'Game of Thrones' se despide luchando, sus fanáticos también

El desenlace de la exitosa serie se conocerá esta noche y sus fans tienen opiniones divididas

The New York Times
domingo, 19 mayo 2019 | 12:54

El desenlace de “Game of Thrones” se conocerá la noche del domingo. A juzgar por la historia, las discusiones nunca acabarán.

El drama de fantasía de HBO sobre una batalla entre familias reales para gobernar el mítico continente de Westeros, tocó un hilo del público. Se trató del tipo de producción asombrosa antes reservada para los éxitos cinematográficos. Reunió una mitología vasta y obsesiva. Formó parte del drama familiar, en parte sensacionalista obra comercial y en parte complejo estudio sicológico —rematada con giros sobre ascendencia secreta y un ejército zombie.

Sobre todo, fue un éxito en el mercado masivo en una era sin consenso social.

Lo que volvió a “Game of Thrones” emblema de esta época es lo dividido que su público estuvo de principio a fin, incluso en torno a lo que constituye un final feliz. Dio a sus fans numerosos ángulos para debatir y disfrutar: si mantuvo la fe en las populares novelas en las que se basó; si se regodeó en la brutalidad diciendo criticarla; si benefició a sus personajes femeninos o los explotó; y si rumbo al final perdió el control de su historia.

Con frecuencia las disputas sobre “Game of Thrones” representaban las discusiones en el mundano mundo real. Eran respecto a la mejor forma de obtener y manejar el poder; sobre historias subordinadas a la travesía heroica de alguien más; sobre si la ética en el liderazgo era requisito, impedimento o lujo.

“Game of Thrones” se estrenó en el 2011, ingresando a una cultura televisiva complicada por “The Sopranos” y una sociedad en la que la autoridad había perdido credibilidad a través de Irak y Wall Street. Y llegó en la era de las redes sociales, como tema mundial de conversación hecho para una reacción instantánea, elegir bando y cambiar de opinión.

Desde el principio, “Game of Thrones” pasó las certezas morales por la espada. Habló en torno a una época de menos acuerdo respecto ya sea a los medios o los fines. A menudo se frustraban las mejores intenciones de los personajes y se recompensaba el cinismo. La serie dedicó temporadas al desastroso intento de una reina de imponer un reinado benevolente en tierras extranjeras. Los reyes sádicos eran malos gobernantes, dijo, pero también los pusilánimes.

No resultaba fácil saber a quién apreciar ni qué desear. El camino era oscuro.

Lo que hacía tan difícil lidiar con “Game of Thrones” también la volvía una metáfora omnipresente. Eso es lo que consigue la ficción popular muy buena: añade personajes a la mitología cultural común que empleamos a fin de contarnos historias a nosotros mismos, sobre nosotros mismos.