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Nohemí: buena estudiante, alegre, tímida… y muy pobre

Luz del Carmen Sosa/Diana Vera
El Diario/El Telégrafo de Ecuador

2014-03-21

De no haber migrado, Jhoselin Nohemí Álvarez Quillay habría sido la abanderada en el Colegio Nacional El Tambo en recompensa a sus buenas calificaciones y excelente conducta. Sin embargo, sus padres insistieron en llevarla con ellos a Nueva York y pagaron 15 mil dólares para que ‘coyotes’ internaran a la niña de 12 años en forma indocumentada a Estados Unidos.
Los estudiantes ya fueron enterados de la muerte de la niña en el albergue para menores migrantes “La Esperanza”, ocurrida el 11 de marzo en Ciudad Juárez.
Henry, Antoni y Alex estudian en la escuela de la comunidad El Rosario, donde Nohemí cursaba el primer grado y quien, según sus compañeros, sería la abanderada del Pabellón Nacional de no haberse ido de viaje. Es decir, ella portaría el estandarte de la escuela por ser la más aplicada.
“Era buena estudiante, acholada (tímida) pero sí era alegre”, la describe Henry.  También recuerda que la niña era de cabello negro, grandes ojos oscuros, nariz pequeña y mejillas sonrosadas.
El grupo de estudiantes es entrevistado en El Rosario, una comunidad ubicada a unos 10 minutos del cantón El Tambo, provincia del Cañar, Ecuador.
Este país, ubicado en América del Sur, está dividido en 24 provincias —lo que en México se nombra estados— además de 221 cantones o ciudades y mil 500 parroquias o ejidos, como los identificamos aquí.
Los niños revelan datos importantes sobre los últimos dos años en la vida de la menor migrante.
“(Nohemí) no estaba en mi curso pero sí su prima Wendy Paguay Álvarez, quien ya está con sus papás en Estados Unidos”, dice Henry.
Los niños afirman que Nohemí y Wendy, emprendieron a mediados del año pasado un primer viaje, en el que no lograron llegar junto a sus padres, por lo que retornaron a su lugar de origen.
Las niñas compartieron con sus amigos que la aventura no fue nada agradable para ellas.
Henry dice que en las reuniones de la comunidad Wendy le había contado “que el viaje no era bonito, que era pesado porque le obligaban a hacer esfuerzo físico, que ellas ya no podía caminar”.

