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El Paso

Cultivan agricultores de NM alimentos más sanos

Realizan prácticas enfocadas en la salud del suelo para regresar los nutrientes a los cultivos

Priscilla Totiyapungprasert/El Paso Matters

lunes, 05 diciembre 2022 | 06:00

El Paso Matters | Lindsey McKee, a la izquierda en Taylor Hood Farms El Paso Matters | Shahid Mustafa, a la izquierda, explica a los participantes del taller El Paso Matters | Cosecha de rábanos

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La Unión, Nuevo México— Shahid Mustafa se encontraba hablando acerca de la importancia del suelo una fría mañana de noviembre en Taylor Hood Farms, mientras él y Lindsey McKee encabezaban un taller sobre Agricultura Regenerativa, una manera de cultivo que se enfoca en la salud del suelo y la biodiversidad.

Tres participantes de Las Cruces estaban sentados sobre unas jardineras en donde se cultivan zanahorias, mientras que Chico, un chivo café pastaba cerca de allí. Ellos se sienten emocionados de aprender a cultivar sus propios alimentos. Pero antes de que esos estudiantes utilicen una pala, aprenden acerca de cómo empieza la nutrición en el subsuelo.

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“El suelo es un ente que está vivo”, dijo Mustafa. “No sólo es algo en donde se puede caminar o quitarse los zapatos. Existen más microorganismos en una cucharada de suelo que en las personas que habitan el plantea. Cuando uno le da vida al suelo, consecuentemente eso sucede con los alimentos. Si uno come eso, se convierte en parte de nuestra propia biología”.

Ese es el punto crucial de lo que Mustafa y McKee enseñan: un suelo más saludable produce alimentos más saludables, lo cual provoca que la gente esté más sano. Ellos son parte de un pequeño grupo de agricultores de la región Paso del Norte que están cultivando alimentos con esa mentalidad.

Al parecer, la investigación apoya el vínculo entre un suelo saludable y alimentos saludables. Un estudio publicado en el 2022 muestra que las granjas que practican la regeneración logran cosechas con un mayor nivel de vitaminas y minerales que en donde se utilizan los métodos agrícolas convencionales.

El final de la Segunda Guerra Mundial dio lugar a una bonanza en los resultados agrícolas, impulsados por una mejor maquinaria, semillas modificadas genéticamente y el uso generalizado de pesticidas y fertilizantes químicos.

Aunque eso ha provocado que muchas de nuestras frutas, vegetales y granos sean menos nutritivos que hace 40 o 70 años, en otras palabras, la manzana que se va a comer el día de hoy tiene menos nutrientes que una manzana de 1950.

A Mustafa le gustaría ver que la investigación se enfoque en el vínculo que hay entre las prácticas agrícolas y la salud pública, aunque considera que ese tema no es una prioridad para el sistema de alimentación industrial.

“En lo relacionado con medir la densidad nutritiva, generalmente no es en lo que está enfocada la producción porque las granjas agrícolas cultivan por volumen y lo hacen con base en la apariencia, así que esto es una manera cierta y esperanzadora de que el agricultor pueda tener suficiente rendimiento para ser redituable”, dijo Mustafa.

“Sin embargo, más allá de esto no existe mucha información sobre el apoyo al valor nutritivo”.

Granjas regenerativas alimentan a la frontera

Mustafa comparte un predio de 2.5 acres con una residencia de personas habilidosas en La Unión, situada en el sur de Nuevo México, justo al oeste de El Paso. Taylor Hood Farms y otros cultivadores de alimentos a pequeña escala de esta área les venden sus productos a clientes de El Paso y Las Cruces.

A menos de cinco millas al norte, André Gutiérrez de OG Farms pasó este verano haciendo pruebas con diferentes variedades de melones resistentes a la sequía en una huerta de nueces, guardando los granos para la próxima temporada.

En Berino, N.M., justo a ocho millas de retirado de OG Farms, Yvonne Días de ‘De Colores Farm’ atiende un campo de Junio Mexicano, un maíz blanco que históricamente ha sido cultivado en el suroeste, sin utilizar pesticidas sintéticos.

Las frutas y vegetales que se cultivan en OG Farms y De Colores se destinan a distribuidores como Desert Spoon Food Hub en El Paso, que ofrecen semanalmente cajas de alimentos para su distribución o para recoger en línea.

La mayoría de esos agricultores de estas operaciones tienen cierto tipo de conexión con el Centro de Alimentos La Semilla, tales como Gutiérrez, quien trabajó en la granja La Semilla antes de establecerse por su cuenta. 

