El Paso

Deja bibliotecario gran acervo de arte plástico

Fallece Juan Sandoval II, un coleccionista fuera de serie

Cortesía / Marcó una época en UTEP

Armando Vélez/El Diario de El Paso

martes, 05 enero 2021 | 06:00

Coleccionista compulsivo, amante del arte, conocedor de la cultura binacional, enamorado de Oaxaca, bibliotecario. 

Todas esas características definen la existencia de Juan Sandoval II, un personaje que marcó una época en la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), quien falleció este 3 de enero en su casa del histórico vecindario de Sunset Heights.

A lo largo de más de cinco décadas, el nativo de Monte Vista –un enclave mexicoamericano en el Sur de Colorado– atesoró más de mil obras plásticas, libros, discos y todo tipo de objetos artísticos que adornaban las diferentes viviendas que habitó en las inmediaciones de UTEP y también las paredes de la biblioteca universitaria.

“Cuando se trata de coleccionar, no tienes que ser rico. No tienes que tener mucho dinero, pero si tienes buen ojo puedes coleccionar cualquier clase de objetos interesantes”, dijo alguna vez Sandoval, quien comenzó recolectando piedras en su natal Colorado y compró su primera obra de arte en la década de 1960.

Posteriormente, en 1971 el bibliotecario decidió no comprarse un automóvil e invertir sus ingresos en la adquisición de material artístico. De esta manera, su colección comenzó a crecer a lo largo de medio siglo, incluyendo cientos de piezas que rinden tributo a la cultura mexicoamericana y mexicana, con un especial énfasis en artistas de esta región y de Oaxaca, un estado de México que solía visitar por largas temporadas.

Nacido el 8 de enero de 1946, en una región de Colorado que alguna vez perteneció a México, Sandoval se graduó de la Maestría en Ciencias de Biblioteca (MLS) y llegó a UTEP en 1980 para trabajar en el Departamento de Colecciones Especiales. 

En El Paso encontró su hogar, cobijado por la cultura mexicoamericana de la Ciudad del Sol, con visitas periódicas a Juárez, recorriendo la ciudad en bicicleta, el medio de transporte que lo convirtió en un ícono.

Su generosidad con los estudiantes se volvió legendaria. Decenas de generaciones de egresados de diferentes disciplinas en UTEP, muchos de ellos procedentes de diferentes regiones de México o países de Latinoamérica, encontraron en Sandoval un apoyo desinteresado que les ofrecía orientación sobre la región e incluso les proveía alimentos en caso necesario.

“Era una persona multidimensional. Fue un mentor, un amigo, un reportero de la vida. Era sabio, divertido. Era real”, señala Miguel Juárez, doctor en Historia graduado de UTEP donde ahora se desempeña como docente.

Agregó que conoció a Sandoval hace varias décadas y que fue él quien escribió una carta de recomendación para cursar la maestría en Ciencias de Biblioteca.

“Juan nos dejó una pieza de sí mismo a cada uno. Compartió tanto para expandir nuestra visión del mundo pero también para reconectarnos con nuestras raíces y herencia”, dijo Juárez.

 La colección, en Austin

A través de los años, e incluso después de su retiro de la universidad en 2019,  Juan Sandoval se convirtió en un referente cultural para El Paso. Formaba parte de mesas directivas de museos y se codeaba con escritores, artistas y académicos, además de prestar parte de su colección –valuada en más de 1.5 millones de dólares– para exhibiciones a nivel local.

Su plan original era donar su acervo al Centro Cultural Mexicoamericano de El Paso, un proyecto que por diversas razones no ha podido concretarse. Al final, optó por entregar la colección al Museo Mexic-arte, con sede en Austin, la capital de Texas.

“Estaba muy desilusionado cuando se desintegró el Centro Cultural. Creo que presintió que la vida estaba a punto de terminar y decidió dejarla en Austin, para que alguien se hiciera cargo y tuviera un buen hogar”.

Después de una serie de pláticas con Sylvia Orozco, directora de Mexic-arte, un día llegó un camión de mudanzas a la casa de Sandoval, en un edificio antiguo de Sunset Heights y se llevó el material.

En sus últimos meses, el coleccionista tenía problemas de movilidad y para hablar; el deterioro de su organismo fue paulatino. Un sobrino le puso ayuda 24 horas en las últimas semanas hasta que falleció.

“Creo que después que se retiró y donó su colección, sintió que era tiempo de descansar”, concluye Miguel Juárez.