El Paso

El Paso, reflejo de la tercera ola

A medida que aumentan las hospitalizaciones, autoridades traen nuevas morgues móviles

Joel Ángel Juárez/The New York Times

J. David Goodman/The New York Times

viernes, 13 noviembre 2020 | 06:00

Los pacientes con coronavirus llenaron camas en un piso. Luego dos. Luego el University Medical Center, un hospital universitario en El Paso, instaló carpas para atender a los pacientes en un estacionamiento. Un centro de convenciones del Centro se convirtió en hospital. Para liberar aún más espacio, el Estado comenzó a transportar en avión a decenas de pacientes de Cuidados Intensivos a otras ciudades.

Los líderes locales se enfrentaron sobre qué hacer para sofocar la creciente crisis del coronavirus. El principal funcionario del Condado ordenó el cierre y el toque de queda, pero el alcalde no estuvo de acuerdo y la Policía dijo que no lo harían cumplir. Luego, el fiscal general del estado intervino: un encierro era innecesario e ilegal, dijo… 

y los pacientes siguieron llegando.

“Damos el alta a un paciente y hay dos que entran”, dijo Wanda Helgesen, directora ejecutiva del consejo local de preparación para emergencias y desastres.

El Paso, una ciudad fronteriza de 680 mil habitantes, tiene ahora más personas hospitalizadas con Covid-19 que la mayoría de los estados (mil 76 hasta el pasado martes) y está duplicando con creces su oferta de morgues móviles, de 4 a 10.

La tensión en la ciudad, mientras lidia con la mortal tercera ola de la pandemia, se refleja en todo el país. El número de hospitalizaciones por Covid-19 en Estados Unidos alcanzó un récord de 61 mil 964 hasta el martes, superando los horribles primeros días de la primavera en Nueva York y el verano en el Sur y el Oeste.

Las hospitalizaciones se han más que duplicado desde septiembre, según el Proyecto de Seguimiento Covid, superando el pico anterior de 59 mil 940 pacientes hospitalizados a mediados de abril. Pero, aunque los picos anteriores disminuyeron, los expertos en salud pública temen que el ritmo de las nuevas hospitalizaciones continúe aumentando junto con las nuevas infecciones, que promedian 111 mil por día en todo el país y no muestran signos de disminuir.

Los estados que parecían controlar la propagación, como Nueva Jersey y Nueva York, están experimentando un resurgimiento. Al mismo tiempo, los hospitales rurales de Dakota del Norte e Idaho están desesperados por tener médicos, enfermeras y técnicos para tratar con poblaciones de pacientes en rápido crecimiento.

Y los factores de riesgo que los funcionarios de Salud Pública han advertido durante mucho tiempo podrían propagar el virus y afectar a los hospitales en otoño e invierno: más actividades en el interior, el inicio de la temporada de gripe y las reuniones durante las vacaciones de invierno, acaban de comenzar.

“Las cosas no sólo están mal, no hay un final a la vista”, dijo el doctor Ashish Jha, decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Brown. “Si detenemos toda la transmisión hoy, lo cual no podemos ni haremos, probablemente estemos ante un mes que rebasará la capacidad en muchas comunidades de Estados Unidos”.

Texas superó recientemente el millón de casos confirmados del virus, con 19 mil muertos. De los 6 mil 100 pacientes hospitalizados en todo el estado, 1 de cada 6 se encuentra en El Paso. El doctor Mario Rascón, médico forense jefe del Condado de El Paso, dijo este martes que su oficina tenía 154 cuerpos. “Es agotador”, dijo.

La Ciudad ha traído a más de mil 400 trabajadores de la Salud de todo el estado, y unos 60 más llegaron durante el fin de semana en tres equipos enviados por el Departamento de Defensa, pero los nuevos pacientes han agotado incluso esos recursos adicionales. La mitad de todas las camas de pacientes en la ciudad ahora están ocupadas por personas con Covid-19.

“Las cosas no están bien”, dijo el alcalde Dee Margo, pero dijo que también le preocupa el impacto de los nuevos cierres en las familias que luchan por sobrevivir. “Estoy tratando de caminar por la cuerda floja”.

La situación refleja la dificultad más amplia de tratar de combatir una crisis nacional sin que haya una estrategia nacional. En El Paso, una isla urbana en el remoto Oeste de Texas, entre las fronteras con México y Nuevo México, esa ausencia de estrategia se ha sentido agudamente.

Una filosofía de respuesta a una pandemia centrada en el control local y la responsabilidad personal, comenzando con la administración Trump y reforzada por el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, en ocasiones ha dejado a los líderes locales en desacuerdo sobre cómo lidiar con los brotes en serie.

Después de cerrar en la primavera, Abbott se apresuró a comenzar a reabrir la economía de Texas. Para el verano, cuando el virus volvió a surgir, detuvo la reapertura y luego se enfrentó con los líderes locales en Houston y otras ciudades que querían reducir las actividades, pero sus órdenes no les permitieron hacerlo. Les dijo a los texanos que usaran cubrebocas. En octubre, quitó más restricciones comerciales.