Fundada en el 2010, los programas de este centro no lucrativo incluyen entrenamiento agrícola, campos nuevos y entrega de productos.

“Nosotros apoyamos a los agricultores mientras se establecen y aún después de que lo hacen”, comentó Josh Jasso, encargado de la granja La Semilla. “Esos estipendios provienen de la coenseñanza y de compartir su conocimiento con otros agricultores que están empezando o con los suministros, nosotros les proporcionamos recursos o espacio”.

Una reciente mañana de noviembre, Jasso revisó una fila de acelgas, quitando la lona que los protege del viento y las heladas. Señaló un bicho que es conocido por ser benéfico para las plantas debido a que caza los insectos que se comen el follaje.

La Semilla cultiva alimentos utilizando prácticas orgánicas y regenerativas, aunque Jasso dijo que las etiquetas eran un asunto engañoso: Ayudan a las personas a tomar decisiones cuando adquieren alimentos, aunque muchas personas no saben lo que implican las etiquetas. La certificación orgánica requiere que las granjas no usen sustancias prohibidas –tales como fertilizantes sintéticos– aunque no va más allá, eso es lo que piensa él.

“Las prácticas orgánicas aún a gran escala, afectan y fragmentan la tierra”, dijo. “Ellos sólo pagan por la etiqueta y utilizan los materiales requeridos, y no es una actitud. La agricultura regenerativa actualmente es sólo una palabra. La palabra que utilizamos es agroecológico. Se trata más de la relación con el suelo que cualquier estándar o certificación”.

En La Semilla, los agricultores tratan de minimizar la labranza porque eso rompe la estructura del suelo y perturba el micelio, una red de hongos que ayuda a las plantas a absorber los nutrientes y el agua. Esa afectación también provoca que el suelo se erosione más rápido.

Debido a que los cultivos absorben el nitrógeno de la superficie, es esencial restituir la tierra para la siguiente cosecha, dijo Jasso.

Recientemente, investigadores llevaron a cabo lo que ellos llaman un estudio, que es el primero de ese tipo, para probar esas prácticas. El análisis, que fue publicado en la revista PeerJ en este año, analizó 10 granjas en todo el país que no habían utilizado la labranza, las cosechas cubiertas o la rotación de las mismas por lo menos de cinco a 10 años.

Los agricultores cultivaron chícharos, sorgo, maíz o soya en un acre, utilizando prácticas regenerativas, y el mismo cultivo en un predio vecino utilizando los métodos agrícolas convencionales.

Los cultivos de las prácticas regenerativas tuvieron niveles más altos de vitaminas K, E, B1 y B2, según muestran los resultados. Esos nutrientes son esenciales para la dieta humana porque están involucrados en el fortalecimiento de huesos, protección de las células de algún daño y para convertir los alimentos en energía.

Los cultivos regenerativos tuvieron más calcio, un mineral que apoya el desarrollo de huesos saludables y fortalece los dientes. 

Desiree Miller, una becaria de 22 años de La Semilla, creció en El Paso en donde no le ponía mucha atención al medio ambiente ni de dónde provenían los alimentos.

Las frutas y vegetales frescos no eran una parte significativa de su dieta, según recuerda. Ella vino a la granja debido a que le importa la transformación del sistema alimenticio.

Al obtener su licenciatura en Biología Ambiental en la Universidad de Texas en El Paso, ella investigó la fauna intestinal y examinó los nutrientes del suelo. Ella no relacionó estas dos cosas –la salud del suelo y la salud humana– hasta después que se graduó y empezó a cultivar en La Semilla.

Finalmente, espera combinar sus antecedentes científicos con sus conocimientos de cultivos regenerativos para que los alimentos sean más saludables y más accesibles.

“El que la gente sepa de dónde viene lo que comen creo que será un gran paso para solucionar la nutrición, ya que considero que estamos muy desconectados”, dijo Miller.

“El comprar alimentos en una tienda se siente como comprar un producto de un estante, como si uno comprara cualquier otra cosa. Cuando uno viene aquí y observa de dónde provienen los alimentos, uno entiende lo que se siente ser parte de un ecosistema”.

Agricultura industrial afecta la salud pública

En un recorrido reciente por OG Farms, André Gutiérrez sacó algunos rábanos del suelo, para agregarlos a un grupo de productos que llevaba. Durante la noche heló, pero esos vegetales sobrevivieron. Con la luz del día, el sol calienta las filas de betabeles, cebollas, zanahorias y nabos.

