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Abogado, criminal y general ruso buscaron acuerdo con Moscú

The New York Times | Miércoles 05 Diciembre 2018 | 00:01:00 hrs

The New York Times / El mandatario estadounidense y su homólogo ruso, en una reunión  reciente

The New York Times / El mandatario estadounidense y su homólogo ruso, en una reunión reciente

Nueva York – Cuando Donald Trump buscó construir una torre en Moscú a la mitad de su campaña presidencial de 2016, fue el punto culminante de un esfuerzo de décadas por plantar la bandera de “Trump” en ese país.

El jueves, el papel que tuvo su ex abogado Michael Cohen en la maniobra atrajo los reflectores de nuevo, tras declararse culpable de haber engañado al Congreso. Sin embargo, en una buena medida, el que estuvo a la cabeza de la iniciativa fue Felix Sater: un criminal y colaborador de mucho tiempo, con lazos profundos en Rusia.

Para arrancar el proyecto, Sater se sumergió en su agenda con más de cien contactos rusos, entre ellos el del presidente Vladimir Putin y un ex general de la inteligencia militar de Rusia. Sater empleó al general, Evgeny Shmykov, con el objetivo de tramitar visas para que Cohen y Trump visitaran Rusia, de acuerdo con correos electrónicos y entrevistas con varias personas que tuvieron conocimiento sobre los hechos.

Durante meses, el felón, el ex funcionario de la inteligencia rusa y el abogado de Trump trabajaron para lograr el acuerdo, tras hablar con una asistente de Putin, banqueros rusos y desarrolladoras inmobiliarias. No obstante, para julio de 2016, después de que Trump garantizó la nominación presidencial republicana y comenzaron a tomar fuerza las acusaciones sobre la interferencia rusa en las elecciones, se abandonó el proyecto, y ni Cohen ni Trump viajaron a Moscú.

Mentira

El jueves, la inverosímil historia del acuerdo para construir la Torre Trump de Moscú volvió a ser protagonista después de que Cohen admitió haberle mentido al Congreso sobre su papel en el proyecto. Cohen le confesó al investigador especial Robert Mueller que su involucramiento fue mucho más profundo, y que su comunicación con los rusos y las sesiones informativas con Trump fueron más frecuentes de lo que había declarado con anterioridad.

A partir de lo que recuerda Cohen, lo cual se presentó por escrito el jueves en un tribunal, así como documentos relacionados con el trabajo de Sater para la Organización Trump que obtuvo The New York Times, se puede percibir un panorama más amplio de los negocios que Trump buscaba crear en Moscú.

La iniciativa de 2016 fue tan solo el episodio más reciente de una búsqueda larga y esporádica que data de la década de 1980. Sin embargo, aunque la marca Trump se volvió cada vez más común, engalanando hoteles y torres comerciales por todo el mundo, un equivalente ruso nunca llegó a buen puerto, incluso después de que Trump logró obtener marcas registradas en el país y envió emisarios, entre ellos sus hijos, a fin de explorar acuerdos.

Sater recurrió a conexiones que había hecho en Rusia a finales de la década de 1990 cuando comenzó a trabajar en secreto para las agencias de inteligencia de Estados Unidos, las cuales a cambio le ayudaron a reducir su sanción después de haberse declarado culpable en un caso de fraude de valores por 40 millones de dólares (antes había sido condenado por haber cortado el rostro de un hombre durante una pelea que tuvo lugar en un bar de Nueva York en 1991). El año pasado, le dijo al Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que había cultivado una red de contactos extranjeros entre los que se incluían “altos mandos de inteligencia, agentes del Ejército y centros de investigación militar”.

Contacto

Uno de sus contactos fue Shmykov, quien, mientras servía en la inteligencia militar de Rusia, trabajó con los combatientes que enfrentaron a los talibanes en Afganistán a finales de la década de 1990 e inicios de la de 2000, de acuerdo con documentos y una investigación en línea. Shmykov, de 62 años, tiene un perfil en un sitio de redes sociales de Rusia en el que se menciona que asistió a la Academia del Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa, la cual capacita al personal de inteligencia.

Cuando lo contactó The New York Times, Shmykov se rehusó a contestar preguntas, pero dirigió a un reportero hacia las fotos de su paso por el Ejército, entre ellas una en la que aparece con Sater: “En estas fotografías, están las respuestas a todas tus preguntas”. Sater se negó a hacer comentarios.

Sater contrató a Shmykov a finales de 2015, cuando estaba haciendo el último intento por cerrar el acuerdo de la Torre Trump en Moscú, y la carrera presidencial de Estados Unidos ya estaba muy avanzada. Sater había intercambiado correos electrónicos y llamadas telefónicas con Cohen a fin de resucitar los planes para construir la torre. Los dos hombres eran amigos, y Sater parecía casi embelesado cuando le explicó a Cohen cómo iba a utilizar sus conexiones para que “todo el equipo de Putin compre una parte de esto”.

“Llegó el momento”

“Amigo”, escribió Sater, “nuestro muchacho puede convertirse en presidente de Estados Unidos y lo podemos planear”.

En diciembre de 2015, Cohen le envió un correo electrónico a Sater con el enlace adjunto de un artículo periodístico en el que Putin elogiaba a Donald Trump. En el correo, Cohen mencionó lo siguiente: “Llegó el momento. Llámame”.

Sater luego testificó ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que el tono de sus correos electrónicos reflejaba un exceso de entusiasmo de su parte, y que en realidad no tenía una relación importante con el Kremlin. Mencionó que, cuando había sugerido que el acuerdo por el hotel podía servir para que Trump fuera elegido, simplemente quiso decir que creía que podía generar una publicidad positiva en favor de la campaña.

En su informe sobre la interferencia rusa en las elecciones, los republicanos del Comité aceptaron las aseveraciones de Cohen y Sater respecto de que el proyecto de la Torre Trump era el inicio de un negocio sin matices políticos. El informe —en el cual no se menciona a Shmykov ni su participación— concluye que no hay ningún “elemento que demuestre que el gobierno ruso en realidad haya estado involucrado de manera directa en el proyecto”.

En perspectiva

El hecho de que Cohen se haya declarado culpable el jueves pone esa conclusión bajo una lupa diferente. Entre otras cosas, ahora Cohen admite haber hecho el intento de contactar en múltiples ocasiones al secretario de prensa de Putin, Dmitry Peskov, quien ordenó a una de sus asistentes que se pusiera en contacto con Cohen para discutir el proyecto de la torre. Cohen declaró que en enero de 2016 sostuvo una conversación de veinte minutos con la asistente del Kremlin, quien “hizo preguntas detalladas y tomó notas, para después mencionar que iba a dar seguimiento con otras personas en Rusia”.

En un mensaje que envió a Cohen al día siguiente, Sater mencionó a Putin y dijo que alguien le había comentado sobre el proyecto: “Llamaron hoy”. Posteriormente, en mayo de 2016, le dijo a Cohen que un funcionario ruso había invitado al abogado a un foro económico en San Petersburgo, donde se esperaba que conociera a Putin.

En un inicio, Cohen aceptó, pero después se reunió con Sater en el vestíbulo de la Torre Trump en Nueva York y le dijo que no iba a ir.

 



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