El Paso

Educando al enemigo

El libro de Perrillo explora la desigualdad racial en las escuelas de EP después de la Segunda Guerra Mundial

Molly Smith / El Paso Matters

lunes, 03 enero 2022 | 06:00

El Paso Matters | Portada del nuevo libro El Paso Matters | Jonna Perrillo, autora de la obra El Paso Matters | Una foto que apareció junto al artículo “Democracy’s Children” en 1948

La inspiración detrás del último libro de Jonna Perrillo vino cuando descubrió una fotografía de periódico en blanco y negro en un libro de historia de El Paso de cuatro niñas en el patio de recreo de la escuela primaria Crockett.

“¿Qué chicas son alemanas y cuáles americanas? En el patio de recreo no hay ninguna diferencia”, dice el pie de foto. Las niñas “son hijas de especialistas alemanes que trabajan en la investigación de cohetes para Estados Unidos”, señaló.

Sus padres fueron los principales científicos nazis que el Gobierno de Estados Unidos trajo de Alemania a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, primero a Fort Bliss y luego a Huntsville, Alabama, para trabajar para la NASA, como parte de un programa secreto de Inteligencia de Estados Unidos denominado Operación Paperclip.

“No podía creer lo que estaba viendo”, recordó Perrillo. “Había oído hablar de la Operación Paperclip, pero aunque soy educadora de historia, nunca había pensado en los niños involucrados”.

La experiencia de los niños estuvo ausente de los archivos históricos y Perrillo, profesora de educación de inglés en la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), ha creado un archivo propio en su próximo libro “Educating the Enemy: Teaching Nazis and Mexicans in the Cold War Borderlands” (“Educando al enemigo: Enseñando a los nazis y los mexicanos en las fronteras de la Guerra Fría”).

El libro contrasta la cálida bienvenida e integración de los niños alemanes en las escuelas públicas de El Paso con la de los niños mexicoamericanos, quienes asistieron a escuelas segregadas donde fueron castigados por hablar español y se les consideró con opciones limitadas de carrera.

El Paso Matters habló con Perrillo sobre el libro y qué lecciones espera que los lectores contemporáneos extraigan de esta parte de la historia de El Paso.

La entrevista ha sido editada por su extensión y claridad.

—El Paso Matters: ¿Qué le hizo decidir comparar la experiencia de los niños Paperclip en las escuelas de El Paso con la de los estudiantes mexicoamericanos?

—“Perrillo: Pensé que iba a ser un libro sobre la ansiedad, sobre estos hijos de científicos nazis que ingresaron a las escuelas de El Paso un año después de que terminó la guerra. La escuela a la que asistía la mayoría de ellos, Crockett Elementary, acababa de construir esta gran vidriera para conmemorar a los ex alumnos que habían muerto en la guerra. Entonces, esa escuela tenía una conexión particular de alguna manera con la comunidad militar aquí antes de que se construyera la escuela primaria Fort Bliss.

“Y esa no era la historia en absoluto. (Los niños de Paperclip) fueron acogidos calurosamente, acogidos rápidamente y, de hecho, utilizados por las escuelas de muchas maneras para mostrar cómo los institutos eran este tipo de bastiones de la democracia; incluso podían democratizar a los hijos de los nazis y convertirlos en ciudadanos estadounidenses. Tan pronto como me di cuenta de eso, supe que realmente tenía que ser una historia sobre por qué y qué significaba eso para la mayoría de los estudiantes en El Paso que son mexicoamericanos que no estaban siendo tratados con el mismo tipo de abrazo cálido”.

—¿Cuáles son algunos de los temas clave que le gustaría que los lectores, en particular los habitantes de El Paso, se llevaran de “Educando al enemigo”?

—“Las personas que han leído capítulos o me han preguntado sobre el libro me cuentan cómo sus propios padres o abuelos fueron disciplinados físicamente por hablar español en la escuela. Hay partes de esta historia que son muy familiares para muchas personas que viven aquí, pero no creo que el aspecto comparativo –sólo cuán diferentes eran las cosas en las escuelas a las que asistían los niños de Paperclip–, y la agenda política y el patriotismo que fue destacado por las escuelas más importantes de El Paso es siempre muy claro.

