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El Paso

Madre soltera se fortalece y da lecciones de vida

Ni el divorcio ni el cáncer la vencieron; ahora disfruta su trabajo, sus logros… y a sus dos hijas

Jaime Torres Valadez
El Diario de El Paso

lunes, 25 julio 2022 | 21:42

Jaime Torres Valadez/ El Diario de El Paso Jaime Torres Valadez/ El Diario de El Paso

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El Paso.- Los sonidos en la cocina son como un concierto diario: raspar la plancha con la pala, picar vegetales, los guisados y caldos hirviendo con res, pollo y albóndigas, se unen al constante chorro de agua para lavar platos, ollas y cubiertos. El remate de esta sinfonía es la caja registradora y los murmullos de los clientes que platican mientras comen.

Es el restaurante Tacos Chinampa.

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Aunque concentrados en sus tareas estos reclutas del ejército de chefs, están constantemente atentos a cada una de las órdenes de sus correligionarios, los cocineros y cocineras atienden y preparan con rapidez los platillos solicitados por los meseros para ser llevados a los clientes.

“Me pones una orden de tacos al pastor, una de enchiladas y una comida corrida por favor, son las órdenes que Silvia Rodriguez ha pedido una y otra vez a lo largo de 28 años que tiene como mesera, oficio que le ha dado grandes satisfacciones.

“Me encanta mi trabajo y lo disfruto mucho. Me llena de gran felicidad los días que me toca venir a trabajar, vengo con muchas ganas”, dijo la madre de dos hijas, América y Gaby, quien emigró a este país en busca de una mejor calidad de vida a mediados de los noventa, luego de caer en depresión, producto de su divorcio.

Originaria de Ciudad Juárez, Silvia afirma que nunca pensó que su trabajo de vida fuera la de ‘meserear’ y seguir haciéndolo aun a los 60 años; mucho menos pensó vivir en esta ciudad, pero al paso de los años logró aquí estabilidad emocional y económica para salir adelante como madre soltera.

A pesar de no contar con la experiencia del oficio, aunado al desconocimiento del idioma, Silvia dice que esto nunca fue impedimento para demostrar sus habilidades a su patrón tal y como lo han hecho millones de migrantes.

Un oficio, nueva vida

Nacho Serrato, propietario de Tacos ¡Ay Cocula! fue quien le dio la oportunidad de incursionar en esta industria pujante en el país y que genera millones de empleos, ocupados en su mayoría por latinos.

“Recuerdo que al llegar al restaurante me la dieron de ‘levanta muertos’, que consiste en recoger los platos, vasos y cubiertos de las mesas, pero fue solo durante tres días”, dijo la ex trabajadora de la maquiladora Motores Eléctricos, en Ciudad Juárez, que en ese entonces contaba con 26 años.

Cuenta que al tercer día de haber iniciado su trabajo en ese mesón fue comisionada al servicio de las mesas, luego de la ausencia de una de las meseras, pero al final se quedó en el puesto.

“Estaba muy nerviosa porque yo nunca había atendido a los clientes, pero al paso de los días le fui tomando mayor confianza”.

La necesidad y las ganas por mantener y sacar adelante a sus dos hijas de 3 y 5 años de edad, hicieron que en poco tiempo dominará el oficio y le tomara cariño. 

Como toda mesera y pieza clave en la atención al cliente, encargada de procesar pedidos y servicio en la mesa, Silvia aprendió también a sobrellevar quejas y cumplidos, procesar pagos y facturación, entre otras tareas propias de su encargo.

“No tenían a otra persona y pues recuerdo que mi jefe Nacho me dijo que solo serviría el café en los desayunos. Al final no fue así y me echaron al ruedo”, expresó la juarense quien en su primera etapa permaneció 18 años, de no haber sido por el incendio que destruyó el local, ubicado en el cruce de Lee Treviño y Pellicano, en 2012.

“Fue algo muy triste ver cómo en minutos las llamas destruyeron todo hasta convertirlo en cenizas”, agregó tras revivir abatida ese pasaje que la dejó sin trabajo justo un 25 de diciembre.

Una falla eléctrica en la freidora provocó una chispa. “En segundos la lumbre se propagó por todo el edificio dejándolo en cenizas”, cuenta afligida”. 

Su salud cambió los planes

Sin embargo el golpe recibido no fue tan fuerte como el cáncer que invadió su cuerpo y amenazaba con arrebatarle la vida. Ser madre y padre a la vez hizo que la situación fuera más difícil, pero la ayuda invaluable de su hermana Hilda, de oficio mecánica, la hizo fuerte al estar siempre a su lado.

“Le agradezco tanto a Dios que me la haya dado de hermana porque además de estar siempre conmigo fue como una madre para mis hijas mientras yo trabajaba. Nunca tuve vacaciones porque siempre quería trabajar para ellas y mi hermana las paseaba”, dijo con palabras entrecortadas y al punto del llanto. 

