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El sexenio que se acaba (I)

Sixto Duarte
Analista | Martes 27 Noviembre 2018 | 00:01:00 hrs

El próximo viernes 30 de noviembre concluye el gobierno de Enrique Peña Nieto, para dar paso al inicio de la Cuarta Transformación, misma que tendrá lugar a partir del inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Como cada seis años, el inicio de un nuevo gobierno –y, especialmente, aquellos que surgen de la alternancia– genera en los mexicanos una percepción de frescura, regeneración, y esperanza. Pensamos que a partir del nuevo gobierno, las cosas cambiarán drásticamente en México, y que por fin “nos hará justicia la Revolución”. Desafortunadamente, al concluir cada gobierno, surge una percepción de inconformidad, decepción, y rechazo al gobernante que se va. Es natural, el ejercicio del poder es desgastante, máxime cuando se tienen que tomar decisiones complejas, pero necesarias.

Hace seis años, al iniciar el gobierno de Enrique Peña, la sociedad exigía seguridad; estimo que uno de los principales motivos que llevaron al PRI a recuperar el poder después de doce años de gobiernos panistas, fue precisamente su capacidad de vincular la marca a la seguridad. Nunca en México habíamos tenido episodios de tanta violencia como surgieron durante el gobierno de Calderón. Ahí, el PRI hizo su apuesta, y de la mano de un candidato carismático, logró llegar al poder. Desafortunadamente, la violencia no se erradicó durante el gobierno que termina esta semana.

Al terminar el gobierno de Peña, como sucede siempre al terminar una administración, se analizan los resultados de ese ejercicio gubernamental. Desafortunadamente, los balances no son objetivos, pues la crítica al Gobierno saliente siempre será mala. Hoy, después de seis años de concluido su gobierno, se puede apenas empezar a analizar objetivamente los resultados del gobierno de Calderón. Lo mismo pasa con el gobierno de Fox. La política, la polarización, e incluso el fanatismo, impiden una crítica objetiva a los gobiernos salientes. Es el tiempo el mejor juzgador cuando se trata de estudiar balances de gobierno.

Es al gobierno de Fox al que le debemos mayor apertura para hacer una crítica a la investidura del presidente. Si algo fue Fox en su momento, fue ser promotor de la crítica, pues aparentemente nunca la reprimió, como se dio en otros escenarios. Es a partir de esa libertad que encontramos al presidente más criticado de la historia, que es precisamente Enrique Peña Nieto. Las redes sociales, las comunicaciones, así como la velocidad que ha tomado la noticia, han hecho de Peña, blanco de todo género de críticas, algunas muy frívolas (que si tartamudeó en esto, que si usó calcetines de distinto color, etc.) y otras con mayor sentido (casa blanca, Ley de Seguridad Interior, etc.).

Las redes sociales (las ‘benditas’ redes sociales, diría el presidente electo) han servido para muchas cosas, entre ellas, para hacer crítica al Gobierno, e incluso, para promover insultos, odio, violencia, y todas aquellas situaciones que vienen a evidenciar lo más primitivo del mexicano. Cualquier que haga uso de las redes sociales, se dará cuenta que lo que digo, no es mentira.

A partir del uso de estas herramientas, se generó una percepción de que en México todo está mal, y de que el culpable de que todo esté mal, es precisamente, Enrique Peña Nieto. Para mi gusto, el gobierno de Peña queda mucho a deber a la sociedad, principalmente en temas de seguridad, pero entrega también resultados en muchísimas áreas de la administración. Sin embargo, como dijo el periodista Ricardo Alemán (Milenio, “Por culpa del Pinche Peña”, 3 de agosto de 2017) es políticamente incorrecto reconocer cualquier logro al gobierno de Peña, pues la moda es insultarlo, sin importar que haya cifras que nos digan que estamos mejor que hace seis años. La gente odia a Peña, y muchas veces, ni siquiera entiende por qué. El pueblo, después de todo, no es tan sabio como dice López Obrador.

Respecto al gobierno de Peña, creo que debemos empezar enumerando lo malo. En primer término, tenemos que la violencia y los altos índices de inseguridad siguen siendo el principal fracaso de su gobierno. En la mayor parte del país, no se recuperó la seguridad como se planteó al inicio de su gobierno. Siempre se ha dicho que la primera función del gobierno es garantizar seguridad para sus gobernados. En este rubro, la violencia al parecer siguió la misma tendencia del gobierno de Calderón. Creo que en este sentido, bien vale la pena referir un logro de su sexenio, que fue la captura de “El Chapo” Guzmán, tarea que no pudieron cumplir ni Fox ni Calderón.



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