El Paso es algo más que un muro

Comunidad fronteriza muestra descontento ante declaraciones de Donald Trump

Associated Press
lunes, 11 febrero 2019 | 06:00

La gente que camina por el puente Paso del Norte que une a esta ciudad fronteriza del oeste de Texas con México puede ver en tiempo real cómo va creciendo el muro promovido por el presidente Donald Trump.

Trabajadores en guardapolvos fluorescentes cavan zanjas, echan cemento líquido y levantan bloques de metal de casi 6 metros (18 pies) de altura para reemplazar capas de cercos con alambrado de púas en la parte alta a lo largo del Río Grande, que generalmente apenas es más fuerte que un chorrito.

La mayoría de las más de 70 mil personas que a diario cruzan legalmente cuatro puentes de ciudades –para hacer compras, ir a la escuela y trabajar– no hace caso a la construcción en el mero Centro de la ciudad. Pero hace unos días, un hombre se detuvo, señaló al lugar y simplemente dijo: “Trump”.

En su discurso del Estado de la Unión, el presidente dijo que una “poderosa barrera” había reducido el índice crimen y transformado a El Paso de una de las ciudades más peligrosas del país a una de las más seguras. El mandatario realizará aquí un mitin el lunes para mostrar por qué está exigiendo que se construya un total de más de 160 kilómetros (100 millas) de nuevos muros a lo largo de la frontera de casi 3 mil 100 kilómetros (mil 900 millas), lo cual costaría 5 mil 700 millones de dólares. Demócratas y algunos republicanos en el Congreso se oponen al pedido del presidente.

Pero muchas personas en esta ciudad de desiertos con ventiscas y salsa picante resienten la idea de convertir a su vecindario en el símbolo del muro fronterizo. La ciudad ha tenido barreras fronterizas durante décadas, pero no es segura por eso, dicen. 

Con una población de unos 800 mil, El Paso ya tenía uno de los más bajos índices de crímenes violentos en Estados Unidos. Eso pese a estar ubicada al otro lado de la frontera de Ciudad Juárez, México, plagada de violencia derivada de las drogas.

Ellos dicen que El Paso es la encarnación del espíritu transfronterizo y trasciende fronteras en vez de probar que necesita más barreras.

“Los más ricos de los ricos, los más pobres de los pobres, todos tenemos diferentes necesidades para cruzar, y la gente cruza todos los días”, dijo el concejal de El Paso Peter Svarzbein.

El Paso deja notar los sentimientos encontrados que la frontera inspira. Incluso Beto O’Rourke, natural de El Paso y ex congresista demócrata que ahora está sopesando si es que se postula a la presidencia, dice que las barreras son inevitables pero que el pedido de Trump para extender el muro es una “retórica cínica de guerra, de invasiones, para atemorizar”.

O’Rourke ayudará a encabezar una marcha en la tarde del lunes para oponerse al muro con docenas de grupos cívicos locales de hispanos y de derechos humanos al mismo tiempo que Trump realizará un mitin. Los organizadores esperan que miles de personas asistan al evento.

“Mientras que algunos intentan sembrar el miedo y la paranoia, esparciendo mentiras y una falsa narrativa sobre la frontera entre Estados Unidos y México y para exigir que se construya un muro de 2 mil millas a lo largo de la misma en una época en la que se cuenta con una seguridad récord, El Paso se unirá para una marcha y celebración que pondrá énfasis en la verdad”, según dijo O’Rourke en un comunicado.

Por siglos sólo el poco profundo Río Grande separaba a El Paso de Juárez. Pero los problemas económicos en México durante la década de los setentas dieron pie a un incremento en el flujo de inmigrantes que cruzaban hacia Estados Unidos, instando al Congreso a aprobar la construcción de una cerca de malla ciclónica aquí y en San Diego, la cual llegó a ser conocida como la “Cortina de las Tortillas”. Más barreras fueron agregadas en los noventas y en el 2006.

La reacción del público a las medidas de seguridad fue positiva en algunos vecindarios debido a que ayudaron a reducir el vagabundeo y los delitos menores. Pero muchos habitantes ahora se quejan de que las demandas de Trump han ido demasiado lejos, haciendo parecer que su ciudad es una zona de guerra, lo cual los ofende tanto a ellos como a la gente que vive en México.

“La frontera fluye, tanto económica como culturalmente”, dijo Cesar Blanco, un legislador demócrata que vive a solo un tiro de piedra del muro. “Somos una comunidad binacional”.

Aquellos que viven cerca del muro dicen que ahora muy poca gente escala las barreras. En el año fiscal del 2017, alrededor de 25 mil personas fueron aprehendidas en el sector de El Paso por la Patrulla Fronteriza, muy por debajo de las más de 122 mil que se registraron en el año fiscal del 2006.

En lugar de ello, aquellos que cruzan de manera ilegal ahora tienden a hacerlo fuera de la ciudad en los desolados desiertos. Los demócratas argumentan que sensores electrónicos y patrullajes son más efectivos para la adicional seguridad en la frontera.

Exigir que se construyan muros cada vez más grandes se ha convertido en “el símbolo supremo del racismo”, dijo Fernando García; director ejecutivo de la Red Fronteriza para los Derechos Humanos en El Paso. “Obviamente habrá gente que asistirá a este mitin”, según dijo sobre Trump, pero “él no puede mentir sobre nosotros”.

Sin embargo, muchos republicanos insisten que el bajo índice en la delincuencia no es una coincidencia.

“Hay tiroteos con regularidad cerca de la frontera, y el peligro del narcotráfico”, dijo recientemente el congresista electo republicano Chip Roy, quien representa al distrito entre Austin y San Antonio. “Las buenas noticias es que podemos frenar esto”, dijo Roy en un correo electrónico póstumo al informe presidencial en apoyo al muro de Trump.

El reporte de delincuencia del FBI muestra que la cifra anual de El Paso de crímenes violentos reportados anualmente cayó de casi 5 mil en 1995 a alrededor de 2 mil 700 en el 2016. Pero eso corresponde con declives similares en el número de crímenes violentos cometidos a nivel nacional e incluye momentos en los que los índices de delincuencia de la ciudad de hecho se incrementaron año con año, a pesar de las nuevas barreras y muros.

Las enormes barreras no evitan que Juárez parezca simplemente otro vecindario en El Paso. Desde muchos lugares, uno puede ver autobuses urbanos recorrer las calles al otro lado de la frontera y se pueden leer los señalamientos en color verde que marcan los nombres en español de las arterias principales de la ciudad. Algunos edificios de unos cuantos pisos de alto en El Paso, ofrecen sorprendentes vistas de la zona centro de Juárez.

La casa de una sola planta de Mickie Subia en el histórico vecindario de Chihuahuita se ubica a solo unos pasos de la barrera, y desde ahí se puede ver México a través del cercado metálico. Ella dijo que el muro no la hace sentir más segura.

“No tenemos ningún problema con la Patrulla Fronteriza”, dijo Subia. “Tampoco tenemos ningún problema con cualquiera que venga de México.”

Dee Margo, el alcalde de El Paso, tuiteó después del informe presidencial que su ciudad “NUNCA ha sido una de las MÁS peligrosas ciudades en Estados Unidos”, agregando que los muros fronterizos son sólo parte de la razón.

“Estoy muy contento de que el presidente Trump venga aquí”, dijo en una entrevista. “Solo espero que tengamos la oportunidad de mostrarle cómo son las cosas en realidad en la frontera”.