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Recuerdan triunfo con marcador histórico de Diablos de El Paso

Es el juego con la puntuación más alta jamás jugado en las Ligas Menores

milb.com / Texas League

Eduardo Morán / El Diario

sábado, 01 agosto 2020 | 06:00

Corría el año de 1983 cuando los Diablos de El Paso y los Golden Gators de Beumont se midieron en el desaparecido Dudley Field la noche de un sábado 30 de abril, una noche que no fue como cualquier otra y que quedó plasmada en el libro de récords de la Liga de Texas por las marcas que ambos equipos registraron en el triunfo de los paseños 35-21 en nueve innings, según recuerda un artículo de Rob Terranova publicado en el sitio oficial de las Ligas Menores de Beisbol, milb.com

Y es que el Dudley Field por sus características singulares se prestaba para esa y otro tipo de historias, tanto dentro del diamante como en las gradas.

Ubicado a mil 220 metros (cuatro mil pies) sobre el nivel del mar, con el aire seco del desierto y fuertes vientos, todo combinado con las dimensiones del parque, hicieron del estadio una plataforma de lanzamiento para las pelotas de beisbol.

Casa de los Diablos de El Paso desde 1974 en la Liga de Texas, el también llamado ‘Dudley Dome’ era un sueño para los bateadores y una pesadilla para los lanzadores con sus 340 pies en los jardines derecho e izquierdo y con una barda verde de 36 pies de alto en el central.

Con todo eso, lo de aquella noche de abril aún es algo extraordinario en la historia del beisbol de las Ligas Menores. El juego con la puntuación más alta jamás jugado en el legendario circuito.

Los equipos se combinaron para 56 hits y 53 carreras impulsadas para romper los récords que habían estado vigentes desde el 15 de junio de 1902. Los 38 sencillos combinados establecieron otra marca de la liga.

Filiales Doble-A de los Cerveceros de Milwaukee y Padres de San Diego, respectivamente, El Paso y Beumont también se combinaron para ocho jonrones, 10 dobles y nueve errores. Tuvieron que echar mano de ocho lanzadores y de seis docenas y media de pelotas. El Paso anotó en cada entrada, ocho como equipo local, y Beaumont cruzó el plato en siete de los nueve episodios.

Y todo fue en nueve entradas y un tiempo de tres horas y 39 minutos, es decir, lo que dura cualquier juego normal de beisbol.

Mike Felder encabezó la ofensiva de los Diablos con nueve carreras impulsadas, la mayor cifra en su carrera, con solo dos hits. El veloz jardinero central pegó un Grand Slam y un jonrón de tres carreras, además de un elevado de sacrificio y... ¿un toque de sacrificio?

“Era temprano en el juego y teníamos un corredor en tercera. No estaba bateando muy bien en ese momento y estábamos abajo por una carrera”, dijo Felder. “Entonces pensé, ‘déjenme dejar este toque y tratar de vencerlo. Por lo menos, voy a impulsar una carrera y empatar el juego’. Y eso fue lo que sucedió”.

Conocido más por su velocidad y habilidad de robo de bases que por su poder con el madero, Felder admitió que cambió su enfoque en el plato esa noche para batear para las mallas. Y otra tradición del Dudley Field fue una gran razón por la cual lo hizo.

“En El Paso, cuando pegabas un jonrón, pasabas el casco por las gradas y los aficionados ponían dinero en él. Así que tratabas de quedarte allí lo más que pudieras y la gente vendría y pondría dinero en tu casco”, recordó Felder.

“Realmente no ganabas mucho dinero en los Menores en esos días, incluso menos que hoy, así que cuando vi a muchachos pegar jonrones y que les pagaban, pensé para mí mismo ‘déjenme obtener algo de dinero para la renta’. Era el último del mes, el alquiler debía pagarse al día siguiente. Así que intenté unirme a la fiesta”.

“Esa noche, Felder probablemente ganó un mes de salario”, recordó Jon Teicher, en aquel tiempo narrador de jugada por jugada en los juegos de los Diablos y hoy del basquetbol varonil y futbol americano de UTEP.

En 136 juegos en 1983, los Diablos anotaron más de 900 carreras o un promedio de aproximadamente siete por partido.

“Todo fue divertido, uno nunca estuvo fuera de eso en el Dudley Dome… que año tan eléctrico”, dijo Felder.

El 13 de junio de 1990, los Diablos se despidieron oficialmente del estadio, que fue demolido el 5 de noviembre de 2005 para darle más espacio al zoológico de El Paso.