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Rediseñemos los estacionamientos

Cecilia Ester Castañeda
Escritora | Jueves 29 Noviembre 2018 | 00:01:00 hrs

Los estacionamientos de los centros comerciales, me parece a mí, son cosa aparte.

Tradicionalmente han sido insuficientes respecto al número de locales. No ha dejado de sorprenderme, al menos en Ciudad Juárez, cómo en la mayoría de los conjuntos de establecimientos nuevos —especialmente en donde todas las tiendas tienen fachada hacia afuera— se desafían las leyes de la física con cajones que parecen diseñados para vehículos chicos con guiadores expertos en hacer maniobras milimétricas mientras en cualquier momento por todas partes pueden llegar otros aparentemente con mucha prisa.

Siempre me ha dado la impresión de que los centros comerciales son islas sin relación alguna con el resto de la ciudad. Porque, dígame usted, ¿cómo se explican estas construcciones pensadas ignorando el número de vehículos en las calles y de clientes en automóvil capaces de visitar en un momento dado los establecimientos? Si para estacionarse sólo se ofrece acceso a espacio limitado, digo yo, entonces imposible que le vaya bien a los locales. 

Esto no ocurre sólo en los edificios de mayor antigüedad. Últimamente sorprende en la frontera el número de centros comerciales erigidos, en mi opinión, con cajones insuficientes. Y lo comento sin conocer el giro de los locales. En ocasiones, basta ver su superficie para deducir que se está dejando muy poco espacio a los vehículos de la clientela. Se trata de sacar el mayor rendimiento posible por metro cuadrado, supongo. Entonces ve uno establecerse negocios como restaurantes, gimnasios o cines y el panorama luce todavía más grave.

Quizá se deba a los nuevos tiempos. En Estados Unidos, por ejemplo, ya pasaron su mejor época los centros comerciales bajo techo, los denominados “malls”. Aquí se nota el cambio en el surgimiento cada vez más común de locales construidos en lo que antes fuera estacionamiento para los clientes. Claro, su ubicación independiente les brinda mejor visibilidad y acceso más rápido. Sin embargo los establecimientos por fuera también están haciéndose en malls con problemas añejos de espacio vehicular o que nunca lograron llenar los locales de sus pasillos.

Obviamente la prohibición local de cobrar por el estacionamiento ha repercutido en los ingresos de los centros comerciales. El debate está en curso: el costo de las medidas de seguridad vs. el ejemplo de los malls paseños. Al parecer, algunos lugares han resuelto el dilema construyendo en espacios antes destinados para los vehículos. Sólo que esto está ocurriendo en un momento cuando se ha disparado el número de automóviles en Ciudad Juárez.  

Insisto, parece que los centros comerciales operan en un mundo paralelo, ignorando las condiciones y necesidades fronterizas.

Por ejemplo, en una ciudad con serios problemas de inundaciones y baches, en una época de cambio climático cuando se avizoran episodios más frecuentes de lluvias torrenciales, el agua de la mayoría de los estacionamientos de los centros comerciales va a dar a la calle. Dado que dichos espacios suelen ser superficies poco permeables contiguas a vialidades muy transitadas, ¿no sería mejor controlar esa agua de escurrimiento canalizándola a jardineras en vez de permitir que contribuya a los encharcamientos y deterioro del pavimento? 

Con un detalle aparentemente tan sencillo, dicen los expertos en sustentabilidad, además se mejoraría la imagen urbana, se combatirían las islas de calor, la pérdida de biodiversidad y las enfermedades respiratorias.

Algunos centros comerciales tienen cierta infraestructura verde en sus espacios exteriores, pero son pocos. Yo creo, para empezar, que por reglamento en cada estacionamiento comercial debería haber por lo menos un árbol o una jardinera. Quizá sea pedir demasiado en una ciudad donde muchas veces los cajones para vehículos se comen hasta a las banquetas, pero, por favor, las cadenas locales de minisúperes y supermercados —sí, Del Río y Smart— podrían poner el ejemplo.

Tal vez los centros comerciales sean más bien reflejo de una ciudad en cuya planeación han privado el aislamiento, la anarquía y la falta de respeto. Pero, como cada ámbito de nuestra vida en común, es hora de que se adapten a las nuevas condiciones urbanas. Eso incluye replantear el diseño y servicio de sus estacionamientos.   



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