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La guerrilla chihuahuense de los 60: Parte 6

Víctor Orozco | Especial para El Diario | 28 Septiembre 2015

1968: La guerrilla de Óscar González Eguiarte

Tiempo después, una noche bajaron dos jóvenes de un camión en la avenida Vicente Guerrero de Chihuahua cargando maletas alargadas. Caminaban después de las doce de la noche hacia el sur. Una patrulla de la policía municipal los detuvo por sospechosos y los llevó a la comandancia. Estando dentro del edificio, el más fornido sacó una pistola y se abrió paso entre todos los agentes, matando a uno de ellos. Los dos detenidos corrieron y se refugiaron en una casa ubicada en el mismo barrio donde se encontraba el cuartel. Eran Ramón Mendoza, campesino del grupo de Gámiz y el nuevo dirigente Óscar González Eguiarte. La casa fue cercada por la policía y al final fueron detenidos. El primero pasó largos años en la penitenciaría del estado y luego fue trasladado a las Islas Marías, de donde se fugó. El segundo duró encarcelado poco más de un año y al salir reanudó la organización de la guerrilla que le daría continuidad al movimiento de 1964-1965. En el verano de 1968, al mando de un pequeño grupo, reinició con nuevos reclutas la lucha guerrillera en Chihuahua.

Cortesía | Ramón Mendoza al ser detenido

Muchos acontecimientos habían pasado en Chihuahua y en el país desde 1965. En el ámbito local creció la fuerza del movimiento estudiantil y de las luchas populares, ahora trasladadas a las ciudades, donde se generó un poderoso movimiento de invasión de terrenos para la edificación de viviendas. El 17 de junio de 1968 se había fundado la colonia Francisco Villa en la capital del estado. Y la capital de la república ardía por el movimiento estudiantil.

Largos debates precedieron la “subida a la sierra”. Básicamente se expresaban dos tendencias: quienes pensaban en la imposibilidad de construir un movimiento guerrillero en la sierra de Chihuahua a la manera de foco y la de quienes sostenían la tesis de la continuidad de la lucha armada iniciada en 1965 asumiendo que el camino seguía abierto, debiéndose en todo caso asimilar y superar la experiencia. Algunos de los partícipes en 1965, se habían enrolado en movimientos estudiantiles y populares o trataban de poner en pie organizaciones partidarias. Habían abandonado en la práctica las tesis del foquismo guerrillero. El grupo que encabezaba Óscar González, por su parte, nunca arrió las banderas de la lucha armada y en consecuencia se aplicó a la tarea de estructurar un nuevo destacamento guerrillero. Trató de articularse dentro de una perspectiva nacional, en un intento de romper el antiguo círculo de aislamiento que ha caracterizado de antiguo a los revolucionarios chihuahuenses. El vehículo fue la Organización Nacional de Acción Revolucionaria, encabezado por el ex diputado del PPS Rafael Estrada Villa y que publicaba un periódico parecido a un gran cartel llamado Nueva Revolución. Pronto concluyó la alianza y los chihuahuenses siguieron por su cuenta, integrando ahora a jóvenes estudiantes que seguían fascinados por la revolución cubana. Algunas semanas de entrenamiento en el monte persuadieron a algunos de que no existían posibilidades reales de triunfo o dieron al traste con la decisión que tenían pero galvanizaron la voluntad de otros. Al final el núcleo guerrillero quedó reducido al mínimo.

