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Dan batalla al olvido

A través de los ojos de los diferentes fotógrafos se preservan en nuestra memoria colectiva los instantes que dan cuenta de la Revolución en la frontera

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A más de un siglo de distancia –mayo de 1911–, tenemos dificultad para recordar a los miles de hombres anónimos que pelearon en la Revolución, ya que los caudillos los opacan y nuestra memoria los olvida; gracias a la fotografía y a la mirada de fotoperiodistas, curiosos y aficionados que vivieron en la línea de fuego la batalla que se libró en la Toma de Juárez, esos momentos y esos otros protagonistas sin laureles ni gloria sobreviven al olvido.


General Pascual Orozco, mayo de 1911. 


A pesar de que la revolución maderista en esta ciudad provocó un fenómeno fotográfico sin precedentes en la historia de México, tanto por el número de fotógrafos que la documentaron como por la cantidad de imágenes generadas, éstas no pudieron cumplir a cabalidad la función de nutrir la memoria de varias generaciones de juarenses.

Esas imágenes extraviadas emergen como piezas de un rompecabezas que forman parte de la exhibición “Imágenes Fugitivas”, expuesta en el Museo de la Revolución con fotografías que conforman el colorido y complejo mosaico de la Revolución Mexicana en esta frontera.


Los revolucionarios eran requeridos constantemente para posar para fotografías como ésta, Casa de Adobe, mayo de 1911. 


Eso se explica, en parte, porque la mayoría de los fotógrafos eran estadounidenses, quienes, una vez terminado el conflicto, se llevaron consigo las fotografías que habían tomado. Paradójicamente, en esas imágenes no llevaban su historia sino la nuestra: la memoria de los fronterizos y de los chihuahuenses de la sierra, quienes componían el grueso del Ejército Libertador.


Fotografía de Ignacio Herrerías  / Archivo Fundación Gabriel Flores  


Algunas de esas fotografías fueron reproducidas en periódicos y tarjetas postales. Pero años después, al perder su valor noticioso y comercial, fueron relegadas al olvido y, en el mejor de los casos, cuando no las desecharon se quedaron entre las pertenencias de las familias de los fotógrafos; décadas después, algunas de ellas pasaron a los archivos públicos de Estados Unidos en espera de ser catalogadas.


Esther Eva Strauss trabajaba como asistente en el estudio fotográfico de Fred Feldman en El Paso cuando estalló la revolución en Ciudad Juárez. Cruzó varias veces la frontera para documentar el conflicto. Su mirada revela el lado humano de los sucesos, un ángulo poco visto en los demás fotógrafos.Fotografía atribuida a Reuben G. Lovell / Natural History Museum of Los Angeles County 


Mientras tanto, la ciudad fronteriza fue construyendo su memoria con fotografías de otros autores que cubrieron la Revolución en todo México y que funcionaron como imágenes de sustitución, pues de manera genérica representaban ese momento histórico. Esta sustitución se materializó por completo y cayó como una lápida cuando en la década de los cuarenta la familia Casasola de la Ciudad de México logró una producción masiva de su proyecto editorial: “La Historia Gráfica de la Revolución Mexicana”, que prácticamente inundó las casas y bibliotecas de todo el país. 


Fotografía de Walter Horne  / Archivo Fundación Gabriel Flores 


Fue hasta hace apenas dos décadas cuando varios historiadores de la fotografía nos dimos a la tarea de buscar y estudiar miles de fotografías que milagrosamente subsistieron ancladas afuera de la historia. Nuestra intención ha sido siempre prepararles un digno camino de regreso a casa y corregir en algo, el trastorno de la memoria causado por su ausencia. 

(Por: Miguel Ángel Berumen)


La mirada en el frente de batalla 

El célebre fotorreportero de guerra Jimmy (James) Hare, en Feldman Studio, el cual estaba contiguo al Caples Building, edificio donde la Junta Revolucionaria presidida por Francico I. Madero tenía sus oficinas. Fotografía de Fred Feldman Archivo: Harry Ransom Center


Largamente ignorado por la bibliografía mexicana, el fotoperiodista norteamericano Jimmy Hare hizo durante la revolución maderista en Ciudad Juárez, fotografías de incuestionable valor documental que hubieron de esperar noventa años para ser publicadas en México. 

A primera vista, esto parecería extraño; sin embargo, tiene cierta explicación: Hare trabajaba en exclusiva para la revista Collier´s, de manera que solo en las páginas de dicha publicación podían verse sus imágenes.  


Fotografía de Scott Photo Co. / Archivo Cuadro por Cuadro. 


Cuando Hare llegó a Ciudad Juárez en abril de 1911, con el objetivo de documentar el movimiento armado maderista, ya había cubierto la guerra de Cuba (1898), la rebelión venezolana (1900), la insurrección en Haití (1902), la revolución en Panamá (1903) y la gran guerra ruso-japonesa (1904-1905).  

Los fotógrafos y reporteros congregados en la frontera mexicana se quedaron asombrados al enterarse de que el gran Jimmy Hare en persona se encontraba en El Paso. 

Era tal la fama del enviado de Collier’s, que sus colegas no perdían oportunidad de tomarle fotografías o retratarse con él.


Muchas de las fotografías que encontramos en los álbumes familiares fueron tomadas por mujeres. En algunas de estas imágenes las vemos con sus cámaras. Durante esta investigación pude identificar fotografías de cuatro de ellas: Esther Eva Strauss, Clara Goodman, Edith Lane y Calla Eylar. Fotógrafo no identificado / Archivo Cuadro por Cuadro.


Para ellos era un personaje tan estelar como los propios líderes de la Revolución, lo que explica que incluso los periódicos locales llamaran la atención sobre su presencia en la ciudad fronteriza. 

Jimmy Hare había llegado a la zona un día antes que Madero y había contado con tiempo suficiente para familiarizarse con la situación y ubicar sus posibles emplazamientos. 

Así, pues, se dirigió al campamento del Ejército Libertador para tomar las primeras fotografías, cerca de Ciudad Juárez. 


Dada la cercanía de la casa de adobe con la división internacional, algunos paseños prefirieron quedarse del lado estadounidense para observar los movimientos de los mexicanos. Fotógrafo no identificado / Archivo Cuadro por Cuadro.


Su equipo se componía de una cámara alemana plegable 5 x 7”, capaz de tomar fotografías con placas o paquetes de película, y de una cámara Kodak 3ª, de rollo, que le permitía mayor versatilidad. 

La genialidad de sus tomas se manifiesta sobre todo en la composición, elaborada en torno a ciertos detalles simbólicos de la vida en el campamento maderista a orillas del Bravo y, después del triunfo, en la propia Ciudad Juárez.   


Madero platica con dos de sus correligionarios, a su espalda vemos a Benjamin Viljoen, uno de sus asesores militares. La imagen descubre a parte de la audiencia y nos permite contextualizar el suceso fotográfico. 


El célebre fotoreportero fue uno de los pocos que cubrió los dos días y medio que duraron los combates de la histórica batalla. 

Con la experiencia y la astucia adquiridas en su larga carrera, el fotógrafo siguió a una de las columnas de revolucionarios que intentarían el asalto a Ciudad Juárez. 

El enviado de Collier´s sabía perfectamente qué fotografía merecía una doble plana y cuáles gustarían más a sus editores. Estaban entre ellas las que tomó de las fuerzas de Madero al tomar posesión del cuartel federal tras la rendición de la plaza. 

(Miguel Ángel Berumen Campos)