El ex diseñador de jardines de El Paso empezó a ayudar a su papá a cuidar su ganado en Anthony, Nuevo México, hace unos 12 años, mayormente vacas y ovejas  –“son mascotas caras”, se refiere a ellos en broma. Aunque eventualmente se interesó en cultivar alimentos.

Es una buena señal cuando encuentra gusanos, dijo. Esos animales desbaratan la materia orgánica en nutrientes que las plantas pueden utilizar.

“En esencia, estoy cultivando el suelo y dejar que haga su trabajo”, dijo Gutiérrez.

También siembra una variedad de frutas y vegetales, y trata de evitar plantar lo mismo en el mismo predio en temporadas seguidas, una práctica que se llama rotación de cultivos.

Esto es un contraste con la monocultura, en donde se planta un solo tipo de plantas en el mismo predio de tierra en repetidas ocasiones. Este método agota los nutrientes del suelo y la materia orgánica, la cual es vital para el crecimiento de las plantas.

Los agricultores pueden utilizar fertilizantes sintéticos para proporcionarles a sus plantas el nitrógeno, fósforo y potasio que ha sido agotado. Sin embargo, la aplicación a largo plazo de fertilizantes sintéticos puede disminuir la biodiversidad bacteriana del suelo.

Algunos científicos advierten que décadas de degradación del suelo ha provocado un problema en la salud pública.

En el 2004, investigadores de la Universidad de Texas en Austin publicaron un estudio en la Revista del Colegio Americano de Nutrición que analizó la información de nutrientes USDA publicada en 1950 y 1999. Ellos encontraron cambios en docenas de cultivos diferentes, incluyendo fresas, sandías, brócoli, espárrago y pepinos.

En general, hubo descensos en las proteínas, calcio, hierro y vitamina C, junto con otras vitaminas y minerales esenciales, aunque varió el nivel de descenso.

Cuando le preguntaron qué necesitarían hacer los agricultores para hacer la transición a prácticas más regenerativas, Mustafa dijo que la industria agrícola no permite fácilmente a los agricultores tomar un riesgo financiero.

“Yo no diría que es culpa del agricultor, debido especialmente a que está muy atrincherado en su infraestructura”, dijo Mustafa. “El cambiar eso en dos acres es mucho más fácil que alguien cultive miles de acres de cualquier cosa. La cantidad de recursos que hay que agregar o cambiar en términos de la manera como es su práctica de cultivo, para eso tendrían que pedir un crédito y no hay subsidio para apoyarlo”.

Mustafa, así como también otros agricultores y activistas a favor de los alimentos, señalan varias maneras de mejorar la salud pública a través de la agricultura.

Jasso sugiere una colaboración entre las granjas regenerativas y las universidades, para que los agricultores y científicos puedan trabajar directamente juntos para producir más investigación.

El problema, dijo, es que muchos agricultores regenerativos tienden a utilizar diferentes predios de tierra durante su vida. La salud del suelo y las comunidades microbianas son dinámicas, así que, ese tipo de estudios necesitarían un largo tiempo, dijo.

La Asociación de Bionutrientes Alimenticios es una organización que trata de recolectar más información. En el 2020, este organismo no lucrativo publicó un reporte en donde identificó mayormente la correlación positiva entre la salud del suelo y la densidad de nutrientes.

Sin embargo, hubo variantes significativos y ninguna práctica agrícola es “la solución perfecta”, comentó Dan Kittredge, director ejecutivo de la Asociación de Bionutrientes Alimenticios.

La información recolectada también es utilizada para afinar una métrica bionutritiva, que podría permitir que el comprador de un supermercado pueda medir los nutrientes de sus productos antes de comprarlos. Eso podría incentivar a la industria agrícola para cultivar alimentos con base en los nutrientes, dijo Kittredge.

Mustafa está de acuerdo en que se necesita una combinación de factores para cambiar el sistema alimenticio: aumentar la demanda de alimentos con más densidad de nutrientes y educar a la gente. Algunas personas han sugerido cambiar a través de políticas, tales como la inversión de recursos federales en prácticas agrícolas regenerativas.

“Las políticas podrían ayudar pero hay mucha economía vinculada a la infraestructura existente”, dijo Mustafa.

Agregó que se necesitará una próxima generación de agricultores para poder mover la balanza.

“No será importante para ellos hasta que tengan una crisis de salud, allí es cuando se darán cuenta de que algo sucedió y tendrán que ponerle mucha más atención”, señaló Mustafa.

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