Cuando el monstruo es sexy

Netflix alertó sobre la idealización del asesino Ted Bundy; la plataforma estrenó la serie 'Conversaciones con Asesino...'.

Reforma
lunes, 04 febrero 2019 | 09:06

Ciudad de México— Aunque hayan pasado 30 años de su muerte, Ted Bundy mantiene su carisma.
Este asesino en serie aterrorizó a Estados Unidos entre 1974 y 1978: mató, al menos, a 30 mujeres (la cifra podría ser hasta de 40) en ese tiempo, una de ellas menor de edad.
Joven, apuesto, ambicioso, estudiante de derecho, con aspiraciones políticas... El perfil de Ted Bundy no encajaba con el estereotipo de maníaco homicida. Él lo sabía.
Por eso se aprovechó de su imagen para convertir su juicio -y su historia- en un espectáculo donde él era el protagonista.
Con el estreno de la serie Conversaciones con Asesinos: las Cintas de Ted Bundy(Netflix), ha vuelto a pasar: parte de la audiencia descubrió que el monstruo les parece sexy.
"Hemos visto a muchas personas idealizando el aparente sex appeal de Ted Bundy. Queremos recordarles que existen miles de hombres guapos en el mundo y la mayoría de ellos no son convictos asesinos en serie", publicó la plataforma de streaming.
Superficialmente, Bundy (Vermont, 1946) era objetivamente guapo. Bajo su porte atlético, sus facciones angulosas y su sonrisa perfecta habitaban la manipulación, la ira y la violencia. Tras su azul mirada solo había oscuridad.
Dirigida por Joe Berlinger, la base de la serie son las más de 100 horas de grabación del propio Bundy analizando sus propios asesinatos, pero hablando en tercera persona; un trabajo realizado por los periodistas Stephen Michaud y Hugh Aynesworth en 1980, cuando el asesino estaba en el corredor de la muerte.
"Ha habido muchos asesinos en serie en EU, pero Bundy siempre está presente. Quería intentar entender por qué Bundy mantiene ese perverso estatus de casi una estrella del rock", dice Berlinger.
El realizador dirigió también una película sobre el personaje: Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile, protagonizada por Zac Efron.
En enero de 1974, con 27 años, Bundy empezó su carrera homicida: se coló en la habitación de una estudiante de la Universidad de Washington, la golpeó con una pata metálica de su cama y la violó con el mismo objeto. La chica sobrevivió con daño cerebral permanente.
En seis meses se extendió un reguero de sangre por la zona de Seattle.
Bundy se aprovechaba de su imagen para colarse en los sitios. También para que sus víctimas fueran directas a la boca del lobo: una de sus estrategias era fingir que iba con un cabestrillo y pedía a la chicas ayuda para llevar unas bolsas a su Volkswagen. Así secuestró a dos mujeres.
Hubo un momento en que la policía lo valoró como sospechoso -su ex novia llamó al reconocerle por la descripción de una superviviente-, pero no encajaba en el perfil.
En agosto de 1975, en Utah, Bundy fue detenido. Con decenas de muertes y varias acusaciones de secuestro, a todo el mundo le interesaba saber quién era ese joven y apuesto asesino.qEl primer juicio en su contra arrancó en febrero de 1976. El verano del año siguiente, en una vista en Aspen, Bundy saltó por una ventana de la biblioteca del juzgado. Estuvo seis días desaparecido.
Seis meses después huyó de nuevo escabulléndose por un agujero que hizo en el techo de su celda. Era Navidad. Durante más de 15 horas nadie se dio cuenta. Bundy cruzó el país y llegó a Florida.
En enero de 1978, atacó en menos de 15 minutos a cuatro mujeres en una hermandad universitaria. En su huida, violó a otra mujer.
Condujo 200 kilómetros e intentó secuestrar a una adolescente. Falló y escogió a una menor a la que asesinó. El 15 de febrero, un control policial en Pensacola lo identificó a Bundy.
Los asesinatos de Bundy también impactaron en la cultura popular. Pocos años después del caso, surgió una oleada de cine de terror en la que los villanos eran asesinos en serie (el género slasher): Halloween, Viernes 13, Pesadilla en la Calle del Infierno.
Rasgos de Bundy se atisban en personajes como Billy "The Kid" de El Silencio de los Inocentes; el pulcro Dexter Morgan (de la serie Dexter); o Patrick Bateman, de American Psycho.
Además de popularizar la idea del homicida crónico, el caso Bundy dejó claro que cualquiera podía ser el asesino.