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Twitter y el arte de contar buenas historias

The New York Times | Lunes 03 Septiembre 2018 | 18:51 hrs

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Descubrí a Nela García el 20 de agosto por la tarde, cuando tenía cerca de 3000 seguidores en Twitter. En el mensaje que habían retuiteado varias personas a quienes sigo contaba que había encontrado un móvil por la calle, cuya pantalla reproducía el selfi de una chica muerta. Después comenzaba un hilo en que el texto se iba combinando con las fotos, los pantallazos o los vídeos para sumergirte en una historia de hackers llena de misterio y acción.

En su perfil se definía así: “Hija de mi madre. Programadora por el día, gamer por las noches. The cake is a lie. 🎂⚡”. La clave estaba en la expresión y los emoticonos finales, que remiten al mundo de los videojuegos: la torta de mentira es la zanahoria o el macguffin que te empuja a seguir adelante en la resolución del enigma. La programadora y gamer Nela —supimos cuando acabó el relato el 26 de agosto y se descubrió el pastel— en realidad era “hija” de los narradores Manuel Bartual y Modesto García. En las imágenes habíamos visto a una actriz, la protagonista de #RedMonkey, la novela multimedia que acabábamos de leer.

“¿Cómo lo definiríais?”, les pregunto a ambos por teléfono. “A nosotros nos gusta llamarlo tuitliteratura”, responde Bartual, “el hilo es su formato, su género”.

Twitter introdujo la opción de crear hilos el 12 de diciembre del año pasado. La opción de publicar varios tuits a la vez, para construir un largo texto secuencial. La empresa respondía a la demanda de los miles de usuarios que durante el año anterior ya habían empezado a usar la posibilidad de encadenar tuits gracias a la respuesta. Así fue como Bartual y Adam Ellis inventaron, en agosto del año pasado, y con solo dos semanas de diferencia, una nueva forma de contar cuentos.



Los narradores Manuel Bartual y Modesto García crearon el personaje de Nela García, la protagonista de #RedMonkey, una novela multimedia en Twitter. Credit Cortesía de @nelagarnela

Ambos provienen del mundo de los cómics; ambos apostaron por una historia de fantasmas y ambos vieron cómo se volvía loco el contador de seguidores de sus perfiles. El relato “Dear David” provocó que Ellis ahora tenga un millón de lectores. Bartual llegó a los 450.000 durante aquellos días de vértigo y vacaciones con “El otro Manuel”: “Ahora estoy en unos 300.000. El descenso no me molestó en absoluto, es lo más normal del mundo. Es como cuando vas a ver una película: después la sala se queda vacía. Con Nela, Modesto y yo hemos conseguido 450 millones de impresiones y más de 150.000 seguidores, esa es nuestra taquilla”.

“Es curioso que funcionen tan bien las historias de fantasía y misterio, cuando precisamente se persigue hacer creer que el usuario-narrador está presentando un suceso real”, observa Daniel Escandell-Montiel, profesor de la Manchester Metropolitan University y autor de Mi avatar no me comprende. Cartografías de la suplantación y el simulacro. Y añade: “Cuando estas ficciones crecen lo hacen mediante el engagement, reproduciendo modelos clásicos de seriales diversos, vigilando mucho el tiempo, pero también buscando la conversación para enganchar al público”.

#RedMonkey ha destacado, precisamente, por su capacidad de seducción e interacción. Si “El otro Manuel” tiene la frescura de la propuesta pionera, que sorprende a propios y extraños por su extraordinaria repercusión (se metamorfoseó en una novela metanarrativa que cuenta precisamente ese éxito y le da una vuelta de tuerca), la nueva obra exprime las herramientas que pone al servicio del narrador la plataforma tecnológica, en el contexto de este 2018, cuando los pokémon go, los challenges y los cuartos de escape y misterio han ocupado el espacio que une o separa la imaginación mental de la acción física.

Las redes sociales no son gratis: las pagamos, y muy caras, con nuestra atención y con nuestros datos.

Nela pedía a sus lectores, en cierto momento, que fueran a un parque y le enviaran una foto que ella no podía realizar. Varios lo hicieron. Otro de los objetivos del relato con lógica de juego de pistas era descifrar el código que permitía visualizar un vídeo de Vimeo. La narración ofrecía al menos tres niveles simultáneos. Podía disfrutarse pasiva, activa e incluso incrédulamente. Fueron muchos los lectores que desde el principio se dedicaron sobre todo a descubrir a Bartual y a García detrás de su máscara femenina.

El impacto ha sido altísimo precisamente gracias a un doble desplazamiento en la autoría. Por un lado, hacia esa narradora ficcional que sale de la nada pero tiene un pasado rastreable. Por el otro, hacia un creador bicéfalo. Después de lanzar con Twitter y un equipo de veinte personas un “Cuento de Navidad” que tuvo menos repercusión de la esperada (“aunque 27.000 comentarios no están nada mal”), pero que le permitió experimentar “con todas las opciones técnicas de Twitter, incluso las que todavía no son públicas”, Bartual se dio cuenta de que “el público interesado en las ficciones que ofrecen las nuevas plataformas esperaba sorpresa, y en mi perfil era más difícil que yo pudiera generarla”.

