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Lo que el mundo árabe más necesita es libertad de expresión

Jamai Khashoggi / The Washington Post | Domingo 21 Octubre 2018 | 00:01:00 hrs

Recientemente estuve en línea mirando el reportaje “Libertad en el Mundo” del 2018 publicado por Freedom House y llegué a darme cuenta de algo muy grave. Hay un solo país en el mundo árabe que haya sido clasificado como “libre”. Esa nación es Túnez. Jordania, Marruecos y Kuwait se quedan en segundo lugar, con una clasificación de “parcialmente libres”. El resto de los países en el mundo árabe se clasifican como “no libres”.

Como resultado de ello, los árabes que viven en esos países no están informados o son mal informados. No pueden adecuadamente hacer referencia, mucho menos discutir en público, asuntos que afectan a la región y sus vidas diarias. Una narrativa administrada por el estado domina la psique pública, y aunque muchos no lo creen, una gran mayoría de la población cae víctima de esta falsa narrativa. Tristemente, esta situación es muy poco probable que llegue a cambiar.

El mundo árabe estaba lleno de esperanzas durante la primavera del 2011. Los periodistas, académicos y la población en general tenían grandes expectativas de una brillante y libre sociedad árabe dentro de sus respectivos países. Esperaban ser emancipados de la hegemonía de sus gobiernos y las consistentes intervenciones y censura de la información. Estas expectativas pronto se desvanecieron; estas sociedades simplemente volvieron al antiguo estatus quo o enfrentaron condiciones aún más severas que antes.

Mi querido amigo, el prominente escritor saudí, Saleh al-Shehi, escribió una de las más famosas columnas que jamás haya sido publicada en la prensa saudí. Desafortunadamente ahora se encuentra cumpliendo con una sentencia de cinco años en prisión por supuestos comentarios contrarios al establecimiento saudí. El decomiso realizado por el Gobierno egipcio del tiraje completo del periódico, al-Marsy al Youm, no enfureció ni provocó una reacción de sus colegas. Estas acciones ya no traen consigo las consecuencias de un contragolpe por parte de la comunidad internacional. En lugar de ello, estas acciones podrían conllevar a una condenación que pronto será seguida por el silencio.

Como resultado de ello, los gobiernos árabes ahora tienen libertad de continuar silenciando a los medios a un ritmo acelerado. Hubo un tiempo cuando los periodistas creían que el Internet liberaría la información de la censura y el control asociados con los medios impresos. Pero estos gobiernos, cuya mera existencia depende del control de la información, han bloqueado el Internet de manera agresiva. También han arrestado a reporteros locales y presionado a publicistas con dañar los ingresos de publicaciones específicas.

Hay unos cuantos oasis que continúan representando el espíritu de la Primavera Árabe. El Gobierno de Qatar continúa apoyando la cubertura de los noticieros internacionales, en contraste con los esfuerzos de sus vecinos de mantener el control de la información para apoyar al “viejo régimen árabe”. Incluso en Túnez y Kuwait, donde se considera que la prensa es “parcialmente libre”, los medios se enfocan en problemas domésticos, pero no en los asuntos que enfrenta el resto del mundo árabe. Se muestran titubeantes para darles una plataforma a los periodistas de Arabia Saudita, Egipto y Yemen. Incluso Líbano, la corona del mundo árabe cuando se trata de la libertad de prensa, ha caído víctima de la polarización e influencia pro-Irán Hezbolá.

El mundo árabe enfrenta su propia versión de una Cortina de Hierro, impuesta no por actores externos, sino por fuerzas domésticas que compiten por el poder. Durante la Guerra Fría, Radio Europa Libre, el cual creció a través de los años en una institución de crítica, jugó un importante papel en mantener con vida las esperanzas por la libertad. Los árabes necesitan de algo similar. En 1967, el New York Times y el Washington Post se convirtieron en propietarios en conjunto del periódico International Herald Tribune, el cual luego se convirtió en una plataforma para las voces de alrededor del mundo.

Mi publicación, el Post, tuvo la iniciativa de traducir muchos de mis artículos y publicarlos en árabe. Por ello, estoy muy agradecido. Los árabes necesitan leer en su propio idioma para que puedan entender y discutir los varios aspectos y complicaciones de la democracia en Estados Unidos y en occidente. Si un egipcio lee un artículo que expone el costo actual de un proyecto de construcción en Washington, entonces él o ella podrá entender mejor las implicaciones de proyectos similares en su propia comunidad.

El mundo árabe necesita una versión moderna de los antiguos medios transnacionales para que entonces sus ciudadanos puedan estar informados sobre los eventos globales. Más importante aún, necesitamos proveer a las voces árabes de una plataforma. Nosotros sufrimos de la pobreza, las malas gestiones y una educación deficiente. Por medio de la creación de un fórum independiente internacional, aislado de la influencia de los gobiernos nacionalistas que esparcen el odio por medio de la propaganda, la gente ordinaria en el mundo árabe podrá hacerle frente a los problemas estructurales que sus sociedades enfrentan.

Nota de Karen Attiah, editora de Opiniones Globales del Washington Post:

Recibí esta columna de parte del traductor y asistente de Jamal Khashoggi el día después de que Jamal fuera reportado como desaparecido en Estambul. El Post postergó su publicación debido a que esperábamos que Jamal volviera con nosotros para que él y yo pudiéramos editarla juntos. Ahora debo aceptar: Eso no va a suceder. Este es el último artículo de él y yo lo edité para el Post. Esta columna captura perfectamente su compromiso y pasión por la libertad en el mundo árabe. Una libertad por la cual aparentemente dio su vida. Siempre estaré agradecida de que él escogiera al Post como su último hogar periodístico y nos diera la oportunidad de trabajar juntos.



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