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Llevan búsqueda de sus familiares a otros municipios

Luz del Carmen Sosa/
El Diario | Domingo 22 Abril 2018 | 00:01:00 hrs

Ascensión, Chihuahua- Veintiséis años atrás Rosa y Jacobo decidieron tener su primer hijo a los pocos meses de casarse.

“Mi hijo fue planeado con mucho amor”, dice la mujer mientras camina por la avenida 5 de Mayo, muy cerca del puente fronterizo que comunica a Puerto Palomas de Villa con Columbus, Nuevo México.

En su andar, Rosa entona las consignas que lanzan otras madres y padres de familia que ayer la acompañan a pegar pesquisas en busca de Jacobo y a quien en el 2014 lo desaparecieron en esta comunidad fronteriza.

“¿Dónde están?, ¿dónde están?, ¿nuestros hijos dónde están?”, corean mujeres y hombres al unísono.

El grupo es parte del colectivo Familias Unidas por la Verdad y la Justicia que reúne a las familias de las víctimas de desaparición forzada y la tortura y que ayer salió a otros municipios para indagar el paradero de sus seres queridos.

“Vamos a salir a los municipios a buscar a nuestros hijos, a nuestros hermanos, a nuestros desaparecidos”, dice Gilda Ávila López, hermana de César Ávila, quien desapareció el 7 de febrero en El Tule, Fresnillo, Zacatecas, hasta donde huyó para proteger a sus hijos testigos de la masacre de Villas de Salvárcar.

Recuerdos

Mientras avanza el grupo, Rosa recuerda que un breve malestar físico le advirtió que algo pasaba en su cuerpo, y ella y Jacobo corrieron con el médico que confirmaba sus sospechas: estaba embarazada.

En ese momento decidieron que su primogénito se llamara Jacobo, como su padre. El parto la dejó agotada, sudorosa y llorando de dolor y felicidad. Así, todo junto, dice al pensar en esa época.

Mientras camina, Rosa estruja contra su pecho las hojas de máquina tamaño oficio que muestran el rostro de su hijo. Su camiseta blanca también lleva en el pecho el retrato de Jacobo Jr.

“A él le gustaba mucho bailar. En la escuela participaba en todos los bailables, le gustaba salir a bailar en fechas como el 10 de Mayo”, afirma la mujer mientras pasa la cinta adhesiva en el poste de madera, donde deja otra pesquisa de su hijo.

También llevó botellas de agua natural para repartir con el ánimo de generar mayor empatía entre los viandantes y los automovilistas que los observan sorprendidos al ser rodeados de agentes de la Comisión Estatal Única (CES) que formaron un anillo de seguridad alrededor del colectivo.

Rosa hace un alto para hablar de Jacobo. Tenía 22 años cuando el 10 de noviembre del 2014, sobre esa misma avenida 5 de Mayo, él y dos amigos llevaron pizzas que vendían en Puerto Palomas.

Ya regresaban a Juárez cuando fueron privados de la libertad por un comando armado. Desde entonces se desconoce el paradero de Jacobo.

A sus amigos los liberaron 25 días después en Casas Grandes. Estaban golpeados, sucios, hambrientos y aseguraban que Jacobo estaba con vida; aunque la familia Orozco García acudió a esa comunidad los investigadores no hicieron nada por buscar a su hijo, afirma Rosa.

“A veces sueño a mi hijo. Sueño que regresa a casa, que entra por la puerta junto con mi nieta. Luego me despierto y lloro porque él ya no está, pero creo en Dios y confío en que pronto así será”, dice la madre que viste, al igual que su esposo Jacobo, la camiseta blanca con la foto de su hijo y en la espalda la leyenda “te buscaré siempre”.

Se organizan en colectivo

En cuatro años de búsqueda, ambos padres se han especializado en la tramitología que implica la búsqueda de un hijo víctima de la desaparición forzada. Para ellos lo más difícil fue la soledad de los primeros días, cuando no sabían qué hacer, a dónde ir, cómo exigir justicia.

Entonces conocieron a la asociación civil Centro de Derechos Humanos Paso del Norte y dos años después crearon el colectivo Familias Unidas por la Verdad y la Justicia, que ayer participó en la pega de pesquisas en Palomas y Casas Grandes.

Desde las 6 de la mañana las familias de Jacobo Orozco, Erick Aguirre Balbuena, Adrián Favela, Adriel Alonso, Gonzalo Durán, Erick Cuenca, César Ávila, José Antonio Chaparro, Armando Guzmán y Eduardo de la Rosa, salieron a investigar, a buscar y a gritar sus nombres esperando ser escuchadas.

“Vamos a salir a los municipios a buscar a nuestros hijos, a nuestros hermanos, a nuestros desaparecidos”, dice Gilda Ávila López, hermana de César Ávila, quien desapareció el 7 de febrero del 2011 en El Tule, Fresnillo, Zacatecas, a donde se refugió con su familia en protección de sus hijos,  testigos de la masacre de Villas de Salvárcar.

Otro sobrino murió en el multihomicidio, por lo que su familia también huyó de la inseguridad en Juárez, agrega.

Mi hermano César está desaparecido desde el 2011, él se fue porque su hijo fue testigo de la masacre y hasta allá llegaron como 40 unidades entre militares, federales, estatales y municipales preguntando de quién era un vehículo con placas de Chihuahua y él respondió que era suyo, se lo llevaron esposado para interrogarlo y nunca más supimos de él.

“Hay muchas familias que tienen a un familiar desaparecido y no han denunciado, estamos invitando a todas esas personas a que se sumen. Sabemos que en Chihuahua hay muchas personas desaparecidas pero no han denunciado por miedo o por temor”, explica.

“Sabemos que muchas personas han acudido a las Comisión de Derechos Humanos pero ahí no hacen nada, por eso los invitamos a que se sumen con nosotros a nuestro colectivo, estamos acompañados por el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, que nos están apoyando”, agrega.

Mientras Rosa y Gilda siguen caminando por las calles Revolución, Lerdo, Juárez, Progreso, y el Centro de Palomas, Rosa y Gilda coinciden al señalar que las autoridades investigadoras han sido lentas y omisas, por lo que han optado por hacer sus propias investigaciones.

La búsqueda de sus seres queridos no va a terminar, dicen. Apenas empieza.

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