'Pega' a Trump su obsesión por muro

The New York Times
2019-01-06

Washington— Antes de que se convirtiera en el tema principal del drama que se vive por el cierre gubernamental, y que ahora amenaza con consumir su Presidencia en un momento crítico, la promesa del presidente Donald Trump de construir un muro en la frontera Suroeste del país, era un truco de memoria para un candidato indisciplinado.
Mientras Trump comenzaba a explorar una campaña presidencial en el 2014, sus asesores políticos arribaron a la idea de un muro fronterizo a manera de una especie de estrategia mnemónica, una forma de asegurarse de que su candidato –quien odiaba tener que leer de un libreto pero que le encantaba alardear sobre sí mismo y sobre sus talentos como constructor– recordara hablar sobre tomar medidas severas contra la inmigración, tema que sería central en su emergente campaña.
“¿Cómo se le puede hacer para que continúe hablando sobre la inmigración?” según recordaba Sam Nunberg, uno de los primeros asesores políticos de Trump mientras hablaba con Roger J. Stone Jr., otro asesor. “Lo vamos a hacer que hable sobre construir un muro”.
Y así fue que Trump habló, y la mención del muro desataba el ruidoso vitoreo de las audiencias conservadoras, emocionando al candidato para pronto convertirse en un lema de campaña en sus discursos. Los cánticos de “¡Construyamos el muro!” eran coreados en todas las arenas del país.
Ahora, la obsesión de Trump con un muro fronterizo –la encarnación material de su agenda migratoria que consiste en mantener a todos los inmigrantes fuera del país– ha chocado contra las nuevas realidades de un Gobierno dividido, enfrentando al presidente contra los demócratas, quienes rechazan la idea por completo. Tal estancamiento es particularmente notable, dado que incluso algunos de los más duros conservadores en torno al tema de la inmigración no consideran que el muro sea su más importante prioridad y temen que la preocupación de Trump con ello lo obligue a concretar un acuerdo que intercambiará una medida relativamente inefectiva por concesiones de mayor calibre en torno a la inmigración.
“Siempre pensé que esto crearía un peligro de que él estaría dispuesto a intercambiar lo que fuera con el fin de conseguir construir el muro –creo que eso aún es un peligro en potencia”, dijo Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro para los Estudios en Inmigración. “Aún me preocupa eso incluso ahora”, afirmó.
Ese temor se ha manifestado a veces, cuando Trump ha explorado la posibilidad de concretar un acuerdo con los demócratas ofreciendo otorgarles estatus legal permanente a los inmigrantes que fueron traídos a Estados Unidos de manera ilegal cuando aún eran menores, conocidos como “dreamers”. El presidente siempre ha renunciado a las discusiones en el último momento antes de prometer preservar el programa de Acción Deferida para los Llegados en la Infancia, conocido como DACA, pero el viernes, FAIR, un grupo antiinmigración le volvió a advertir que eso sería un error.
Para muchos activistas conservadores que han presionado por décadas a que se implementen agudas reducciones en la inmigración, tanto ilegal como legal –y algunos de los legisladores republicanos que fungen como sus aliados–, una barrera física en la frontera con México es apenas relevante, no pasa de ser un pie de nota en una página ante una larga lista de cambios políticos que según ellos creen son necesarios para arreglar un sistema que se encuentra descompuesto.
La desconexión se encuentra en el corazón del dilema que enfrenta Trump mientras labora por encontrar una salida al estancamiento que ha impactado a grandes porciones del Gobierno y les ha costado a unos 800 mil empleados federales sus sueldos. Tras haber pasado más de cuatro años –primero como candidato y luego como presidente– enardeciendo a sus principales partidarios con la idea de construir un muro fronterizo, Trump se encuentra a sí mismo en una trampa política que él mismo creó.
Al transformar el muro en un poderoso emblema de su mensaje antiinmigrante, Trump ha hecho que la propuesta sea políticamente intocable para los demócratas, quienes categóricamente se rehúsan a financiarla, complicando aún más las posibilidades de poder llegar algún día a un acuerdo.
“Como estrategia de mensaje, fue muy exitosa”, dijo Krikorian. “El problema es, ya resultaste electo; ¿ahora qué vas a hacer? Habiendo convertido el muro en su principal tema de campaña, Trump les ha dado a los demócratas un arma que pueden utilizar en su contra”, concluye.

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