Adoctrinado en silencio por el odio

Patrick Crusius fue criado con ‘amor’; sin embargo, la teoría de supremacía blanca lo motivó a realizar una masacre contra mexicanos en El Paso

The Washington Post
domingo, 18 agosto 2019 | 06:00
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Allen, Texas — Patrick Crusius observó cómo los extensos suburbios del norte de Dallas, donde creció, cambiaron drásticamente en el transcurso de su corta vida. El número de residentes hispanos se disparó, mientras que la población anglosajona decayó de casi el 80 por ciento a poco más de la mitad. La diversidad floreció en todo el condado de Collin, en sus restaurantes, tiendas, vecindarios y en las escuelas públicas, donde una escuela preparatoria dio la bienvenida a una nueva unión de estudiantes afroamericanos y un centro de oración para musulmanes y otros grupos.

Las autoridades creen que Crusius, de 21 años, notó de cerca el cambio y pasó incontables horas en Internet estudiando la teoría de la supremacía blanca conocida como “el gran reemplazo”. 

Luego, después de salir con familiares el fin de semana pasado, se subió a su automóvil con un rifle de asalto que recientemente adquirió e hizo el viaje de 10 horas a El Paso, donde, según las autoridades, baleó fatalmente a 22 personas e hirió a docenas más en un centro comercial el sábado 3 de agostocerca de la frontera mexicana para detener “la invasión hispana de Texas”, según un comunicado que la policía cree que publicó en línea poco antes del ataque.

El viernes, la Policía dijo en una declaración incluida en una orden de arresto que Crusius tenía una clara intención de lo que iba a hacer. En la declaración, obtenida por The Washington Post, los detectives estipulan que les disparó a múltiples víctimas inocentes y que había estado cazando “mexicanos”.

Crusius se rindió después de los disparos cuando la Policía encontró su automóvil en una intersección cercana. El detective de la Policía de El Paso, Adrián García, escribió que Crusius salió del auto con las manos en el aire y declaró: “Yo soy el tirador”.

Al parecer Crusius fue adoctrinado en silencio pero a fondo en teorías racistas en sitios web como 8chan, donde la Policía cree que publicó una misiva tratando de explicar su odio, fue un completo shock para los miembros de su familia en el condado de Collin, según Chris Ayres, un abogado que representa a la familia. Había estado con su hermana gemela, Emily, sólo dos noches antes del tiroteo, y no dio señales de que algo inusual estuviera pasando en su vida, dijo Ayres. Sus abuelos, con quienes vivió hasta hace unas seis semanas cuando asistía a la Universidad Collin, dijeron que siempre era bienvenido en su casa y que nunca tuvieron problemas con él.

“Todo esto pareció salir de la nada”, dijo Ayres, y agregó que Crusius ocasionalmente hablaba sobre historia y los acontecimientos actuales, pero que nadie pensaba que sus opiniones eran inusuales. “No había opiniones políticas que dieran pie a candentes discusiones”.

Los padres de Crusius, Bryan, un terapeuta, y Lori, una enfermera de admisiones de hospicio, dijeron en un comunicado esta semana que están devastados, creyendo que las acciones de su hijo “aparentemente fueron influenciadas por personas que no conocemos, y por ideas y creencias que no aceptamos ni aprobamos, de ninguna manera. Fue criado en una familia que enseñaba amor, amabilidad, respeto y tolerancia, rechazando todas las formas de racismo, prejuicio, odio y violencia”.

Lori Crusius llamó a la Policía hace varias semanas cuando se dio cuenta de que su hijo estaba en proceso de obtener un rifle de asalto, dijo Ayres, y señaló que su llamada era simplemente “informativa”. Ella quería saber si él podía legalmente tener un rifle de asalto, lo cual, en apego a la ley, le estaba permitido.

Ayres dijo que no había indicios de por qué quería el arma, Crusius ocasionalmente iba al campo de tiro con su padre, y que su madre no tenía “absolutamente ninguna preocupación por la violencia o amenaza inminente”.

Los investigadores están indagando si Crusius podría haberse radicalizado en línea, donde dicen que afirmó haber pasado casi ocho horas al día. Pero amigos y ex maestros y compañeros de clase dicen que él también podría haberse endurecido por las cambiantes tensiones en su propia comunidad.

Muchas personas aquí describen a la comunidad diversificada de una manera abrumadoramente positiva, hablando de un lugar que ha prosperado con los recién llegados que han acudido en masa por trabajos abundantes y buenas escuelas.

Pero algunos dicen que tales cambios también han dado pie a una reacción violenta.