“Otro objetivo es mostrar las formas en que las escuelas han sido segregacionistas y, al mismo tiempo, instituciones que cultivan o fomentan un sentido de identidad blanca. Hay un plan de estudios patriótico muy claro aquí que creo que sugiere mucho de lo que estamos escuchando en nuestra cultura contemporánea que fue muy acogedor para los niños de Paperclip y estaba listo para verlos como potenciales ciudadanos estadounidenses porque aparentemente eran blancos, bien disciplinados, aparentemente inteligentes, aparentemente felices. Esta felicidad es un tema en el libro: las formas en que muchos niños mexicoamericanos fueron vistos por muchos anglos, educadores y los demás, como infelices, como que no querían hablar inglés, como antisociales, solitarios y tímidos.

“(Esta historia) resuena con todo lo que estamos escuchando ahora sobre la teoría crítica de la raza (CRT) y la ley estatal de Texas y otra legislación que realmente habla sobre cómo se supone que los niños se sienten en la escuela, específicamente que no se puede enseñar nada que pueda hacer que los niños se sientan culpables o infelices. Esta idea de niños blancos felices se considera un símbolo de la democracia estadounidense. Que las democracias saludables creen niños blancos felices no es una idea nueva. No me di cuenta de lo importante que iba a ser cuando comencé el proyecto (en 2014). Pero estas son todas las cosas que creo que pueden ayudarnos a comprender dónde estamos ahora.

“Las escuelas de Texas han tenido un compromiso histórico con la segregación educativa, con la educación desigual, con privilegiar a los estudiantes blancos; creo que en algunos casos incluso podemos decir que la supremacía blanca. Y ayudar a sus ciudadanos más privilegiados a mantener el poder político. Todo eso está aquí en la historia de El Paso de la posguerra”.

—¿Qué espera que los administradores y maestros de El Paso se lleven en particular cuando se trata de la desigualdad que aún se observa en las escuelas públicas de la ciudad?

—“Una cosa que vemos en el libro, particularmente en respuesta a las condiciones de los edificios, es cuán activos fueron los padres mexicoamericanos en condiciones de protesta, como que sus estudiantes tuvieran que tomar clases en los pasillos porque las escuelas estaban tan abarrotadas… Muchas veces esos esfuerzos de los padres se borran y no se comprenden. Creo que probablemente todavía hay muchos padres a los que se les pasa por alto, que tienen opiniones muy sólidas sobre la educación de sus hijos y lo que quieren para ellos en las escuelas de El Paso, pero les es más difícil transmitir su mensaje.

“Espero que podamos aprender a escuchar un poco mejor las demandas de la comunidad. Este es un momento muy ilustrativo si nos fijamos en los debates sobre los cubrebocas, esa es una minoría de padres que están protestando las órdenes de mascarillas faciales. Quién es escuchado y cuyas voces cuentan es algo en lo que podemos pensar de esta historia y ser un poco más conscientes de ello”.

—¿Cómo les habla a sus propios hijos, que asisten a escuelas públicas aquí, acerca de qué se trata “Educando al enemigo”?

—“(Esta historia específica) tiene que ser parte de una conversación más amplia sobre la desigualdad, el racismo y los roles que juegan las escuelas en el fomento y el fortalecimiento de los sistemas raciales estadounidenses. Eso es algo que traté de resaltar mucho en el libro: pensamos en las escuelas como estos productos de políticas que no tienen opciones; que la ley estatal de Texas o la ley federal estadounidense establecen el rumbo y que las escuelas simplemente lo están siguiendo. En muchos momentos de esta historia, vemos las formas en que las escuelas tenían mucha libertad en términos de lo que hacían con los estudiantes una vez que entraban por esas puertas. Se creó un plan de estudios que empoderó a algunos estudiantes y privó de sus derechos a otros, y que fue escrito por maestros comunes. Ver a las escuelas como algo separado de las políticas o de las creencias sociales es obviamente erróneo.

“Cuando hablo de (mi investigación) con niños pequeños, trato de hablar sobre las formas en que está conectado con cosas que creo que son muy visibles para ellos, especialmente en El Paso. Una de las razones por las que me encanta vivir aquí es que las escuelas de mis hijos son económica y racialmente diversas y conocen y aprenden de estudiantes que no son como ellos y tienen vidas muy diferentes. No hablamos de los detalles minuciosos del plan de estudios, sino de que la lección de que algunos estudiantes son tratados mejor que otros basados sólo en sus familias, de dónde vienen y lo que la gente piensa que deberían hacer cuando crezcan, es algo que en realidad es no es tan difícil de creer para los niños”.

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