’, pero su paso por el teatro y el cine son parte importante de su trayectoria

María Luisa Medellín / Agencia Reforma
lunes, 11 febrero 2019 | 06:00

Monterrey–Al ver en pantalla a la controladora y explosiva Isabel Iglesias, podrías preguntarte si se parece en algo a Mariana Treviño, quien le da vida en la serie ‘Club de Cuervos’.
Pero la actriz es tranquila, sencilla y muy puntual. Lo que ambas comparten es su franqueza, tenacidad, su voz anorteñada y, por supuesto, el gusto por los elotes.
Hace unas semanas, Mariana le puso pausa al frenético ritmo que la mantuvo de un set a otro durante meses, y estuvo en la ciudad para disfrutar sin prisas de la compañía de familiares y amigos.
Cuenta que el rodaje de la cuarta temporada de ‘Club de Cuervos’ coincidió con el remake de ‘Perfectos Desconocidos’, que se estrenó el 25 de diciembre, y en el que varias parejas descubren sus secretos en una cena, al jugar a que todos se enteren de las llamadas y mensajes que reciben en sus celulares.
Ella interpreta a la rubia y simpática Flora en esa cinta, y en cuanto terminaban las grabaciones se apresuraba a llegar al set de ‘Club de Cuervos’ y adoptaba la personalidad de Isabel, con su peluca de cabello negro y atuendo de ejecutiva.
“Fue interesante, pero complicado; casi esquizofrénico”, ríe Mariana, menuda, de rostro casi sin maquillaje y cabello suelto a los hombros.
“Aunque nos divertimos. Fue muy emotivo grabar esta última temporada”.
La conclusión de la irreverente y popular saga es transmitida por Netflix desde el 25 de enero y, en ella, Isabel y Chava Iglesias, interpretado por Luis Gerardo Méndez, dejan, por fin, de luchar entre sí por el control del equipo de futbol que heredaron de su padre, y unen fuerzas para hacer de éste, el mejor del país, al ganar el campeonato.
Sin embargo, en la vida real, la presidenta de Los Cuervos de Nuevo Toledo es una fiel seguidora de los Pumas e Isabel es uno de sus personajes más entrañables.
“Darle vida fue como armar un rompecabezas. Fui descubriéndola poco a poco y, finalmente, dijo: ‘Ésta soy yo, y ahora me van a hacer caso a mí’”, subraya Mariana, orgullosa de lo que se logró con ‘Club de Cuervos’, la primera apuesta en español de Netflix, anunciada en el 2015 y nominada al Emmy Internacional.
Su director y creativo, Gary Alazraki, también es el responsable de ‘Nosotros Los Nobles’, una de las películas mexicanas más taquilleras de los últimos tiempos.

De cerca
Mariana es hija de Julieta Ortiz y Alejandro Treviño. Nació el 21 de noviembre de 1977 y es la segunda de tres hijos.
Desde niña creaba sus propias realidades, sus propios personajes. Tenía amigos, pero igual disfrutaba jugar sola en la biblioteca de su casa.
“Creo que ahí ya despuntaba lo de la actuación ¿verdad? Y aunque todos los niños están en ese universo del juego y de hacer personajes, de transformarse, en mi caso duró como hasta los 11 años”, comparte sonriente.
Su mamá, argentina de nacimiento y quien fue maestra de literatura en el Tec, platica que la llamaba Sarita Bernhardt, como la idolatrada y apasionada actriz francesa del siglo XIX y principios del XX.
“Miss del Río, una de sus maestras en el American School Foundation, la impulsaba y le tenía un baúl lleno de disfraces que ella utilizaba. Uno de mis recuerdos más presentes es que a Mariana le gustaba el pelo largo, y como lo tenía corto, se acomodaba como cabellera unas pantimedias mías.
“Desde chiquita supo lo que quería hacer. También cantó siempre y demostró la alegría de vivir, la generosidad y la ternura. Su hermana Julieta, con quien hacía pequeñas travesuras, decía que parecía malvavisco, porque su rostro era redondito”.
La relación entre ellas y su hermano Alejandro sigue siendo muy cercana.
“También tiene su carácter”, ríe doña Julieta, “pero es conciliadora. Es sociable, pero valora sus espacios. Tiene una gran riqueza espiritual”.
Divertida, Mariana, de blusa a cuadros, jeans oscuros y tenis blancos, recuerda su afición por los vestuarios, y cómo su abuelo materno, Roberto, la llevaba a unas clases de actuación que tomó en un verano.
“En los 70 se usaban mucho las pelucas y había unas de mi mamá y me las puse. Me puse unos ajuares, zapatos, collares. Bueno, estaba toda disfrazada, y me acuerdo que mi abuelo me llevó caminando por la calle. ¡Qué lindo! Me dijo: ‘Agárrate de mi brazo’.
La actriz platica que también estudió canto con la maestra Graciela Buenrostro y danza contemporánea en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, entonces llamada Carmen Romano, con maestros como Ruby Gámez y Lola Bernal.
“Siento que mi espíritu se formó mucho en esa época porque tenía amigos bailarines, poetas y de otras artes, que compartimos muchísimo. Uno de mis amigos tenía un restaurant y tocaban blues, y yo iba y cantaba blues con él”.
“No se dedicó a la danza contemporánea, pero su perseverancia es ejemplo para los jóvenes y me da muchísimo gusto que su carrera ha ido en ascenso”, dice su madre Julieta.