Sisilen Simo, de 19 años, graduada de Liberty High School, dijo que tuvo que aguantar los comentarios racistas de maestros y estudiantes por igual y que finalmente le llegó la inspiración de crear una Unión de Estudiantes Afroamericanos en la escuela en el 2017. Después de la victoria del presidente Donald Trump, los estudiantes comenzaron a aparecer en la escuela con camisetas y sombreros que portaban el lema “Hagamos que Estados Unidos Sea Grande otra Vez” y comenzaron a hacer bromas citando las posiciones políticas del presidente. Simo dijo que comenzó a escuchar charlas sobre la construcción del muro y de prohibirles la entrada al país a los musulmanes que, según ella, hicieron que ella y otros estudiantes de color se sintieran incómodos.

“Entonces, cuando escuché que el chico que llevó a cabo el tiroteo en Walmart había estado en mi escuela, una parte de mí se sorprendió”, dijo Simo. “La otra parte decía, ‘Esto es América’”.

Cuando Crusius estaba en la preparatoria, algunos estudiantes lo acosaban, dijeron sus amigos; Un amigo dijo que un grupo de estudiantes de habla hispana lo acosaba en los pasillos. Los grupos de supremacía blanca abundaban en el campus de su universidad, donde repartían panfletos. Y un funcionario público del área dijo haber recibido amenazas y diatribas racistas de personas que no reparaban en incluir sus nombres y domicilios reales.

Michael Phillips, profesor de la Universidad Collin e historiador de las relaciones raciales en la región de Dallas-Fort Worth, dijo que algunos habitantes continuaron adoptando sentimientos racistas.

Poco después de las elecciones del 2016, un panfleto en una ciudad del condado de Collin advertía a “musulmanes, indios, afroamericanos y judíos” a que se fueran de Texas y que “regresaran a los lugares de donde habían venido” o tendrían que enfrentar “la tortura que comenzaría a partir de ahora”. Mientras Crusius era estudiante en la Universidad Collin, aparecieron algunos volantes en el campus y en los buzones de correo del condado que hablaban de los peligros que representan los inmigrantes, argumentando que eran propensos al crimen y una amenaza para las mujeres anglosajonas. Phillips recordó que otros volantes advertían sobre el daño causado por las parejas interraciales.

Esta semana, mientras el norte de Texas se cocía bajo el sol de verano, Mario César Ramírez se sentó en la pequeña nevería, de la cual es propietario y que se ubica a pocos kilómetros de la casa donde Crusius pasó su infancia —con un menú en español de paletas de hielo mexicanas y postres tradicionales— y contempló las raíces de El odio de Crusius.

“Vio que la mayoría comenzó a desvanecerse, a disminuir”, dijo Ramírez, quien abrió su primer negocio, una panadería, cuando tenía 23 años y ahora dirige una cadena de taquerías. “Comenzó a ver más panaderías y taquerías... y cuando fue a la preparatoria, esto se había convertido en un crisol cultural”.

Hace años, cuando Ramírez solía dejar a su sobrino, que era unos años mayor que Crusius, en el cercano programa Head Start, notó la gran diversidad de los niños en edad preescolar y dijo que esperaba que crecieran para ser amigos. Pero su idea de un país acogedor e inclusivo “cambió para siempre” en el 2016 con la elección de Trump.

“Las cosas que el Sr. y la Sra. Smith solían sólo pensar, ahora podían hablar de ello”, dijo. “Cuando vayas al cine lo oirás, ‘Aquí vienen los malditos mexicanos’. Lo he sentido. Lo he escuchado”.

Crusius, dijo, parece haber sido de alguna manera un síntoma de ese fenómeno, parte del grupo que ahora siente que puede “decirnos abiertamente: ‘No nos agradas; no eres bienvenido’”, dijo Ramírez.

A pocas cuadras, Uriel Trujillo sonrió cuando habló sobre la diversidad de los clientes que frecuentan el restaurante mexicano que su familia abrió en 1976. Dijo que cuando decidió agregar menudo al menú hace unos años, estaba nervioso por cómo sería recibido.

“Pero ahora veo gente anglo comiendo, veo gente africana comiendo”, dijo Trujillo, recordando que un cliente anglosajón de San Antonio y un cliente afroamericano de Luisiana le dijeron por separado que les recordaba a su hogar. “Ahora vendemos al menos un plato todos los días”.

Sin embargo, Trujillo también piensa en el acoso que ha experimentado su hijo de 13 años en la misma escuela preparatoria a la que asistió Crusius. A veces ha venido a casa llorando, quejándose de que otros estudiantes le preguntan: “¿Eres ilegal?”

La población del condado de Collin, al norte de Dallas, se ha crecido a más del doble desde el año 2000, a más de un millón en el 2018, según datos del censo de Estados Unidos. Dicho crecimiento —impulsado en gran parte por la llegada de nuevos negocios, incluidos Toyota, Liberty Mutual y la aseguradora de propiedad comercial FM Global— ha generado una mayor diversidad. Luego que el condado experimentara un auge empresarial y de vivienda, la población anglosajona decayó del 77 por ciento en el año 2000 al 56 por ciento en el 2018, mientras que la población hispana se triplicó, del 10 por ciento de los residentes del condado al 15 por ciento.

“Es un microcosmos de Estados Unidos”, dijo Harry LaRosiliere, el primer afroamericano en resultar electo alcalde de la ciudad más grande del condado, Plano. En el 2017, LaRosiliere fue desafiado por un oponente que prometió que “Plano seguiría siendo un suburbio”, lo que, según LaRosiliere, fue un “llamado” para algunos habitantes que quieren que la ciudad siga siendo el suburbio anglosajón y acaudalado que conocían. Sus críticos lo niegan, diciendo que sus preocupaciones son por preservar un “estilo de vida suburbano” y que eso no tiene nada que ver con la raza o el origen étnico.

Amigos y compañeros de clase dijeron que Crusius, quien tiene un hermano mayor a parte de su hermana gemela, creció como un niño un tanto extraño y solitario que amaba las serpientes y jugaba videojuegos como Halo. Tenía dificultades para interactuar socialmente y tenía aversión a los ruidos fuertes —especialmente a la música. Sus padres tuvieron un matrimonio problemático que se vio empañado por la adicción a las drogas y el alcohol de Bryan, el padre de Crusius, quien habló de ello en un diario que él mismo publicó en el 2014.

En el 2013, Patrick Crusius se inscribió en la Liberty High School, donde su madre, Lori, enseñaba ciencias de la salud. Renunció a su puesto de maestra en junio de 2014 para volver a ser enfermera, y su hijo finalmente se inscribió en la Plano Senior High School, donde sus compañeros de clase dijeron que era acosado.

Allison Pettitt, una compañera de clase, dijo que vio a Crusius siendo empujado por los pasillos e “insultado por algunos de los chicos hispanos”. Ella dijo que el acoso escolar era común en la escuela y que los maestros a menudo lo ignoraban.

“Comenzó a deprimirse a finales del tercer año”, dijo Pettitt. “Comenzó a usar una gabardina para ir a la escuela y se volvió más antisocial y retraído”.

Lesley Range-Stanton, portavoz del distrito escolar de Plano, se negó a comentar si Crusius había sido acosado, citando la privacidad de los estudiantes.

En el otoño del 2017, Crusius se inscribió en una universidad comunitaria local, la Universidad Collin, imaginando que algún día podría tener una carrera en Desarrollo de Software.

“No estoy realmente motivado para hacer nada más de lo necesario para sobrevivir. Trabajar en general apesta, pero supongo que una carrera en desarrollo de software me conviene”, escribió en su perfil de LinkedIn.

Pero de acuerdo con la misiva publicada en línea justo antes del tiroteo, se desilusionó cada vez más. Los compañeros de clase dijeron que murmuraba a solas en clase.

Luego compró un arma hace varias semanas.

No está claro cuánto tiempo Crusius podría haber estado planeando el tiroteo masivo del que se le acusa, pero se mudó de la casa de sus abuelos unas seis semanas antes del tiroteo, y parece que escribió un ensayo en línea un poco antes del ataque, publicando una laberíntica diatriba tomando prestado el lenguaje y las ideas de la propaganda supremacista blanca y repitiendo las ideas que Trump ha empleado para hablar sobre una “invasión” minoritaria.

En esa declaración, supuestamente dijo que “los hispanos tomarán el control del gobierno estatal y local de mi amado Texas” y finalmente destruirán el país.

Después de su viaje de 10 horas a la frontera mexicana, la Policía dijo que se perdió en un vecindario y se detuvo en un Walmart porque tenía hambre. Luego supuestamente atravesó el estacionamiento de la tienda, disparando a los compradores con una mirada en blanco en su rostro. Al final de todo esto, 22 personas, incluidos ocho ciudadanos mexicanos, habían muerto.

Crusius es acusado de asesinato capital, y las autoridades federales están investigando la masacre como un posible ataque de terrorismo interno.