De cómo con la pluma de un reportero se escribió el Plan de Guadalupe

Aldo Baroni hace una crónica literaria acerca de cómo se redactó el Plan de Guadalupe del 26 de marzo de 1913

Excélsior
martes, 14 mayo 2019 | 17:35

Ciudad de México— Muchas son las historias y relatos contados de la Revolución Mexicana, sin embargo, hay una en particular publicada en las páginas de Excélsior el domingo 12 de abril de 1931, a cargo del entonces colaborador Aldo Baroni, quien hace una crónica literaria acerca de cómo se redactó el Plan de Guadalupe del 26 de marzo de 1913, con el que Venustiano Carranza y el ejército constitucionalista desconocieron al presidente Victoriano Huerta.

Baroni relata en su texto cómo las fuerzas constitucionales eran perseguidas por el ejército federal en territorios del norte del país, al mismo tiempo que lograban sobrevivir de milagro a causa de los embates que recibieron en batalla, aunado a la falta de provisiones y las bajas significativas de elementos efectivos.

Como consecuencia de la lucha, se decide plasmar las bases a seguir en un documento que se conoció como Plan de Guadalupe, firmado en la Hacienda de Guadalupe, Coahuila, en el que se desconoció la figura de Victoriano Huerta, al mismo tiempo que se nombró como primer jefe constitucionalista a Venustiano Carranza, quien en ese momento era el gobernador de Coahuila.

El compromiso era el de convocar a elecciones y respetar la figura de quien resultara ganador. Según relata Baroni, el documento original tenía algunas lagunas y carecía de un preámbulo que le diera sustento, por lo que él mismo se decidió a realizar los cambios necesarios que tomara en cuenta.

El contenido del texto que dio a conocer Excélsior, tiene un toque literario y narra en varias columnas las carencias que tenían las tropas. Además brinda una narración que explica cómo los generales presentes se dispusieron a firmar el plan. Aunque después el mismo Baroni desertó a la Revolución y escapó hacia Estados Unidos.

 

La nota dice textualmente: 

 

2 DE MARZO DE 1913.- Mal Domingo de Pascuas. Las noticias que llegan al estado Mayor, instalado debajo de un mezquite lleno de espinas y de polvo, son contradictorias, pero todas malas. Hace rato llegaron Coss y Luis Gutiérrez, cuyas fuerzas atacaron a Saltillo por el camino de San Luis Potosí. Carranza llama a un lado a Coss, tipo macizo y cuadrado, entre cargador de muelle y sargento de gendarmes, y le pide cuenta del empréstito levantado entre las "fuerzas vivas" de Saltillo. Coss es mayor, pero presenta cuentas de "gran capitán". "Tanto para Fulano, mi compadre, para que levante gente; tanto a Mengano para que compre monturas; tanto en el patio de mi casa, enterrado cerca del pozo, para que no se pierda; tanto a "Ulalio" (Ulalio es Eulalio Gutierrez, el pintoresco Presidente Municipal de Concepción del Oro que había establecido en su pueblo un sistema de ataúdes rodantes para la recogida de los borrachos, a los que incorporaba todos los lunes a las fuerzas "voluntarias" del estado, y para usted estos diez mil pesos...

Carranza hace una mueca, embolsa el pequeño paquete de billetes verdes, se mesa la barba, mira a Coss, primero por debajo, luego por arriba de sus espejuelos, deglute un buche, al parecer amargo, que le ensancha la nuez y las venas del cuello, y luego, con voz reposada, le da a Coss trato de coronel. 

Regreaan también Cesáreo Castro y Lucio Blanco. Castro no habla, pero su compañero, en cambio, habla por dos, y por dos que hablen mucho. Lucio narra hazañas formidables; pero sus soldados --caras mustias de vencidos que no se sienten culpables de la derrota-- me aseguran que ninguno de los dos jefes "le ha entrado a los catorrazos". 

En resumen, el asalto a Saltillo ha sido un completo fracaso militar.

Solamente el teniente coronel Sánchez Herrera ha combatido al frente de su gente, y de nuestro estado Mayor no ha salido una sola orden en todas las trenta y seis horas de la batalla. En el aprendizaje militar del Ejército Constitucionalista han demostrado más entusiasmo y aptitudes los soldados que los jefes. 

Hemos probado a la nación y al huertismo que la causa revolucionaria no ha muerto, pero hemos gastado casi todo nuestro parque. 

¿Valia la pena?

El porvenir dirá. 

* * *

3.30 p. m.- Sin que yo pueda decir cómo eso sucedió, se ha iniciado la desbandada. 

