Ellas

Un camaleón en la cocina

Eunice Calderón es chef. A sus 31 años el trabajo en la gastronomía le ha dejado grandes aprendizajes, como el de adaptarse a los cambios

Brisa Frías / El Diario

sábado, 07 marzo 2020 | 11:33

Las complejidades de la rutina, el ir y venir para cumplir con las responsabilidades y las variadas actividades en las que algunas personas se involucran hacen que se pierda el foco y no se sepa a ciencia cierta para qué vino uno al mundo.

En un refrescante paréntesis reflexivo bajo la regadera, Eunice Calderón se hizo una pregunta a la que no cualquiera da respuesta: ¿para qué soy buena?

Juarense de 31 años, la chef reconoce su talento en la cocina, su habilidad para coordinar y dirigir, y la experiencia que la industria gastronómica le ha dado y que ahora es capaz de compartir con nuevos cocineros (o aspirantes a).

La conclusión a la que llegó fue esta: su mayor aptitud está en su capacidad de adaptación.

Así es como Eunice ha desarrollado su carrera por casi una década. Egresada del Egresada del Instituto Superior de Alta Cocina (ISAC) en 2013, dos años antes de titularse se incorporó al equipo de María Chuchena y desde entonces ha trabajado para el corporativo que dirige Óscar Herrera –conformado por los restaurantes Taft Díaz, Flor de Nogal y la escuela Cook Instituto Culinario-.

“Mis primeras, mejores y únicas experiencias han sido dentro del corporativo. El primer lugar en el que hago prácticas profesionales es en María Chuchena, llego ahí porque teníamos que representar el bicentenario en un concurso y el estímulo para el que ganara era que su plato iba a estar un año en la carta del restaurante. Gané el concurso y ahí es donde conozco a Óscar”, relata la chef.

No obstante, dice, ese no fue su primer llamado de vocación. Primero estudió Música y ya luego buscó la carrera de Gastronomía, que en aquel entonces aún no había en Ciudad Juárez.

“En mi casa siempre se ha comido súper bien. Me gusta mucho la avena que hace mi papá. Mi mamá es hija de cocinero, mi abuelo sí ejerció la profesión, puede ser que genéticamente por ahí venga la cosa”.

Al no encontrar escuela aquí fue a Puebla para ver la posibilidad de estudiar, pero se salía del presupuesto, así que decidió hacer un año de inglés, “como le hace todo mundo cuando no tiene claro qué va a hacer”.

Ya resignada a no poder estudiar fuera, Eunice se preparó para hacer el examen de admisión a la carrera de Turismo, que tiene algunas materias similares a la currícula de Gastronomía.

“Dos días antes de hacer el examen me llegó el rumor de que iban a abrir la escuela y ya no lo hice. Se estaban dando cursos, así que los tomé y cuatro meses después abrieron la carrera”.

La confirmación de que había tomado la decisión correcta se presentaba cada año, a la par del avance que tenía en los estudios y la práctica en la cocina. La gastronomía mexicana se hizo su favorita.

“Me encanta la cocina mexicana y el tema de cocina ambulante, de garnachas, por usar una palabra. Creo que al final del día es lo que come el mexicano, lo que está a la mano, lo que es barato, sin embargo hay grado de complejidad, las enchiladas doña Chuchita no son iguales a las de doña Pedrita, y parece que no, pero hay mucha técnica detrás de la cocina callejera”.

Camaleónica

“He andado en todas partes, he sido cocinera, he estado a cargo de una cocina, hecho compras, en almacén, he estado en el lado operativo, en la escuela, he hecho cotizaciones, eventos, y de repente me pregunté ¿para qué soy buena? ¿Cuál es mi especialidad? Y me di cuenta que una de mis capacidades es que no se me dificulta adaptarme y eso me ha hecho aprender muchas cosas. Es una virtud. Soy un camaleón”, expresa la chef.

En parte, ese poder de adaptación a la que se ha visto obligada en su vida laboral se lo debe a su mentor Óscar Herrera, reconoce Eunice.

“Creo que es una profesión que te reta a desarrollar resistencia mental y darte cuenta de que puedes. Hay cosas que él cree que soy capaz de hacer que yo no me creo capaz. El voto de confianza de arriesgarse conmigo siempre ha estado ahí”.

En una industria tan pesada como en la que está inmersa, “la presencia de la mujer es necesaria”.

“La mujer en la cocina aporta el detalle, es conciliadora, es muy responsable, y en el tema del orden es un gran soporte para el equipo masculino. Aporta estabilidad”, considera Eunice, quien se siente afortunada de tener una profesión que nunca se estanca y que le permite aprender cada día.

Maestra y mamá 

Para Eunice, una jornada nunca es igual a otra. Además de realizar diferentes actividades en la cocina, actualmente da clases en el Tec de Monterrey.

Asimismo, durante tres años fue coordinadora de carrera en Cook Instituto Culinario, cargo que la hacía responsable de la oferta académica, la contratación de los maestros y de gestionar vinculación con otras escuelas.

“Estoy realizada y creo que a futuro, como cualquiera, quiero trascender con mi nombre y estoy dando pasos para eso”, expresa la chef que también es mamá de Lucas, un niño de siete años.

“Lucas es la razón, hay que sacrificar algunas cosas, pero al final del día él es la razón”.