En junio fue presidente del jurado del certamen de tuitliteratura de la Feria del Hilo, organizada por Twitter España en paralelo a la Feria del Libro de Madrid. El primer premio en la categoría de ficción lo ganó García. Así se conocieron: gracias al laboratorio en que ambos estaban experimentando. Enseguida comenzaron a trabajar en el proyecto conjunto: “Al principio solos, después con Ana de Castro, la actriz”, comenta García, “pero al final, por el Photoshop y los efectos especiales y los exteriores, acabamos siendo unas doce personas, con el apoyo de Samsung España”.

“Hemos generado en un año a un lector que ya identifica la ficción con Twitter”, apunta Emilio Pila, director de Estrategia de Marca de Twitter España, gracias a cambios técnicos como la ampliación a 280 caracteres o los hilos, “y a Manuel Bartual, que por suerte es español”.

Hace énfasis en que en la plataforma hay lugar para tantos nuevos conceptos de contenido como sus usuarios puedan imaginar. Los que más le interesan son aquellos que aúnan fidelización y negocio, “como los hilos, porque consiguen que la gente permanezca más tiempo en Twitter, y ese es un buen argumento de venta para la marcas”. Por eso esperan que pronto la tuitficción se popularice también en América Latina. Pila comenta que “sería estupendo que hubiera ficción en nuestra plataforma las veinticuatro horas, los siete días, para todo tipo de públicos”.

En el corazón del monstruo telerreal, algunos cuentacuentos inquietos han empezado a fabricar sofisticadas historias de ficción.

Las redes sociales no son gratis: las pagamos, y muy caras, con nuestra atención y con nuestros datos. Después de unos primeros años de fragmentación informativa, se ha impuesto el animal narrativo que somos todos los seres humanos. Aunque Storify cerró en mayo de este año, tanto Facebook como Instagram han hecho de las “historias” sus nuevos centros de atención. Los hilos son su equivalente en Twitter.

“En sus doce años de vida su foco ha sido el de ser la capa conversacional de internet”, comenta Pila. “Ocurra lo que ocurra, tiene que ser Twitter el lugar donde vamos a hablar sobre ello”, añade, “pero a la gente no sólo le interesa la información y la opinión, también le encanta que le cuenten historias, y si el hashtag era la hoguera alrededor de la cual se articulaba la conversación, ahora lo es el hilo, tanto para relatos de ficción como para artículos o crónicas”.

“¿Se plantean desarrollar Twitter Originals, en la línea de las producciones originales de Netflix, Youtube o Storytel?”, le pregunto. “El ‘Cuento de Navidad’ de Manuel Bartual fue una producción nuestra, en alianza con cinco marcas, y estamos ahora con un proyecto de cocina en directo, para el que nos hemos asociado con varios cheffs españoles“.

Pero lo que les interesa sobre todo es asegurar que en Twitter la audiencia puede encontrar el contenido de vídeo más relevante y que las marcas pueden asociarse al valor que les ofrece esa estrategia de vídeo en tiempo presente. La prioridad no es, por tanto, crear contenido original, sino crear alianzas entre productores y creadores. Por eso inauguraron en 2015 Niche, una suerte de LinkedIn de los creadores digitales, en que Twitter no actúa como agencia de representación, sino como estratega de difusión una vez que la empresa ha encontrado —gracias a ellos— al creativo que estaba buscando.

El pasado 30 abril se anunciaron oficialmente más de treinta acuerdos de contenido de vídeo, entre los que destaca uno con Disney. Y la semana pasada se hizo pública una alianza con Buzzfeed para lanzar #What2Watch, un nuevo programa de prescripción para que los espectadores puedan orientarse en la excesiva oferta audiovisual.

Ese es el contexto en que, en el corazón del monstruo telerreal, algunos cuentacuentos inquietos han empezado a fabricar sofisticadas historias de ficción, tuitliteratura que ya no solo es una ráfaga de textos de 140 caracteres, sino que integra fotografía, vídeo, encuestas, transmisiones en vivo, enigmas, memes y muchísima interacción en párrafos, casi capítulos, de 280 caracteres.

“Lo más interesante que me han dicho en este año tan loco algunos de mis lectores es que mi experimento les despertó el espíritu crítico”, me dice Bartual. “Ahora analizan con atención lo que leen antes de creérselo”. En plena paranoia de las noticias falsas y la desinformación sistemática, es decir, de la ficción disfrazada de verdad, unos cuantos escritores se han propuesto inocular en las venas del sistema ficción verdadera.



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