Mientras marchamos al trote largo por el camino de Monclova, al llegar a una cañada, entre Cerrillos y Ramos Arispe, se nos acerca serpenteando por retaguardia una gran columna de polvo. Como la lógica indicaba que han de ser fuerzas federales lanzadas en persecución de nuestra retirada, la mayoría de la gente cambia el trote largo por el galope apurado. Somos muy pocos los que quedamos al lado de don Venustiano, muy pocos los que nos parapetamos detrás de la cañada para detener la columna enemiga y vender el pellejo al mas caro precio posible. 

Hay un desencanto frío, desencanto suicida, en el rostro de don Venustiano y en los ojos de los que disponemos, a portada de mano, montoncitos brillantes, dorados, de parque, sacándolo de las cananas y de los morrales para que nuestro último fuego sea rápido, como ha de ser rápido nuestro final. Ni siquiera a Saldaña Galván, que ayer recibió con heroísismo sereno su bautizo de fuego, le quedan entusiasmos para sonreír entre los pelos dorados de su barba a lo Madero.  

Afortunadamente, nuestro dispositivo de combate resulta inútil. A Casso López no se le ha ocurrido que la persecución es el complemento de toda victoria y se ha conformado con quedar "dueño del campo", el eterno error de los estrategas de cantina que la casualidad ha vestido con el uniforme de generales. 

Los que levantan la serpiente de polvo que se desliza hacia nosotros, como el avance de una columna de fuego, son soldados de Blanco. 

Seguimos nuestra marcha --ya el color ha vuelto a muchos rostros y los chistes a muchas bocas-- hacia Santa María. Aquí nos dan la noticia de que en Villa García ha pernoctado una columna federal, que viene sobre nosotros desde Monterrey, y aquí también nos enteramos de que no habiendo nuestros genios militares seguido mi humilde consejo de cortar los alambres del telégrafo, la Jefatura de Armas de Monterrey ha estado en contacto, durante todos estos días, con la de Saltillo, minuto por minuto, desde el preciso momento del ataque. Por suerte, de Monterrey han mandado infantes y no caballos, y el auxilio ha llegado tarde. Las dos estrategias se balancean en el vacío...

Y aquí estamos otra vez en los trigales de Mesón, comiendo las latas de espárragos y de "Pork and Beans", que hemos sacado hace algunos días de un carro de ferrocarril consignado a una "American Grocery" de Durango. Los soldados hacen honor a las latas de puerco, dejándonos a nosotros, los espárragos, "las hierbas". 

Esta noche habrá un fuerte perfume a amoniaco en nuestros campamentos. 

 

* * * 


5.30 p. m.-- De repente estallan a retaguardia los secos fuetazos del mausser.

Es la columna federal de Monterrey que nos persigue y que nos ha alcanzado sin que ningún servicio de vigilancia nos haya avisado con tiempo. Con los caballos a medio ensillar, dejando en el suelo las latas a medio consumir. galopamos cuesta del Cabrito arriba tendidos los lomos sobre los cuellos de los caballos, las espuelas en contacto con los íjares hasta sacarles sangre, las "cuartas" marcando surcos blancos en los pelos sudorosos de las ancas. Desmelenadas, las soldaderas corren como galgos con los muchachos que gritan amarrados a la espalda con los rebozos grises y azules. 

Para nuestro lado, con una exhalación, el traje azul del "secretario particular del ciudadano gobernador en campaña, con un estruendo horrísono de metales. Es ka gruesa cantimplora que golpea con redobles de tambor enloquecido  contra el borde de la silla, y el ruido infernal sirve de acicate al jinete y al caballo. 

Es una visión de pánico la que pasa como una tromba humana por las rocas milenarias que la cuesta del Cabrito corta como un tajo de cimitarra que llega a las entrañas de la sierra.


* * * 

DÍA 24, 5 a. m.- hemos llegado a Santo Domingo alas diez de la noche, derrengados, vencidos, avergonzados muchos, entre ellos yo que he perdido a mi sargento y a la mitad de la guardia. El tuerto que tutoreaba a los ocho soldados de la escolta ha realizado la hazaña increíble de trepar por ls cerros con cuatro de sus hombres a fin de poner a salvo el único ojo que le queda. Ese hombre ha equivocado el camino de su vida. Para guardia no sirve, ¡pero qué alpinista hubiera resultado! 

A la una de la mañana, cuando ya el sueño había tonificado algo nuestros nervios y devuelto un poco el orden a nuestras ideas, otra alarma vino a poner en movimiento  a hombres y caballos. Cuando ya nos preparábamos a reanudar la retirada, supimos que las que llegaban eran las fuerzas de Coss y Luis Gutiérrez. Y volvimos a dormir, dejando ensillados, por orden superior, los pobres caballos, que tiemblan sobre sus patas cansadas. 