Aun así y en medio del dolor por su enfermedad recuerda que lo más pesado para ella y dentro de su vanidad como mujer fue cuando se le cayó su cabello.

“Ella me animaba, me hacía fuerte, pero al ver llorar a mis hijas fue algo que me quiso tumbar y tuve que ser fuerte”.

Al paso de los días recuerda que su hermana la animó a fabricar turbantes y a utilizar pañoletas para lucir y mantenerse activa.

“Le eché ganas porque era un proceso que debía seguir, sabía que eso iba a pasar”, cuenta al rememorar las palabras de su hermana.

Durante el proceso Silvia recibió 54 radiaciones y ocho sesiones de quimioterapias; descansó de los intensos dolores que padecía en sus piernas al recibir las medicinas que al principio rechazaba al pensar que el suplicio era normal.

Por fortuna al término del tratamiento fue declarada sobreviviente del CA. Esa noticia la llenó de júbilo y le devolvió las ganas de continuar luchando para atender a sus hijas. 

La suerte de su hermana fue contraria y falleció a causa de la misma enfermedad hace cuatro años. Aunque es muy doloroso, dice, se queda con la satisfacción de haber estado con ella y cumplirle, junto con sus hijas y yernos, uno de sus deseos de vida que era conocer la ciudad de San Francisco, California.

Aun cuando no pudieron llegar al emblemático puente ‘Golden Gate’ al que anhelaba conocer a causa de su malestar, fue suficiente el esfuerzo.

Cambio de ruta

Silvia ya no regresó a su antiguo trabajo luego de haber sido reconstruido, sabía que tenía alta estima de los hermanos Serrato, distinguidos por su humanismo, pero pronto se integró al equipo del nuevo restaurante inaugurado por Abraham, hermano de Nacho, con quien había compartido tareas como compañeros de trabajo en el mesón de Tacos Santa Cecilia, lugar donde trabajaba su padre como carnicero.

“Tenía luz verde con ellos. Nacho era muy bondadoso…pero al abrir el hermano -Abraham’ otro comedor me invitó a laborar y desde entonces sigo aquí”, dijo visiblemente contenta y agradecida con la vida al cumplir ya poco más de 14 años en Tacos Chinampa, situado en Edgemere y Saul Kleinfeld, en el Este de la ciudad.

Al pasar de más de tres décadas Silvia confiesa que lo mejor que le pudo haber pasado en su vida es haberse convertido en mesera y aprendido a servir a su clientela, aún cuando se ha encontrado con clientes ‘muy especiales’.

“Creo que cuando me encuentro con ese tipo de consumidores es cuando pongo más empeño para sacarme la espina hasta que prácticamente ceden y se comportan con amabilidad”, manifiesta la mesera, que se ha ganado el aprecio y el respeto de los comensales.

Afirma que su trabajo le ha dado la estabilidad económica y emocional, pero sobre todo de ser feliz. “Es un trabajo digno, no me quejo, me va muy bien y gracias a Dios con lo que gano compré mi casa, mis muebles y carro”, dice al tiempo de agradecer el apoyo de todos sus clientes que a lo largo de los años la han socorrido con las propinas. “Dejen o no dejen propina el servicio siempre será de calidad”.

Entre las anécdotas que más recuerda son el par de caídas que ha tenido durante la jornada pero que no pasaron a mayores. “Recuerdo que una vez me resbalé y  llevaba una charola con vasos con soda pero creerá que no se me cayeron y otra que al caer me levanté como resorte y les dije a los clientes que aplaudieran”, dijo entre risas.

Destreza y buena atención

Dentro de las habilidades adquiridas, aparte de su buena memoria, es el manejo de platos, vasos y charolas para atender con rapidez a los clientes al llevar hasta siete platos al brazo y caminar a toda prisa.

Los valores adquiridos y que forman parte de su filosofía de vida son el respeto, puntualidad, responsabilidad y trabajar en equipo, hábitos que la han llevado a ser una trabajadora ejemplar ante los demás. 

Aunque su horario de trabajo empieza a las seis de la mañana acostumbra a llegar antes para preparar sus instrumentos y herramientas de trabajo. Su delantal, pluma y libreta nunca pueden faltar.

Para esta sobreviviente de cáncer, que al iniciar el día siempre se encomienda a Dios, otra de las satisfacciones de vida es convivir con sus padres Isidro y María, salir de compras, gozar su estancia en casa y escuchar música de Ramón Ayala.  Sin embargo, algo que anhela algún día es llegar a convertirse en abuela y cuidar a sus nietos. 

En su mensaje a las nuevas generaciones de meseros aconseja siempre mantener un buen ambiente de trabajo, ser positivos y nunca conformistas. Siempre deben dar más de lo que se pide y si hay que quedarse más tiempo no renegar.

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