Ahora los niños migran a EU

“Ahora la migración ya no es de los viejos, ahora son los niños. Los papás les quieren llevar y no hay cómo decir nada”, dice Manuela Pinguil, una habitante de la comunidad El Rosario, ubicada en el cantón El Tambo, población ubicado en la sierra al sur de Ecuador.
En este pequeño sector, donde sus residentes pacientemente escuchan una radio que les informa cómo viajar a los Estados Unidos y en donde habitan unas 180 familias, nació Jhoselin Nohemí Álvarez Quillay, la menor de 12 años que se suicidó en el sanitario de un albergue de Ciudad Juárez.
Las viviendas de la zona muestran los cambios producidos por la migración.
Las casas grandes de cemento ocultan las pocas viviendas de adobe que se resisten a desaparecer en el sector y que dan cuenta de que se trata de una comunidad humilde.
Y en una de esas viviendas de adobe se observa una finca de dos plantas rodeada de chacras (plantas de maíz) y eucaliptos vive Sipriano Quillay junto a su esposa Jesús Guamán y sus cuatro nietos.
Ellos son los abuelos de Nohemí, su “castellano” no es claro por lo que prefieren comunicarse en idioma quechua, que proviene de la cultura inca.
El abuelo se muestra renuente a hablar de su nieta.
“Porque me vinieron a acusar por haber mandado a la niña”, se justifica y niega tal versión. Ellos, los abuelos, se opusieron a que Nohemí viajara, pero los padres tomaron la decisión y el resto de la familia, incluida la menor, la acataron, explica Sipriano.
El hombre mayor se dedica a las labores del campo que combina con el trabajo artesanal del zamarro, unas prendas rústicas de cuero similares a los pantalones que luego venden entre los lugareños.
Por eso en su patio se observan tendederos con cueros de ovejas y borregos que curte al sol.
Mientras trabajan, él y su esposa recuerdan a su nieta.
Hace diez años su hija Martha Violeta Quillay migró a Estados Unidos, en ese entonces su esposo ya residía en ese país. Desde entonces estaban separados de Nohemí y la querían con ellos.
La presión de los padres fue lo que según Sipriano hizo que Nohemí abandonará la comunidad en dos ocasiones.
“Yo sí dije, que en vez de que gasten 15 mil (dólares), gasten unos 8 mil para que salga una buena estudiante”, dice el abuelo que prefiere hablar en su lengua natal.
“Los padres mismos presionaron y dijeron que (nosotros) no apoyamos, por eso ellos arreglaron  todo (el viaje y el pago) desde allá”, dice.
Según el abuelo, Nohemí viajó por primera vez en julio de 2013. En ese viaje sólo alcanzó a llegar a Panamá, donde permaneció bajo resguardo de las autoridades migratorias por varios meses y luego fue deportada.
A su regreso a la comunidad El Rosario los abuelos sabían que la niña era buena estudiante y decidieron inscribirla al Colegio Nacional El Tambo, donde estudió por un par de meses.
Entonces los padres decidieron intentar nuevamente. Esta vez, ya con la mala experiencia sufrida, la menor dijo a sus abuelos que no quería irse. “Pero los papás presionaban”, afirma Sipriano.
El 6 de febrero, dice el abuelo, Nohemí abandonó nuevamente la comunidad. Para ese entonces, su prima y compañera del primer viaje Wendy Paguay Álvarez, ya había llegado a Estados Unidos y estaba con sus padres. En su caso los traficantes de personas sí tuvieron éxito.
Los abuelos dicen que una vez que Nohemí salió de El Rosario ellos no sabían dónde se encontraba, hasta que a través de una llamada, su hija les había indicado que la menor había fallecido.
“Nosotros ya sabíamos la noticia hace días”, dice la abuela.
Al igual que ya se habían enterado  la mayoría de los habitantes del cantón El Tambo y para quienes la muerte de Nohemí se suma a la de otros comuneros que fallecieron en su intento por alcanzar el sueño americano.
Para el cónsul de Ecuador en Monterrey, Francisco Torres Bueno, este es el primer caso de una menor migrante originaria de ese país que se suicida al ver frustrado su ingreso indocumentado al país del norte para reunirse con sus padres.
La migración de niños que viajan solos va en aumento, dice. 
“El Ecuador cree que no es ilegal la migración, tan es así que nosotros no pedimos visas a nadie para ingresar al país. La migración no es un acto ilegal, es un derecho que tenemos los humanos para transitar por el mundo”, asegura.
Pero en Estados Unidos hay limitaciones. “Que mejor que la Ley de Migración permitiera que se legalizaran los que ya tienen años viviendo en ese país, tanto mexicanos, centroamericanos, ecuatorianos”, dice.
Periodistas del diario El Telégrafo (www.eltelegrafo.com.ec) en Ecuador han documentado la existencia de comunidades de la Provincia El Cañar habitadas sólo por mujeres. Los hombres migraron a Estados Unidos y jamás regresaron.
Otro fenómeno documentado es que los migrantes envían dinero los primeros años, y con el paso del tiempo se olvidan de sus familias porque se casan o se unen a otras mujeres en los lugares donde empezaron una nueva vida; incluso las remesas dejaron de ser el primer ingreso de divisas al país.
Han publicado información relacionada con el programa que el gobierno ecuatoriano instrumentó, denominado “Bienvenido a Cada Casa”, mediante el cual ofrecieron hasta un vehículo para que la familia trajera todo el menaje en su regreso a Ecuador, algo similar a lo que el Gobierno de Veracruz ofreció a sus ciudadanos radicados en Ciudad Juárez, pero pocos aceptan.      
En la Provincia de Azuay, cuya capital es Cuenca, se estima que 500 mil personas migraron a Estados Unidos desde los años 60.
Pero el país del norte no es el único destino. Por ejemplo, en la Provincia Loja los ciudadanos han optado por migrar a España y el idioma es un factor que incide para que elijan ese país.
Pero quienes están enfrentando situaciones más complejas a causa de la desintegración familiar que trae consigo la migración son las niñas y adolescentes.
En los últimos años los ataques sexuales contra mujeres se han incrementado y las víctimas en su mayoría son hijas, hermanas o parejas de migrantes.
En el 2012 este medio de comunicación documentó que el caso de once profesores sujetos a proceso penal por la Fiscalía de la provincia del Cañar por agresiones sexuales a menores de edad.
Un catedrático fue condenado a 22 años de prisión por violación a cuatro niñas, cita un texto publicado el 12 de noviembre de 2012.
“Los ataques de los maestros se cometieron, supuestamente, en contra de niñas de diferentes instituciones educativas y cuyos padres están en el exterior como emigrantes. Esto ha incrementado los delitos sexuales en El Cañar hasta en un 75 por ciento y las principales víctimas son los menores de edad que quedan al cuidado de los abuelos, tíos, hermanos, e incluso de los vecinos, en algunos casos”, agrega.
Ante estos escenarios es que los padres radicados ya en Estados Unidos buscan unificar a su familia.
“Con leyes de migración más flexibles (los padres) podrían estar con sus hijos lo que tratan es de unificar a su familia y los hacen con extremo sacrificio porque tienen que pagar 10, 13, 15 mil dólares para cumplir con ese derecho de unificar a su familia”, dice el cónsul de Ecuador en México.  (Luz del Carmen Sosa/Diana Vera/El Diario/El Telégrafo de Ecuador)
lsosa@redaccion.diario.com.mx

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