* * *

MEDIODÍA.- Hablando con un ranchero he sabido que de Saltillo a Santo Domingo hay, conocido por todo el mundo --menos para nosotros y para los generales de Huerta-- el camino de "La campaña" de sólo nueve leguas. Si Casso López hubiera sabido, o querido, aquí hubiera muerto esta noche la revolución. Si nos hubieran cogido entre los fuegos de una columna salida de Monterrey y de otra que hubiera debido salir de Salltllo para perseguirnos, hubiéramos perecido todos, ya que casi no nos queda parque y los soldados están desmoralizados, en ese estado de espíritu que es, por sí solo, una derrota. 

Nos falta un jefe militar que galvanice los espíritus, que les de a los hombres la confianza de que su muerte no será inútil, un jefe que sepa mandar y hacerse obedecer. ¿Se formará ese jefe a la dura escuela de estas primeras tentativas cuyo heroísmo indudable carece del método, de acción coordinada, de sentido militar?


No sé, pero por lo pronto brindo con la copa de tequila que el ranchero me brinda; y que bien sabe lindos labios resecos, quemados por el polvorín camino y el salitre de la pólvora a la salud del general Trucy Aubert, nuestro salvador de anhelo y a las del general Casso López, nuestro salvador de ayer. 


* * *


DÍA 25.- Hemos salido esta madrugada, después de haber dormido en Gamusa. El sol se ha levantado radiante. Como canta Homero, la aurora ha teñido el cielo con sus dedos de nácar y rosa y la columna marcha entre un polvillo fino que parece de oro. En competencia con las soldaderas, arrebato a un campesino, en el rancho San Ignacio, una jarra leche recién ordeñada, densa, caliente, que sabe a flores de campo, a miel, a gloria. No detenemos en Las Norias, en otros cien lugares, sin saber por qué. Carranza nos así desarmar (?!) dos horas, hasta el sol rabioso, en un arenal en el que unas palmas  Liz deshoras baja el sol rabioso, en un arenal en el que unas palmas, dunas, sobre vegetación de este paisaje de color de lava, al paso el refrigerio engañoso de sus sombras escuálidas. El sol sigue su camino implacable y a cada momento hay que cambiar de posición para huir a su calor de fragua. 

Mi cuerpo, tendido como en un ataúd, en el marco obscuro que proyecta mi caballo en la arena, acompañé lento moverse de la sombra también lentos desplazamientos, como las manecillas de un reloj. Estas paradas acaban de matar a la gente y a la caballada, pero el general -así algunos llaman ya don Venustiano- no lo entiende.

* * *



DIA 26 HACIENDA DE GUADALUPE.- Ha llegado el momento de lanzar un manifiesto a la nación. A pesar de todo, nuestras fuerzas, las del constitucionalismo, están casi intactas, aunque con poca moral bélica y poco parque. El entusiasmo guerrero revive fácilmente cuando la causa es buena, entre esta gente de México que tiene una herencia ancestral de heroísmo, que ha templado sus nervios a todas las pruebas y siempre está dispuesta a marchar 'pa'lante', hacia la muerte o el triunfo, con un estoicismo que está escrito en páginas de oro y de bronce, páginas llenas de hechos inmortales y anónimos.

¿Cuando en el panteón de los hombres ilustres de esta raza de acero, se colocará la estatua del Juan Anónimo y de la Soldadera Desconocida?

En el momento en que la discusión sobre la forma que ha de darse del manifiesto arrecia entre la Plana Mayor reunida en el despacho de la Hacienda, se presenta Breceda. El gobernador le ha dictado un plan y desea que lo firmemos. Escrito en lápiz, en hojas arrancadas a un libro de raya, el "Plan" dice:

"Considerando que el general Victoriano Huerta, a quien el Presidente Constitucional don Francisco I. Madero había confiado la defensa de las instituciones y legalidad de su Gobierno, al unirse a los enemigos rebelados en contra de ese mismo Gobierno, para restaurar la última dictadura, cometió el delito de traición para escalar el poder, aprehendiendo a los C. C. Presidente y Vicepresidente, así como a sus Ministros, exigiéndoles por medios violentos las renuncias de sus puestos, lo cual está comprobado por los mensajes que el mismo general Huerta dirigió a los Gobernadores de los Estados comunicándoles tener presos a los Supremos Magistrados de la Nación y su Gabinete. Considerando que los Poderes Legislativo y Judicial han reconocido y amparado en contra de las leyes y preceptos constitucionales al general Victoriano Huerta y sus ilegales y antipatrióticos procedimientos, y considerando, por último, que algunos Gobiernos de los Estados de la Unión han reconocido al Gobierno ilegítimo impuesto por la parte del Ejército que consumó la traición, mandado por el mismo general Huerta, a pesar de haber violado la soberanía de esos Estados"

PLAN 

1º.- Se desconoce al general Victoriano Huerta como Presidente de la República. 

