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El amigo inglés de Andrés Manuel

Jorge Fernández Menéndez/
Analista | Sábado 21 Abril 2018 | 00:01:00 hrs

Ciudad de México.— Jeremy Corbyn es el líder del partido laborista inglés. Es un personaje extraño en el mundo de la socialdemocracia europea. Es un poco populista, un poco alternativo, ha estado muy involucrado en la lucha de los mineros ingleses desde la época de Margaret Thatcher y también en la solidaridad con diversas luchas de América Latina. Hasta el triunfo del Brexit y del fracaso de personajes centristas con Tony Blair, Corbyn era, simplemente, un referente del ala izquierdista del laborismo. La derechización de la política inglesa le creó un espacio en el que terminó ganando el liderazgo del partido y de la oposición legislativa y lo tiene a un paso, de seguir las cosas así, de ser el próximo primer ministro de Gran Bretaña. Una suerte de Emmanuel Macron, pero volcado mucho más hacia la izquierda.

Hace poco menos de dos años, un empresario mexicano, Alfonso Romo, en visita por Londres, pidió una cita con el recién nombrado líder del partido Laborista. Le quería hablar de su candidato para las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador. Corbyn no sabía ni de Romo ni de López Obrador, pero conocía, vía sus relaciones estrechísimas con los sindicatos mineros de Gales, a un personaje que vivía en Vancouver, en Canadá. Era Napoleón Gómez Urrutia, que le recomendó a Corbyn que recibiera a Romo y se encontrara lo más rápidamente posible con López Obrador.

Así lo hicieron. López Obrador no habla inglés, pero no necesitó hablarlo. Corbyn habla perfectamente español: su segunda esposa, con

la que tuvo tres hijos, era chilena. Se divorció y se casó en terceras nupcias, en Oaxaca, con una joven mexicana, profundamente involucrada en organizaciones de defensa de derechos humanos, Laura Álvarez.

Corbyn y López Obrador se hicieron amigos. Corbyn invitó al ahora candidato de Morena al Parlamento británico, a Westminster. Los dos se tomaron algunas fotos que subieron a redes. A los pocos meses, Corbyn y su esposa Laura visitaron México. Su anfitrión fue López Obrador. Fueron a Palenque, donde también las fotos terminaron en las redes sociales. Pero en realidad nadie, ni en México ni mucho menos en Gran Bretaña, tomaron en cuenta esa relación hasta que, llegados a este 2018, Corbyn está a punto de convertirse en primer ministro británico y López Obrador tiene muchas posibilidades de ser presidente de México.

No es un tema menor o una simple anécdota de páginas sociales. La de Corbyn es quizás la primera y más importante relación que tiene López Obrador con alguno de los líderes del mundo desarrollado. Corbyn y Andrés Manuel tienen casi la misma edad, Jeremy es más liberal y un Andrés más conservador, pero la verdad es que se parecen: son un poco ultras en algunos temas, un poco o un mucho nacionalistas; los dos son simpatizantes de la Cuba de Castro y no reniegan de Hugo Chávez, y tampoco le hacen ascos a la política populista. Pero los dos tienen arrastre popular y saben llegar a la gente en un momento de crisis o desilusión. Ni la economía británica ni la mexicana están en crisis, pero el ambiente en ambos países es de desencanto y de un enojo que va más allá de la racionalidad de las realidades sociales y económicas. Y ambos han sido los beneficiarios de ello.

Imaginemos por un momento un mundo donde Donald Trump es presidente de Estados Unidos, Corbyn primer ministro de Gran Bretaña y López Obrador presidente de México. Sería un mundo con fuertes presiones proteccionistas y con discursos nacionalistas enfrentados a una realidad: una globalización, donde los tres países tienen intereses comunes indudables. La Alianza Atlántica está basada en el acuerdo de Estados Unidos con Gran Bretaña. Trump apoyó a los sectores más duros del Brexit, que son los más conservadores de ese país, pero Corbyn, que ha aprovechado la crisis de identidad, tampoco es un europeísta declarado: quiere un acuerdo con la Unión Europea, pero con limitaciones. Pero eso exige, por otra parte, sostener la relación especial que desde la segunda guerra mantiene Londres con Washington. Difícilmente habrá dos personajes más disímiles que Corbyn y Trump, pero tendrán intereses comunes desde las antípodas ideológicas que solo los pueden llevar a un acuerdo o a un enfrentamiento. Algo similar sucedería con López Obrador que, en el caso de que se den casi simultáneamente su elección y la de Corbyn, serían unos aliados que, hasta ahora, nadie ha tomado en cuenta a ambos lados del Atlántico, en un triángulo con la Unión Americana que ninguno puede desechar. Eso podría servir, una vez más, para establecer una nueva relación con Trump o, también, para sembrar la ruptura.

Lo importante en todo esto es que López Obrador, un hombre con pocas relaciones o interlocutores internacionales, ha encontrado en el líder laborista inglés al personaje que necesitaba, incluso salvando la barrera del idioma, para entrar, si llega a la Presidencia, al mundo de la diplomacia internacional sin intermediarios. Es un dato y una relación para tomar muy en cuenta.



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