Un golpe de fortuna

‘Mantequilla’ Nápoles vivió en Ciudad Juárez sin lujos, pero rodeado de una familia que le brindó amor y cuidados

Jesús Ángel Rodríguez / El Diario
domingo, 18 agosto 2019 | 06:00
Gabrial Cardona / El Diario | Iván Navarro acomoda una pintura de su padre en la pared con sus reconocimientos

‘Mantequilla’ Nápoles se ha ido y las tardes de sus vecinos en la colonia Partido Romero ya no volverán a ser iguales. Extrañarán su figura encorvada por el peso de sus 79 años.
Ya no lo verán sentado sobre aquel banco de madera al pie de la ventana de su casa, en donde le gustaba pasar horas platicando anécdotas y fumando plácidamente puros cubanos.
Ubicada en el 174 de la República de Chile, en la vivienda en la que el pugilista pasó la última década de su vida sólo quedan los recuerdos de sus días en familia.
A pesar de ser una casa espaciosa, limpia y bien acondicionada, donde no hay lujos pero tampoco carencias, sin la presencia del pugilista se respira tristeza.
“Mi papá estuvo rodeado por una familia que lo amó y que él amó; así fue nuestra vida al lado del legendario boxeador, como mucha gente le dice, ya que para nosotros, sus hijos y para mi madre, que fue su esposa, fue un hombre, un padre, un esposo, sólo eso”, comentó Iván Navarro, uno de los cuatro entenados de ‘Mantequilla’.
Una de las tres recámaras con baño se acondicionó hace algunos años para facilitar la rutina de cuidados para el campeón.
Sobre el largo pasillo que antecede la puerta al patio lucen fotos y reconocimientos que recibió ‘Mantequilla’ y una pintura de él calzando unos guantes en color negro.
“Mi papá le llegó a comentar a mi mamá, en más de una ocasión, que él no se quería ir de esta casa, que a ella nunca la iba a dejar hasta que la muerte los separara. Él quería morir aquí en Juárez, al lado de la mujer a la que amaba, como se lo decía a todo mundo”, recordó Iván.
Cuando José Ángel Nápoles y Bertha Navarro iniciaron su relación junto a sus cuatro hijos vivieron en casas de renta. La primera se ubicaba en Villas del Valle.
De ahí se mudaron a la calle Manuel Abasolo y 16 de Septiembre, hasta hace 11 años que encontraron el lugar perfecto sobre la República de Chile para comprar y establecer definitivamente su hogar.
“La casa estaba en ruinas, pero poco a poco se fueron arreglando las paredes, el techo, los pisos. Fueron como cinco años de estar pagando renta hasta que se llegó al acuerdo y mis padres la compraron. Los papeles están a nombre de mi mamá, ya que con ella mi papá duró más de cuatro años casado legalmente”, señaló Navarro, quien trabaja en el departamento de bomberos.
En octubre de 2018 la familia tomó la decisión de que ‘Mantequilla’ se fuera a vivir un tiempo con sus hijos biológicos, debido a que la señora Bertha se enfermó y presentaba algunas crisis que le impedían atenderlo.
“Mi mamá habló con Pedro (Nápoles) y se le pidió que nos ayudaran con el cuidado de nuestro papá. En un primer momento no quisieron, pero unos meses después nos hablaron para que lo lleváramos. Estando allá se enfermó y no quisieron que lo regresáramos a Juárez porque según dijeron, allá hay mejores médicos. Nosotros accedimos, pero al paso del tiempo ellos dejaron de contestarnos las llamadas y cuando lo hacían nos mentían”, dijo Iván.
El hijo menor del nuevo matrimonio de Nápoles aseguró que su papá recibía una pensión de Fundación Telmex y que sus hijos biológicos aprovechando su cercanía con personas ligadas al box en la Ciudad de México, cambiaron el número de tarjeta para ellos poder tener acceso a ese dinero.
“Cuando él llegó a la vida de mi mamá ya no tenía dinero y vivía en un hotel (Imperial). Él llegó a Juárez para entrenar a ‘La Cobra’ Soto, pero entraron en conflicto porque César no quiso que mi papá lo entrenara ya que no tenía nada qué aprenderle, por eso tomó sus cosas y se instaló en los baños Roma”, afirmó Iván.
Desde años antes de que ‘Mantequilla’ se fuera a vivir una temporada con sus hijos biológicos, aquí en Juárez una vez al mes un médico del IMSS, el doctor Pérez lo atendía a domicilio.
“Él era como un niño, por lo mismo de su enfermedad se le tenía que insistir para que comiera, además de que la comida que se le daba era toda licuada; tomaba muchos Ensure”, dijo el hijo.
“Ya no comía por sí solo, usaba pañal porque tenía problemas de próstata, ya no se paraba solo, mi mamá lo tenía que bañar, pero a pesar de todo eso, los últimos años de su vida aquí con nosotros los pasó feliz”, añadió.
Los servicios funerarios de José Ángel Nápoles se llevaron a cabo cerca del Teatro de la Ciudad, en la Ciudad de México y fue sepultado en el panteón Jardín, donde tienen perpetuidad la familia Nápoles Palencia.
“Siempre fue una persona que nos amó. Yo recuerdo que nos llevaba a la escuela y a la hora del recreo nos llevaba el lonche. Vivimos con él momentos muy bonitos, yo tengo recuerdos muy bellos de mi viejito”, expresó Iván.