2º.- Se desconoce también a los Poderes Legislativo y Judicial de la Federación. 

3º.- Se desconoce a los Gobiernos de los Estados que aún reconozcan a los Poderes Federales que forman la actual Administración, treinta días después de la publicación de este Plan. 

4º.- Para la organización del ejército encargado de hacer cumplir nuestros propósitos, nombramos como Primer Jefe del Ejército que se denominará ""Constitucionalista"", al ciudadano Venustiano Carranza, Gobernador del Estado de Coahuila. 

5º.- Al ocupar el Ejército Constitucionalista la Ciudad de México, se encargará interinamente del Poder Ejecutivo al ciudadano Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército, o quien lo hubiere sustituido en el mando. 

6º.- El Presidente Interino de la República convocará a elecciones generales tan luego como se haya consolidado la paz, entregando el Poder al ciudadano que hubiere sido electo. 

7º.- El ciudadano que funja como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista en los Estados cuyos Gobiernos hubieren reconocido al de Huerta, asumirá el cargo de Gobernador Provisional y convocará a elecciones locales, después de que hayan tomado posesión de su cargo los ciudadanos que hubieren sido electos para desempeñar los altos Poderes de la Federación, como lo previene la base anterior. 

Firmado en la hacienda de Guadalupe, Coah., a los 26 días del mes de marzo de 1913. 

Venustiano Carranza. 

Teniente Coronel, Jefe del Estado Mayor, J. B. Treviño; Teniente Coronel del 1er. Regimiento ""Libres del Norte"", Lucio Blanco; Teniente Coronel del 27º regimiento ""Libres del Norte"". Francisco Sánchez Herrera, Teniente Coronel del 28º regimiento, Agustín Millón; Mayor Jefe de los ""Carabineros de Coahuila"", Cayetano Ramos; Mayor del regimiento ""Morelos"", Alfredo Ricaut; 1er. Cuerpo regional, Mayor Pedro Vázquez; Mayor, Juan Castro; Mayor Médico, Dr. Ríos Zertuche; Jefe de la Guarda Mayor, Aldo Baroni; 1er Cuerpo Regional; teniente Coronel Cesáreo Castro, Teniente Coronel, A. Portas; 38º Regimiento, Mayor Adalberto Palacios; Capitán 1º Santos Dávila Arizpe; capitán 1º Ramón Caracas; Capitán 1º, F. Garza Linares; Capitán 1º, Felipe Menchaca; Capitán 1º Alfredo Breceda; Capitán 1º Guadalupe Sánchez; capitán 1º, Guadalupe Elizondo; Capitán 1º, F. Méndez Castro; Capitán 1º, F.J. Múgica.

* * *

La mayoría de los presentes se apresta a firmar sin discusión el papel que el señor Carranza ha dictado a su secretario.

Me levanto entonces y hago observar que el documento carece de la parte más importante, de un preámbulo. Si lo firmáramos así sería como si un tribunal dictará los “resultandos” de una sentencia sin hacerla preceder por los “considerandos”.

¿Cómo podrá aceptar el pueblo de México una resolución tan resueltamente dictatorial si no le decimos las razones por las cuales hemos llegado a tomar un acuerdo de tanta trascendencia, que ha de ensangrentar, no sabemos hasta cuándo, el suelo de la República?

¿En la forma en que el señor Breceda nos presenta el plan, no tiene este un sabor porfiriano? ¿cómo podemos dictar leyes sin hacerlas preceder por un razonamiento que demuestre su necesidad. Breceda afirma que hay que obedecer sin discutir, yo replico que la base de todo acuerdo público hay que poner la solidez de un razonamiento.

¿Cómo es posible, además, digo, que nosotros, que nos hemos levantado en armas para vengar la muerte de un presidente mártir, y el eclipse de la Constitución, olvidemos su nombre en el documento en que hemos de consagrar la nobleza de nuestras intenciones, la santidad de nuestra idea?, ¿cómo es posible que en ese documento para la historia se cite dos veces el nombre de Venustiano Carranza y ni una sola el de Francisco I. Madero. 

Se asocian en el acto a mi razonamiento cada uno expresando sus ideas con la serenidad o el calor de su carácter. Lucio Blanco, Jacinto B. Treviño, Saldaña Galván, Francisco J. Mujica. Los demás callan. Es gente de bien, pero que ha aprendido a discutir, por ahora, solamente con el rifle. La mano, en ellos, hombres sanos de campo, es más rápida y ágil que la palabra. Callan, pero, en muchos ojos, leo la aprobación tácita.