Opinion

Gobierno escandaloso

Francisco Ortiz Bello

2017-02-28

Regularmente
 no es necesario negar una
 condición,
característica o situación 
porque, en los hechos, la misma realidad hace evidente lo que es y, por tanto, no es necesario negarla, aunque haya casos en los que, a pesar de que se niegue una y otra vez, lo que resulta evidente es lo que se niega.

Un poco complicada, y todo un galimatías, la reflexión anterior pero así mismo es de complicado y reburujado lo que ocurre en el gobierno del ‘nuevo amanecer’, que ha ido de escándalo en escándalo apenas a cinco meses del inicio de su gestión y se la ha pasado negando todo, pero metiéndose en camisa de 11 varas, cada que puede y, a veces, hasta cuando no puede.

Debo decir que a la hora de evaluar o juzgar a los partidos políticos, o a los políticos que gobiernan este país, al PAN se le mide con una medida distinta, diferente, al PAN se le pone la vara más alta, pero no por un capricho u ocurrencia míos, sino porque los mismos panistas se han encargado de presumir contra viento y marea, su alta moral, su intachable conducta (tanto en lo ético, como en lo político y lo personal), su integridad a toda prueba y su honestidad incuestionable. ¿O no?.

Son pues, los mismos émulos de Gómez Morín quienes, con sus constantes posturas y presunciones, los que se han encargado de hacerse de esa fama que hoy, a los integrantes del nuevo amanecer, les pesa como losa. Bueno, hasta un código de ética colgaron en las oficinas de Gobierno, en lugar de la trillada fotografía oficial del gobernante en turno.

Por eso es que la vara para medir a los blanquiazules es más alta, y más sólida, porque en base a sus mismas pretensiones, es que la sociedad espera cosas mejores y, en algunos casos, de verdad superiores que las del resto de gobernantes, pero lo cierto es que, en los hechos, las cosas no son como los panistas quisieran.

Los escándalos se han venido sucediendo uno tras otro. Desde el mismo día de la toma de protesta en la que un belicoso gobernador abría fuego contra los medios de comunicación.

Luego vinieron los paros de camioneros en la ciudad de Chihuahua. Las protestas por
el gasolinazo y la reacción autoritaria de un gobierno que es encabezado por quien antes se especializaba en actos de resistencia civil y protesta.

Más tarde, llegaron los “descubrimientos” o “revelaciones” sobre contratos millonarios con familiares, amigos o personajes muy cercanos a funcionarios del nuevo amanecer, apareciendo nombres como el de Riggs, Muñoz y Madero. Escándalo puro pues.

También se dio cuenta de un viaje a Nueva York, por una alta funcionaria estatal, en busca de artistas para el FICH, pero que en cinco días se gastó la friolera de 350 mil pesos. Y vino la defensa rabiosa de su tío Ramón Galindo, subsecretario de Gobierno en la Zona Norte.

Hemos visto licitaciones que no se hacen, que se cancelan, que son cuestionadas por los afectados, y los responsables ni se inmutan. Además de no dar la cara, ni explicaciones tampoco, terminan haciendo lo que quieren.

Luego vino el escándalo del exalcalde Carlos Borruel que, si bien puede tener su origen en los callos que ha pisado desde su llegada a la Coesvi, es decir, que sea un ataque político preconcebido, planeado y deliberado, no deja de ser un escándalo más que se suma a la larga lista de este gobierno.

Ahora, recientemente, nos enteramos de otro más. Un asunto laboral que parecía harto sencillo de tratar, entre la diputada Maribel Hernández y su asesora María Renée Barquet, amenaza con convertirse en otro escándalo más del gobierno panista que llegue, incluso, hasta el mismo gobernador del estado.

¿Terminarán algún día los escándalos? Pareciera que no. Pareciera que un sino malévolo y perverso persigue a los panistas en el gobierno, y no los deja gobernar en paz.

¿Es el de Javier Corral un gobierno de escándalos? Quizá no lo sea, quizá los escándalos obedezcan a eventos fortuitos o campañas de desprestigio, pero ¡ah cómo se parece a uno!.

 

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