Ellas

Todo tiene un límite

Educar con responsabilidad es enseñar desde chiquitos a los niños que hay reglas que debe respetar para vivir en armonía con su entorno

Brisa Frías / El Diario

lunes, 17 febrero 2020 | 17:29

Sin límites, los niños pueden perderse. No mostrárselos les restará seguridad, autoestima y tendrán una percepción errónea del entorno, de las relaciones, de cómo funcionar en sociedad.

Los límites no deben ser entendidos como una herramienta autoritaria para educar; con amor, tolerancia y entendimiento se pueden enseñar límites sanos.

Ester Larrea, psicóloga clínica, explica que este tipo de límites son para “enseñar a los niños que hay tiempos, espacios, a respetar tanto a su persona como a los demás”.

Siendo así, es responsabilidad de los padres saber cómo enseñarlos, sin caer en el extremo del autoritarismo ni rozar el engañoso lindero de la permisividad.

“La crianza puede ser autoritaria, son aquellos padres que les dicen a sus hijos qué hacer y cómo hacerlo. La consecuencia será que afectará su seguridad, su autoestima, porque el niño no sabrá qué posibilidades tiene”, detalla la experta.

“Si es un papá permisivo, igualmente estará afectando su seguridad y su potencial, porque al ser negligente no lo limita en ciertas actividades y el niño creerá que puede disponer de todo, entonces no lo preparo para enfrentarse a situaciones cotidianas que se dan en la escuela, en la convivencia cuando está con otros niños”.

Larrea agrega que existe otro método, llamado ‘democrático’, en el que el padre le enseña al hijo a reflexionar y analizar su conducta. “Le doy la confianza de que él elija y hago una evaluación con él”.

¡Empiece ya!

Un error muy común es no mostrar los límites con el pretexto de que “está muy chiquito”. Nada más equivocado.

“Desde que el niño nace tiene reflejos, demanda comida, atención o expresa sus necesidades, entonces le vamos poniendo límites. Con arrullos, con cantos y juegos le voy enseñando a que tenga paciencia y a que no es el momento en el que lo puedo atender. Él va entiendo el límite, tiene una necesidad, pero en ese momento no se le puede cubrir”.

La psicóloga es puntual al decir que el límite se debe comunicar con voz firme y expresiones corporales y gestuales claras.

Esta forma de hacer entender lo que es correcto o incorrecto deberá mantenerse durante todo el desarrollo del niño, inclusive hasta la adolescencia.

“El objetivo es que siendo adolescente ya tenga esta capacidad de análisis y reflexión, de saber lo que es bueno y lo que es malo. Si en la adolescencia o en la vida adulta no se ha logrado, hay que trabajar en ello”.

De no establecerse límites sanos, repite Larrea, se afectará el área social y adaptativa del menor, ya que en la sociedad hay muchas convenciones y no se le estará dando las herramientas para relacionarse en el juego, en áreas comunes.

“El niño percibirá que puede disponer del tiempo, de las personas”, advierte.

Los límites, agrega, están dentro de lo que los estudiosos llaman ‘nutrición emocional’.

“A los hijos hay que darles amor, palabras empoderantes y límites. Son los ingredientes de la educación que debemos darles a nuestros hijos”.

Parte del éxito al poner límites es que el padre sepa lo que quiere de su hijo y ser claro.

“¿Quieres que coma sentado? Pues debes ser firme al pedirlo, paciente y tolerante, para que se lo transmitas a tu hijo y él comprenda la instrucción”.

También sirve anticiparlo, es decir, pedirle que haga algo y darle un tiempo para ejecutar la acción, por ejemplo: “tienes cinco minutos para alistarte porque ya  nos vamos”. 

Finalmente, Larrea asegura que fijar límites ayudará al niño en la convivencia diaria, en las relaciones con los compañeros y maestros, y en los tiempos de recreación.

Fuente: Ester Larrea/Psicóloga Clínica/ Centro de Estimulación y Desarrollo Humano/Celular (656) 341-92-59.