Para entonces, en El Paso, los hospitales ya se sentían tensos.

El principal funcionario del Condado, el juez Ricardo A. Samaniego, emitió una orden de quedarse en casa y nuevos límites estrictos para las empresas el 29 de octubre. Pero Margo no creía que Samaniego tuviera la autoridad para hacerlo, e inicialmente se opuso. Si bien los agentes de Policía locales del Condado intentaron hacer cumplir el cierre, el Departamento de Policía de El Paso, mucho más grande, dijo que no lo haría.

“Enorme, enorme confusión”, dijo Laura Rayborn, propietaria de un spa y otros negocios locales. “El alcalde fue a la radio y a la televisión y dijo: Manténganse abiertos”. Rayborn decidió hacerlo.

Los restaurantes siguieron sirviendo, a pesar de la orden de detener todo excepto la comida para llevar y la entrega. “Decidimos hacer lo que teníamos qué hacer”, dijo Aaron Means, propietario de un restaurante cerca del campus de la Universidad de Texas en El Paso.

Algunos acudieron a los tribunales para luchar contra el cierre y se les unió el fiscal general conservador del estado, Ken Paxton, quien describió la acción del Condado como “opresión” y prometió ponerle fin. Después de una semana de intercambios entre tres niveles del gobierno de Texas, un tribunal estatal falló el viernes a favor de las nuevas restricciones a las empresas. 

En ese momento, la frustración y la confusión se habían extendido ampliamente, reduciendo los beneficios inmediatos de los cierres de empresas y casi asegurando que sería necesario un cierre más prolongado.

“Una cosa casi peor que el cierre es estar confundido acerca de si uno está cerrado”, dijo David Jerome, presidente de la Cámara de Comercio de El Paso. “Soy un gran admirador de 50 experimentos en democracia, pero no cuando se trata de una pandemia”.

La orden del Condado de cerrar por dos semanas, que expiró el miércoles, aún no ha mostrado ningún efecto apreciable en las hospitalizaciones, dijeron las autoridades. “Parece que no hemos alcanzado nuestro pico”, dijo Helgesen.

Hasta el martes, la ciudad tenía un promedio de mil 800 nuevos casos de coronavirus por día, casi el doble del número del más poblado Condado de Dallas, la siguiente zona más afectada.

Samaniego dijo que le gustaría extender la orden de cierre, posiblemente hasta el Día de Acción de Gracias. Le preocupaba que lo hubieran seguido muy pocas personas y que la festividad presentara nuevos riesgos.

“Realmente nunca implementamos un verdadero quédate en casa”, dijo Samaniego. “Nunca llegamos a ver el impacto total”.

La Oficina del Gobernador dijo que el enfoque de Samaniego y otros funcionarios locales debería estar en el cumplimiento de las regulaciones existentes, incluidos los límites de capacidad de los restaurantes y los requisitos de cubrebocas, no los cierres. “Esa estrategia fue eficaz para frenar la propagación durante el verano y contener al Covid-19, al tiempo que permitió que las empresas operaran de manera segura”, dijo Renae Eze, portavoz del gobernador.

Como el país en su conjunto, El Paso ha entrado ahora en un período incierto. Los funcionarios esperan que suficientes personas sigan ahora la orden de cierre para frenar la propagación de infecciones. La Policía ha comenzado a multar a los negocios que no cumplen.

La mayoría de las infecciones en El Paso provienen, dijeron los funcionarios de Salud, de la transmisión de la comunidad local, especialmente dentro de familias multigeneracionales que a menudo viven juntas o se juntan con frecuencia para comprar o visitar.

“Hemos visto venir a varios miembros de familias, generalmente en días diferentes”, dijo el doctor Edward Michelson, jefe de medicina de emergencia en el Centro Médico Universitario y profesor en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Texas Tech.

La actividad que continuaba en la ciudad se podía encontrar en las grandes tiendas a lo largo de la Interestatal 10, en las serpenteantes filas de autos en los restaurantes de autoservicio o en las personas que intentaban encontrar un espacio para estar afuera en un centro comercial al aire libre mayormente tranquilo.

“Estábamos todos enfermos”, dijo Xavier Gonzales, de 45 años, sobre su esposa y su hijo de 6 años, que en ese momento corría con el perro de la familia en un terreno de césped artificial.

Gonzales, un cantante que ha estado casi sin trabajo desde marzo, lo pasó peor: “Ya no podía levantarme”, y los médicos de la sala de emergencias le dijeron que tenía una neumonía viral. Pero debido a que podía respirar por sí solo, lo enviaron a casa para recuperarse y dejar espacio para otros pacientes más gravemente enfermos.

No miró a México, como han hecho algunos texanos, en busca de la fuente de los problemas de la pandemia de El Paso. “Creo que es una excusa de las personas que buscan culpar a alguien”, dijo. “Pero somos nosotros. Somos nosotros que no estamos siguiendo las reglas”.