El desplome del grandioso producto milagro

Paul Krugman / The New York Times
2018-04-21

Nueva York— Díganme que me detenga si han escuchado esto antes. Un candidato presidencial del Partido Republicano pierde el voto popular, pero de alguna forma acaba en la Casa Blanca de todos modos. A pesar de su dudosa legitimidad, sus aliados en el Congreso aprovechan la elección para aprobar a como dé lugar un enorme recorte fiscal que dispara el déficit presupuestal mientras que beneficia de manera desproporcionada a los ricos. Sin embargo, mientras los grandes dineros van a dar a los grandes ingresos, el proyecto de ley fiscal arroja algunas migajas a la clase media y los republicanos tratan de venderlo como una bendición para las familias trabajadoras.

Hasta aquí este recuento aplica por igual a George W. Bush y Donald Trump. Sin embargo, después la historia da un giro. Bush sí logró convencer: aunque la reforma fiscal de 2001 no fue abrumadoramente popular, fueron más quienes la aprobaron que quienes la desaprobaron, además le brindó al Partido Republicano al menos un modesto estímulo político. No obstante, el recorte fiscal de Trump no fue popular desde el comienzo; de hecho, es menos popular que los últimos aumentos de impuestos.

Además, este recorte fiscal no parece estar ganando más apoyo con el tiempo. La mayoría de los estadounidenses dicen no ver ningún efecto positivo en sus sueldos. La aprobación pública de este recorte fiscal parece, en todo caso, estar disminuyendo en lugar de aumentar y los republicanos casi han dejado de mencionar este proyecto de ley en el curso de la campaña.

Esto nos lleva a la pregunta: ¿Por qué el “producto milagro” ya no se vende como antes?

En el pasado, la hipocresía del déficit era un arma importante en el arsenal político del Partido Republicano. Ambos partidos han hablado sobre la responsabilidad fiscal, pero sólo los demócratas la practicaron, realmente pagando por iniciativas políticas como Obamacare. Sin embargo, a los demócratas se les castigó por hacer lo correcto —recuerden “¿están tomando 500 mil millones de Medicare”?— mientras que los republicanos aparentemente no pagaron ningún precio por su cinismo. Los electores se centraron en el dinero adicional en sus bolsillos, ignorando las consecuencias a largo plazo de los recortes fiscales para los ricos.

 

¿Qué cambió en esta ocasión?

No creo que sean los detalles específicos de la política fiscal. Bush y Trump impulsaron enormes recortes fiscales a los ricos con lo que equivalía a la oferta de recortes promocionales para algunas familias de clase media. Si observan los cálculos de la distribución de sus recortes fiscales por ingreso familiar, los recortes de Bush y Trump se ven bastante similares.

Sin embargo, los antecedentes políticos son muy diferentes. Por un motivo, en el año 2000, Estados Unidos tenía un superávit presupuestal y la deuda había estado disminuyendo en relación con el PIB, lo cual hacía que las preocupaciones por los impactos fiscales a largo plazo parecieran remotas. De hecho, Alan Greenspan arguyó, de manera infame, que se necesitaba un recorte fiscal para evitar que Estados Unidos pagara su deuda demasiado rápido.

En cambio, Estados Unidos tuvo enormes déficits como resultado de la crisis financiera y los que protestaban más fuerte en contra de una inminente crisis de deuda eran los mismos que impulsaron un recorte fiscal de 1.5 billones de dólares. Por lo menos algunos electores parecieron notarlo e incluso lograron establecer un vínculo entre los recortes fiscales y los intentos republicanos de debilitar Medicare y Medicaid.

Además, sospecho, hay un par de temas específicos de Trump involucrados.

Bush, como recordarán, logró aprobar sus recortes fiscales desde el principio. Trump, por otra parte, se hizo pasar por populista —incluso afirmó que elevaría los impuestos a los ricos— y esperó hasta asumir el cargo para mostrarse como otro Robin Hood republicano que roba a los pobres para dárselo a los ricos. Esto tiene que estar creando algunos problemas de credibilidad.

Además, aunque el gobierno de Bush fue sistemáticamente engañoso en la forma en la que sustentó los recortes fiscales (y la guerra de Irak y la política ambiental y un largo etcétera...), sus engaños por lo general tuvieron que ver con presentaciones de los hechos selectivas y engañosas más que con absolutas mentiras. Trump y sus funcionarios no pueden darse el lujo de la sutileza; solo mienten, descaradamente, acerca de todo. De nuevo, puede que algunos electores se hayan dado cuenta.

Hay una cosa en particular que sospecho que hasta cierto punto se está haciendo evidente entre los electores, incluso si no conocen a fondo los detalles, se trata del optimismo absurdo de las promesas económicas de Trump. Las promesas republicanas de los beneficios de los recortes fiscales no sólo no coinciden con los cálculos independientes; se desvían tanto de los cálculos aproximados que parecen estar en otro universo.

De todos modos, la conclusión es que los recortes fiscales no convencen como antes. Esto nos deja preguntándonos, con qué, exactamente, se quedan los republicanos ahora para continuar.

Es cierto, los recortes fiscales quizá tengan menos que ver con los éxitos pasados del Partido Republicano de lo que muchos activistas del partido parecen imaginar. Otros factores fueron con frecuencia mucho más importantes. Sin embargo, esos otros factores tampoco son lo que solían ser.

Me refiero a que las promesas de ser los defensores de los valores familiares han perdido su fuerza en parte debido a que la gente se ha vuelto mucho más tolerante socialmente —¡ahora los estadounidenses apoyan el matrimonio entre dos personas del mismo sexo por mayoría de 2 a 1!— y en parte debido a que puede que el actual residente de la Casa Blanca sea el peor hombre de familia de Estados Unidos.

Las promesas con banderas ondeantes de ser más patriotas que los demócratas funcionaron bien para Reagan y Bush, pero son mucho más problemáticas para un Partido Republicano que se ve cada vez más como el partido de Putin.

A pesar de ello, los republicanos no deben desesperarse. Después de todo, siempre podrán recurrir al racismo. Dado que el recorte fiscal está perdiendo fuerza, auguro que veremos muchos llamados implícitos —y explícitos— al racismo en los meses futuros.

 

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