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Antepongamos la edad a la belleza, pero no a la política

Gail Collins/The New York Times | Viernes 14 Septiembre 2018 | 00:01:00 hrs

Nueva York— A continuación, la política de la edad. Oigan, es importante. Maduren y pongan atención.

Los candidatos jóvenes de izquierda giran en torno a demócratas tradicionales de mayor edad en las elecciones primarias en todo el país. Mientras tanto, los posibles candidatos presidenciales más conocidos y de los que más se habla son Bernie Sanders, de 77 años; Joe Biden, de 75 años y Elizabeth Warren, de 69 años.

Además, en la Cámara de Representantes, donde los tres principales líderes demócratas rondan los ochenta años, los jóvenes son, digamos, implacables.

“No me importa qué tan bueno seas; hay una brecha generacional”, declaró el representante demócrata de Connecticut Jim Himes. Himes, de 52 años, es el director de la Nueva Coalición Demócrata, un caucus de miembros moderados del partido. En la Cámara, abundan los grupos como este, pero me parece seguro decir que la Nueva Coalición Demócrata es más importante que, por ejemplo, el Caucus del Cemento o el Caucus del Autocuidado.

Hemos tenido brechas políticas generacionales antes. En el pasado, los manifestantes estudiantiles gritaban: “¡Nunca confíes en nadie que tenga más de 30!”. Los que gritaban ahora rondan los setenta y me atrevo a decir que tienen una visión más amplia. La brecha actual es mucho más amable (¡Ahí vienen los mileniales!). En la Cámara de Representantes, parece reducirse bastante del lado demócrata del pasillo.

No obstante, en el Senado, solo uno de los seis miembros de más de ochenta años es demócrata. Dianne Feinstein, de 85 años, actualmente está contendiendo para reelegirse contra un legislador de 51 años que está cansado de afirmar que Feinstein está alejada de la realidad sin hacer alusión a su edad. Se espera que gane otro periodo de seis años fácilmente. Sin embargo, eso no la acercará al récord de longevidad en el Senado, que le pertenece a Strom Thurmond, quien se jubiló en 2003 a los cien años, y se le recuerda principalmente por ser un racista horrendo. Ser viejo no necesariamente te vuelve sosegado.

La semana pasada vimos buena parte de la división generacional en el Comité Judicial del Senado. Los críticos de izquierda dieron alaridos cuando Feinstein —la demócrata de mayor rango— se disculpó con Brett Kavanaugh cuando la sesión sobre su nombramiento a la Suprema Corte se vio interrumpida por manifestantes. Feinstein es una centrista de la vieja guardia, lo cual por lo general significa más amabilidad y menos tuits.

Mientras tanto, su paisana californiana, Kamala Harris (53 años) atacaba a Kavanaugh con todo el rigor posible, al igual que Cory Booker (49 años) de Nueva Jersey. A ambos se les considera posibles contendientes presidenciales, el campo demócrata podría verse bastante avanzado en unos años, pero una vez que lleguemos al 2019 tendremos 10.000 candidatos de todas las edades imaginables. Honestamente, si no hubiera una edad mínima de 35 años para contender, habría niños de doce años recaudando dinero en este mismo instante.

En la sesión, Booker demostró que era posible ir demasiado lejos en cuanto a ser temerario cuando hizo públicos unos documentos supuestamente confidenciales de Kavanaugh y se comparó con Espartaco por su osadía.

Bueno, Booker no se comparó precisamente con Espartaco. Se comparó con los heroicos seguidores de Espartaco en la película, quienes saltaron y gritaron “¡Soy Espartaco!”, para que los romanos no pudieran encontrar a Kirk Douglas. Todos fueron crucificados por tomarse esa molestia.

Disculpen. Estamos hablando de la edad y la política. La cuestión de la edad en la Casa Blanca es definitivamente un problema. Nancy Pelosi, la lideresa minoritaria, tiene 78 años. Es una recaudadora de fondos con una capacidad y energía frenéticas, y verdaderamente es una lideresa formidable. Sin embargo, los republicanos la han convertido en un símbolo de “todo aquello que es malvado en Washington”, y muchos de los demócratas que contienden en distritos que pueden cambiar de partido están prometiendo votar en su contra de resultar electos. Parte de esto es ambición pura de alguien que se sobresalta ante cualquier cosa. Si quieren obtener puntos por “no ser liberales” ¿qué es más fácil que renegar de Pelosi?

No obstante, parte del levantamiento es culpa de la propia Pelosi; ha sido la demócrata más importante en la Cámara de Representantes durante dieciséis años. Los dos líderes que le siguen tienen 78 y 79 años, y el partido es presa de un sistema de antigüedad que haría perder las esperanzas a alguien de 52 años como Himes, quien solo ha estado en la Cámara Baja nueve años.

“Creo que tendré 184 antes de estar dentro del rango para que se me considere presidente de Servicios Financieros”, comentó Himes en una entrevista telefónica. Si los demócratas asumen el control en 2018, el director del Comité de Servicios Financieros probablemente sea la actual miembro de rango, Maxine Waters, de 80 años.

El sistema republicano va a rotar presidentes hasta dentro de seis años. Eso parece un poco excesivo: seis años no parecen ser suficiente tiempo para desarrollar habilidades extraordinarias en el puesto. En un mundo racional, podríamos sin duda idear un plan que de algún modo se ubique entre la rotación y la teoría demócrata de que ninguna virtud cuenta salvo que venga acompañada de antigüedad.

La edad promedio de los miembros del Congreso ha ido aumentando poco a poco durante años. Que siempre haya una mezcla de líderes jóvenes y viejos está bien y es incluso natural. Resulta que la gente vive más y ya sea que tengan 40 o 90 (sigue adelante, Ruth Bader Ginsburg) pueden ser magníficos en su trabajo.

Nadie es mejor prueba de que la edad no importa que nuestro actual presidente. Donald Trump tiene 72 años, pero ya era funesto a los 50. Solo que en aquel entonces no le prestábamos mucha atención. De verdad extraño aquellos días.

 



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