El Paso

‘Es tiempo de sanar’

Triunfo del candidato demócrata pone fin a cuatro tumultuosos años bajo Trump

Associated Press

The New York Times

domingo, 08 noviembre 2020 | 06:00

Joseph Robinette Biden Jr. fue electo el sábado como presidente número 46 de los Estados Unidos, prometiendo restaurar la normalidad política y el espíritu de unidad nacional para hacer frente a las crisis económicas y de salud, y convertir a Donald J. Trump en mandatario de un solo período, después de cuatro años tumultuosos en la Casa Blanca.

En una breve declaración después de que Pensilvania emitiera los votos electorales cruciales para la victoria, Biden pidió sanidad y unidad. “Con la campaña terminada, es hora de dejar atrás la ira y la retórica dura y unirnos como nación”, dijo. 

“Es hora de que Estados Unidos se una. Y es tiempo para sanar. Somos los Estados Unidos de América, y no hay nada que no podamos hacer, si lo hacemos juntos”, agregó.

Biden repitió esas frases en su discurso del sábado por la noche, en cadena nacional: el primero como presidente electo.

La victoria de Biden equivalió a un repudio a Trump por parte de millones de votantes exhaustos con su conducta divisiva y su administración caótica, y fue lograda por una alianza poco probable de mujeres, personas de diferentes orígenes étnicos, votantes jóvenes y viejos y una pequeña fracción de republicanos descontentos. Trump es sólo el tercer presidente electo desde la Segunda Guerra Mundial en perder la reelección, y el primero en más de un cuarto de siglo.

El resultado también proporcionó un momento histórico para la compañera de fórmula de Biden, la senadora Kamala Harris de California, quien se convertirá en la primera mujer en ocupar la Vicepresidencia.

Con su triunfo, Biden, que cumplirá 78 años a finales de este mes, cumplió su ambición de décadas en su tercera candidatura a la Casa Blanca, convirtiéndose en la persona elegida presidente de mayor edad. 

Considerado un pilar de Washington que fue elegido por primera vez en medio del escándalo de Watergate y que prefiere el consenso político al combate, Biden liderará una nación y un Partido Demócrata que se han vuelto mucho más ideológicos desde su llegada a la capital en 1973.

Ofreció una agenda demócrata convencional, pero fue menos su plataforma política que su biografía la que atrajo a muchos votantes. Tras buscar el cargo más alto de la nación medio siglo después de su primera campaña, Biden, un candidato a fines del otoño de su carrera, presentó su vida de retroceso y recuperación a los votantes como una parábola para un país herido.

 Insiste Trump en ir a Corte

En su propia declaración, Trump insistió en que “esta elección está lejos de terminar” y prometió que su campaña “comenzaría a procesar nuestro caso en la Corte”, pero no ofreció detalles.

La victoria de Biden, que se produjo 48 años después de su primera elección para el Senado de los Estados Unidos, desató celebraciones jubilosas en ciudades de tendencia demócrata. En Washington, donde Trump era despreciado por los residentes mayoritariamente liberales de la ciudad, la gente salía a las calles cerca de la Casa Blanca y vitoreaba cuando los autos con banderas estadounidenses pasaban tocando la bocina.

 Referéndum único

La contienda, que concluyó después de cuatro tensos días de escrutinio de votos en un puñado de campos de batalla, fue un referéndum singular sobre Trump de una forma en que ninguna reelección de presidente ha sido en los tiempos modernos. Codiciaba la atención y los votantes que lo adoraban o lo odiaban estaban ansiosos por emitir un juicio sobre su mandato. Desde el principio hasta el final de la contienda, Biden hizo del carácter del presidente un elemento central de su campaña.

Este enfoque implacable impulsó a Biden a la victoria en bastiones históricamente demócratas en el Medio Oeste industrial, con Biden forjando una coalición de habitantes de los suburbios y residentes de las grandes ciudades para reclamar al menos tres estados que su partido perdió en 2016. 

Con las boletas aún contabilizándose en varios estados, Biden lideraba a Trump en el voto popular por más de 4 millones de votos.

Sin embargo, incluso cuando sacaron a Trump de su cargo, los votantes enviaron un mensaje más incierto sobre la plataforma de centro-izquierda en la que Biden se postuló cuando los demócratas perdieron escaños en la Cámara y sólo lograron avances modestos en el Senado. El juicio dividido, un raro ejemplo de división de boletas en tiempos partidistas, demostró que, para muchos votantes, su desdén por el presidente era tan personal como político.

Sin embargo, incluso en la derrota, Trump demostró su atractivo perdurable para muchos votantes blancos y su intensa popularidad en las áreas rurales, subrayando las profundas divisiones nacionales que Biden ha prometido curar.

 Resultados lentos

El resultado de la carrera se enfocó lentamente a medida que los estados y ciudades se enfrentaban a los desafíos legales y logísticos de votar en medio de la pandemia de coronavirus. Con una enorme acumulación de votaciones anticipadas y por correo, algunos estados informaron sus totales de una manera vacilante que en las primeras horas del miércoles pintó un cuadro engañosamente optimista para Trump.

Pero a medida que las grandes ciudades del Medio Oeste y el Oeste comenzaron a informar sus totales, la ventaja en la carrera cambió el mapa electoral a favor de Biden. Para el miércoles por la tarde, el ex vicepresidente había reconstruido gran parte del llamado muro azul en el Medio Oeste, recuperando los campos de batalla históricamente demócratas de Wisconsin y Michigan que Trump se llevó hace cuatro años. Y el sábado, con un montón de papeletas procedentes de Filadelfia y Pittsburgh, también recuperó Pensilvania.

 Tumulto sin precedente

Incluso aparte de la pandemia, la campaña de 2020 se desarrolló en un contexto de tumulto nacional sin igual en la historia reciente, incluido el voto de la Cámara para acusar al presidente hace menos de un año, una ola nacional de protestas por la injusticia racial la primavera pasada, espasmos de disturbios civiles durante todo el verano, la muerte de un juez de la Corte Suprema en septiembre y la hospitalización de Trump en octubre.

En el camino, Trump jugó con su base conservadora, buscando dividir a la nación sobre los puntos conflictivos culturales y raciales. Alentó esos temores y las divisiones sociales subyacentes que los fomentaron. Y durante meses buscó sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso político.

Biden, en respuesta, ofreció un mensaje de sanación que atrajo a los estadounidenses desde el extremo izquierdo al centro-derecho. Hizo causa común prometiendo un alivio de las incesantes invectivas y deshonestidad de la presidencia de Trump.

El ex vicepresidente también buscó demostrar sus diferencias con el presidente con su selección de Harris, de 56 años, cuya presencia en la boleta como hija de inmigrantes indios y jamaicanos contrastaba con el implacable uso de Trump de migrantes y miembros de minorías raciales como chivos expiatorios.