Espectáculos

Adelantado a su tiempo

Tino Contreras marcó un antes y un después para el jazz; con 97 años, el juarense deja un legado invaluable, una vida rica de anécdotas en sus múltiples facetas; Tomás Cuevas, sobrino del músico narra algunos pasajes de su historia

Leticia Solares /El Diario

viernes, 10 septiembre 2021 | 06:00

Jaime Torres /El Diario | El doctor Tomás Cuevas, sobrino de Tino por parte lado materno, narra las vivencias que marcaron la relación con su tío, a quien vio por última vez el año pasado y de a quien atesora no sólo recuerdos y fotos, también este par de baquetas con el autógrafo del legendario músico Cortesía

Se detuvo su corazón, pero no el swing de su espíritu, que le daba alma a su música. Nacido en Chihuahua el 3 de abril de 1924, juarense de corazón, la leyenda del jazz mexicano Tino Contreras murió a los 97 años de un infarto.

Afincado en la Ciudad de México, donde estableció su residencia desde los 27 años, el maestro Contreras no sólo contagió de alegría e inspiración a muchas generaciones de artistas: hizo escuela y expuso al jazz mexicano en otra dimensión. 

Asimismo, siempre tuvo a bien hablar con orgullo de Ciudad Juárez, su cuna por elección, rincón del desierto que lo vio florecer como uno de los más grandes músicos que ha dado el país al jazz.

La música marcó el ritmo de su vida

Infatigable, comenzó tocando desde niño en la orquesta de su padre. Tino no pensaba en el mañana.

Nunca consideró el retiro. Nada ni nadie pudo detenerlo. En abril de este año festejó su 97 aniversario con un concierto en línea como parte de este festival, que fue transmitido desde el Museo Frida Kahlo.  

Para la víspera, atendió a los medios y concedió una amplia entrevista a The Associated Press, donde habló de sus anécdotas, de su amor por la música y de los planes que tenía para continuar en su ritmo de trabajo. Forjó un estilo vigoroso que iba de lo tradicional a fusiones con músicas ancestrales, flamenco, mariachi y otras influencias.

A los 8 años comenzó a tocar en orquestas de baile. Llegó por primera vez a Ciudad de México en 1946, donde inició sus actividades participando en las Caravanas de Paco Miller, que realizaba giras por el país acompañando a estrellas como Pedro Infante, Tin Tan, María Victoria y otros.  

Sastre, boxeador, músico…un enamorado de la vida

Del legendario jazzista muchos conocieron su gran sentido del humor, lo afable que fue en su trato. Disruptivo, atrevido para su tiempo, no se diga de su talento como compositor y multinstrumentista, pero pocos tuvieron el gozo y privilegio de conocer al hombre divertido, gustoso, amante de la buena vida, el del corazón bohemio y sensible. Igual, no fueron muchos quienes tuvieron el privilegio de tocar a su lado y experimentar la genialidad y determinación, y conocer algo de los oficios que alguna vez también lo ocuparon, como de sastre y boxeador.

“Mi tío era un hombre sensible, genio en su quehacer y tal vez por ello era difícil que pudiera reunirse a compartir el escenario con mis tíos, Efrén, y Mario –también reconocidos músicos en la frontera–, afirma el doctor Tomás Cuevas, sobrino de Tino por parte de su rama materna.

“Parte de la dinastía Contreras fue mi madre, Micaela. La historia comienza con mi abuela, Leandra González, que cantaba copules y fue costurera. Mis tíos Tino y Efrén –saxofonista– comienzan siendo sastres, pero la rama artística viene de mi abuela y mi abuelo, quien era de Durango y durante la revolución fueron parte de los músicos que iban al frente de la tropa. Luego se establecen en Juárez y así forman una familia, que posteriormente fue de los grandes músicos que ya todos conocemos”, asevera, orgulloso de su linaje, Tomás Cuevas. 

Cada que podía venía a Juárez, tenía amistades, y la última vez que vino fue en 2017 para presentarse por invitación de la fundación S-Mart; fue antes de iniciar la pandemia para ir a Inglaterra a presentar su último disco, ‘La noche de los Dioses’.

“TinaCus Contralopulos: así se decía el mismo, le gustaba Grecia por aquella gira memorable que hizo en los 60 con su grupo, cuando logra recorrer Europa –que no era tan sencillo, el costo era alto–, donde también graba discos y de ahí su familiaridad con Gracia”.

“Era un ser de buen humor y buen comer, esa parte lo motivó a estar en continuo trabajo; era afable, pero eso no le quitaba lo Contreras, su carácter era fuerte, determinante. Precisamente salió del país por un tema político. En aquel entonces su vida no estaba muy asegurada y se exilió en Argentina, ya que el sindicato de autores y compositores de México quería que fuera su presidente, entonces la situación era cuestión muy política”.  

Todo ese cúmulo de vivencias, más su don para la música, hicieron de la vida de Fortino un trayecto muy interesante.

“Mi prima, Paty Contreras, y su servidor –ella hija de Mario Contreras, trompetista, quien radicó en Juárez hasta su muerte–, íbamos con mi tío Tino a pasear. Éramos niños y pasaba por nosotros a casa para ir a comer nieve, y nos presentaba a nuestras tías –dice entre risas–. Su vida fue así como la de muchos artistas, enamorados de la belleza de la vida. Su última pareja, Monna Conti, un día me contó que ‘Tinito’ era impresionante, que a pesar de su edad, aún tenía glamour y éxito entre las jóvenes. Ella misma lo siguió alrededor de mundo hasta lograr estar con él en una relación formal”, narra Tomás, quien como esas atesora cientos de anécdotas sobre su tío. 

“Mi tío Efrén, Mario y él solamente una vez los vi tocar juntos, en el hotel Plaza Juárez, no podían hablar entre ellos de música… una persona afable, amigable, alegre, feliz de la vida, pero en su trabajo era un genio y tenía un genio particular por su pasión, que era la música”, indica el doctor Cuevas.

Una de las anécdotas que con más cariño recuerda Tomás es una presentación de Tino en Bellas Artes, en los sesenta, que tenía la intención de que el público entendiera el jazz y que aprendiera a disfrutarlo.

Fue el año pasado la última vez que se vieron, aquí en Ciudad Juárez, y quedó pendiente el autógrafo sobre la carátula de un disco –edición de la UACJ–  y de un libro, ‘Mi amor por el Jazz’, que una persona conocida de Tomás le había solicitado al saber de su parentesco con el maestro.

“Pocos saben que fue boxeador, al igual que mi padre, y tanto él como mis tíos cuidaban mucho a mi madre, Micaela, entonces mi tío Tino bromeaba y no con mi padre, diciéndole que se anduviera con cuidado con mi madre o, si no, se verían sobre el ring”, evoca Cuevas con cariño.

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