De política y cosas peores | Una historia de maldad y de rencor | Opinion

Opinión

Diario.mx: Edición Cd. Juárez, Chihuahua, México | Últimas Noticias
Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

Miércoles 12 Diciembre 2018 | 

5

47

38

Secciones

Miércoles 12 Diciembre 2018 | 

5

47

38

Buscador | Diario.mx
Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario


De política y cosas peores | Una historia de maldad y de rencor

Armando Fuentes
Escritor | Martes 27 Noviembre 2018 | 00:01:00 hrs

Ciudad de México.- "Nadie salga de aquí. El collar de esmeraldas de mi esposa ha desaparecido". Esa frase como de novela policiaca hizo que todos los invitados a la cena se paralizaran. Poco antes la señora de la casa les había hablado a sus amigas de la preciosa joya que su marido le había regalado en su cumpleaños. Ellas pidieron verla. Subió la anfitriona a su recámara para traerla y halló abierto el cajón de su tocador y vacío el estuche donde el collar venía. "Perdonen, amigos míos, pero esa prenda es de alto precio y no puede desaparecer así como así. Alguien que está entre nosotros la tomó, y debe entregarla antes de que se le descubra. Voy a apagar las luces de la sala, de modo que todo quedará completamente a oscuras. La persona que tomó el collar puede ponerlo sobre la mesa de centro y regresar a su sitio. No sabremos quién fue; ninguna averiguación se hará, y este desagradable incidente quedará zanjado". Ahora el suceso iba tomando cariz de película inglesa. Procedió el señor, en efecto, a dejar en tinieblas la amplia sala. Los invitados, en profundo silencio, aguzaron el oído por si se oían pasos. No se escuchó nada. Pasaron dos minutos que parecieron dos eternidades. El jefe de la casa volvió a encender la luz. Sobre la mesa no había nada. Dijo: "Lo siento, señores y señoras. Tendré que recurrir entonces a un penoso extremo. Pido a mi amigo don Ernesto, que está por encima de toda sospecha, que catee a los caballeros, y ruego a su señora esposa que revise los bolsos de las damas. Por favor, nadie se oponga a esta revisión. El collar tiene que aparecer". Un murmullo de enojo se levantó entre los invitados, pero nadie objetó la medida. En eso la señora se inclinó sobre su marido. "Un momento -pidió el hombre-. Mi esposa acaba de informarme algo que posiblemente aclarará esta cuestión". Se volvió hacia una de las invitadas y le preguntó con voz severa: "Señora: ¿subió usted al segundo piso y entró a nuestra alcoba?". "S-sí -balbuceó la interrogada, empalideciendo-. Subí porque iba al baño de invitados y Carola me dijo: 'Está ocupado, pero con toda confianza ve arriba y usa el de mi recámara'. Lo hice, pero yo no tomé nada". Habló el anfitrión: "¿Me permite revisar su bolsa?". "Hágalo". En medio del suspenso de los asistentes abrió la bolsa y miró en su interior. "Aquí está el collar", dijo. Y lo sacó. La mujer se demudó: "No sé. Les juro. Alguien.". Todas las miradas se clavaron en ella. Los invitados la veían con desprecio. Se escuchaban preguntas en voz baja: "¿La conoces?". "¿Quién es?". Dijo el marido: "Señora: no llamaré a la policía para evitar un escándalo en mi casa. Pero haga usted el favor de salir de aquí inmediatamente". La mujer, abochornada, tomó su bolso y se dirigió a la puerta. "Espera -la detuvo doña Carola-. No sé si recuerdes algo que sucedió cuando estuvimos juntas en la escuela. Tú eras rica, yo pobre. Se te perdió tu pluma Parker, aquella de lujo que te regaló tu padre, y me culpaste a mí. Dijiste que te la había robado. Me avergonzaste delante de nuestras compañeras. La maestra me echó del salón. El director llamó a mis papás, que debieron pasar también esa vergüenza. Después apareció la pluma: la habías dejado en tu casa. Pero el daño que me hiciste ya estaba hecho. Y ni siquiera te disculpaste nunca. Ahora las cosas han cambiado: a mí me ha ido bien, a ti no tanto, y quise que sintieras lo mismo que me hiciste sentir aquella vez. Por eso puse el collar en tu bolsa. Y ahora, como dijo mi esposo, haz el favor de salir de aquí". ¿Verdad que este relato no parece ya de novela policiaca o de film inglés? Es una historia de maldad y de rencor. Parece más bien de la vida real. FIN.



  • comentarios

Los comentarios que en la sección de arriba se vierten son responsabilidad de los participantes. Ayúdenos a mantener un intercambio de ideas sano denunciando, mediante un en el ícono de la bandera, cada participación que considere inapropiada. Si el comentario no cumple con LAS REGLAS, será eliminado. Consulte aquí el reglamento.

Bienvenido a nuestro servicio de comentarios. Lo invitamos a analizar, comentar y cuestionar los artículos y reportajes que publica El Diario. Para mantener un intercambio de ideas sano para todos nuestros usuarios, es necesario que siga las reglas que a continuación detallamos. Al participar en el servicio de comentarios usted acepta la aplicación de estas normas.

Usted acepta que es totalmente responsable por el contenido que publica.

No publicará intencionalmente contenido que viole el derecho de autor, marcas registradas, patentes o cualquier otra propiedad intelectual de una tercera persona.

No difundirá contenido difamatorio, obsceno o agresivo que viole el derecho de una tercera persona a la privacidad de acuerdo a las leyes municipales, estatales, federales o incluso internacionales o que sea considerado inapropiado. Indemnizará a Publicaciones Paso del Norte(*), sus empleados y empresas afiliadas de todas y cada una de las demandas y/o dátos (incluyendo, pero no limitándose a honorarios de abogados) que sean presentadas por terceras personas en relación con el contenido que usted publicó. No redactará contenido que discrimine a otras personas por su género, raza, origen étnico, nacionalidad, religión, preferencias sexuales, discapacidades o cualquier otra categoría.

Usted entiende y acepta que El Diario no es responsable por el contenido publicado por terceras personas.
Es de su entendimiento que en los foros de discusión, El Diario supervisa el contenido publicado y se reserva el derecho de eliminar, editar o alterar el contenido que parezca inapropiado por cualquier motivo sin pedir el consentimiento del autor. Nos reservamos el derecho de acuerdo a nuestro propio criterio de retirarle a un usuario el derecho a publicar contenido en nuestro sitio.

Entiende y acepta que los foros de discusión deben ser usados sin propósitos comerciales.
No solicitará recursos o apoyos económicos. No promoverá empresas comerciales o realizará actividades comerciales de ningún tipo en nuestros foros de discusión.

Usted entiende y acepta que el uso de cualquier información obtenida a través de los foros de discusión es bajo su propio riesgo.
El Diario de ninguna manera respalda el contenido que los usuarios difunden, y no puede ni se hará responsable de su veracidad.

Con cada contenido que usted publica, otorga a El Diario sin pago de regalías la licencia irrevocable, perpetua, exclusiva y totalmente sublicenciable para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados de, distribuir, realizar y mostrar dicho contenido en su totalidad o partes a nivel mundial y para incorporarlos en sus trabajos de cualquier modo conocido actualmente o desarrollado con posterioridad.







Inicie sesión con cualquiera de las siguientes redes sociales: