Ellas

¡Abrázalo!

Cuando un menor tiene momentos difíciles este acto puede reducir sus niveles de estrés

De la Redacción

lunes, 17 febrero 2020 | 17:30

Cuando uno abraza a un niño se está formando un lazo comunicativo y social muy importante en el que van de por medio sentimientos y valores, afirma Paola Garnica, maestra en pedagogía por la UNAM.

“Es una acción que expresa mucho sin tener que usar palabras; los niños lo aprenden desde muy pequeños, a partir del año o incluso los seis meses”, dice la integrante del Colegio de Pedagogos, “es parte de mostrar mis emociones sin tener que decir, por ejemplo, ‘me siento triste’”.

Se trata de un tipo de lenguaje corporal innato que, con el tiempo, va adquiriendo diversos significados, comenta María Maldonado, miembro del Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia (ILEF). 

“Generalmente dan apoyo, seguridad y deben ir acompañados de la mirada. La forma correcta de darlos es respetando, conectando con el otro y que esté contento”.

Por lo tanto, a decir de las especialistas, cuando un pequeño tiene momentos difíciles o de frustración, este acto puede reconfortarlo, calmarlo, reducir sus niveles de estrés, elevar su autoestima e incluso es útil para ayudarlo a conciliar el sueño. 

Así, esta acción no debe ser exclusiva de ocasiones especiales, asegura Maldonado. 

“Cualquier motivo es bueno para dar un abrazo, siempre es oportuno recibir uno, pero que sea bien recibido”, puntualiza Maldonado. 

Incluso ese contacto y calor puede salvar vidas, puesto que un recién nacido necesita del soporte materno para vivir. 

“Varios obstetras han hecho investigaciones y han visto cómo bebés prematuros, en lugares donde no hay incubadora, son sacados adelante con el (método) mamá canguro”, detalla la terapeuta del ILEF, “es un abrazo permanente al pecho de mamá, hay tanta relación en ese contacto que hasta que el chiquito llega a un buen peso”.  

Sin embargo, pese a toda la carga positiva que conlleva esta acción, las especialistas coinciden en que puede generar molestia e incomodidad en el pequeño. 

“Como padres o maestros debemos estar al pendiente que un beso o un abrazo sea respetado, que puedo darlo a las personas que me hacen sentir seguro y con confianza, que no sea a la fuerza”, asegura Garnica.