La Alta Tarahumara es una sierra poco hospitalaria, escasísima de fauna, sus pinos parecen desde las avionetas y los helicópteros como popotes clavados en una mesa a la que dejan ver su superficie. No hay el follaje impenetrable a la vista de los bosques o las selvas tropicales. Salvo durante los momentos de auge en los antiguos enclaves mineros, su población siempre ha sido exigua, reducida a minúsculos caseríos de rarámuris o mestizos dispersos en miles de kilómetros cuadrados. Es seguro que por esta razón nunca ha sido escenario geográfico de grandes conflictos armados. Aun las últimas rebeliones rarámuris, de finales de la XVII centuria, tuvieron como centro a los pueblos y rancherías asentadas en las vegas de los ríos, donde originalmente vivían los indígenas y de donde fueron expulsados y obligados a refugiarse en cerros y barrancas. Los apaches o comanches a su vez, llevaron a cabo la “guerra larga” contra españoles y mexicanos en las haciendas y en los ranchos de las llanuras o las faldas de las montañas. Por su parte, las guerrillas que actuaron en diversos momentos de la revolución de 1910 también operaron de manera principal en los pueblos y las pequeñas ciudades.

Al escoger la Tarahumara como escenario para iniciar la guerra revolucionaria, el grupo de El Machete le apostaba a que muy pronto podría salir y llevar la confrontación a lugares poblados, pues de otra manera sus posibilidades de sobrevivir en la sierra eran nulas. En 1968 se empezaban a discutir otras experiencias guerrilleras latinoamericanas, como las de Venezuela y Colombia. Incluso, Carlos Armendáriz, joven de dieciséis años que se integró al grupo, tenía intercambio epistolar con otro camarada de este último país. Sin embargo, todavía no se incorporaban muchas de sus enseñanzas. En Venezuela, por ejemplo, se hizo popular una clasificación entre los guerrilleros: los de “morral liviano” y los de “morral pesado”. Tal distinción entrañaba una cuestión estratégica, pues los primeros no tenían necesidad de cargar muchas vituallas, ropa u otros enseres, porque descansaban en mayor medida que los segundos en la ayuda de la población. Tal fue el caso de los cubanos en la Sierra Maestra. La guerrilla chihuahuense de 1968 eran necesariamente de “morral pesado”, como lo fue también la de Ernesto Guevara en la zona de Cochabamba en Bolivia, según puede apreciarse en la lectura de su diario, algunos de cuyos pasajes son casi idénticos a varios del diario de campaña que escribió Óscar González Eguiarte, sobre todo cuando narra las dificultades para obtener comida y el racionamiento estricto al que debía someterse la pequeña tropa. También cuando se refiere a la incomprensión hacia el movimiento por parte de los campesinos y desde luego a su falta de apoyo. El diario del Che fue dado a conocer por Fidel Castro y publicado de manera precipitada precisamente en julio de 1968 y ya no pudo ser conocido por los guerrilleros chihuahuenses. Aunque era de esperar que el fracaso del máximo exponente de la estrategia y de la táctica guerrillera en Bolivia tampoco hubiera cambiado su determinación, como tampoco lo hicieron muchos otros grupos latinoamericanos en las décadas siguientes. Lo más probable es que el conocimiento de la muerte del líder ideológico y moral hubiera acrecentado sus ansias de revancha al sumarse un nuevo agravio.

En una tesitura que parecería una constante para los comandantes guerrilleros, Óscar González se enfrentó pronto a un dilema: el de iniciar las acciones armadas o bien continuar con un largo trabajo de preparación y organización. Un año antes, el Che Guevara en Bolivia estuvo colocado exactamente en la misma posición. Ambos se decidieron por el primero de los caminos, considerando que una guerrilla que no combate acaba por desmoralizar a sus miembros y no progresa en el intento de ganar la confianza de los campesinos. En los dos casos, más en el de Chihuahua, obró también a favor del rápido actuar la presión que ejercieron varios de los guerrilleros. En el grupo de Óscar participaban Antonio Gaytán y Guadalupe Escobell, quienes habían perdido a dos hermanos en el ataque al cuartel de Ciudad Madera en 1965. El primero era además hermano de Salvador Gaytán, quien si bien no había subido a la sierra en esa ocasión y desempeñaba otras tareas en la ciudad, se consideraba el veterano del movimiento, pues había iniciado su lucha aun antes que Gámiz y era proclive a no esperar más. Estos guerrilleros estaban intensamente por el impulso de cobrar venganza que los llevaba a exigir acciones inmediatas.