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¿La inflación matará la economía?

Robert J. Samuelson/The Washington Post | Jueves 23 Agosto 2018 | 00:01:00 hrs

Washington – La inflación está de regreso. ¿Qué podemos hacer?  El consejo para los novatos es que no hay que ignorarla.

El más reciente Índice de Precios al Consumidor, CPI por sus siglas en inglés, – que es el mejor indicador conocido de la inflación que tiene el gobierno – reportó un incremento del 2.9 por ciento desde julio del 2017.

La última vez que el aumento año tras año fue mayor, ocurrió en diciembre del 2011.

Aunque es algo para asustarse, eso sugiere que intensificar los precios y salarios presiona a una economía en su capacidad productiva.  La administración Trump y sus críticos deberían de observar esto cercanamente.

Hay que tomar en cuenta que las rentas aumentaron un 3.6 por ciento respecto al año anterior, los precios en los hospitales se incrementaron en un 4.6 por ciento, la gasolina subió el 25 por ciento y los alimentos aumentaron en un 2.8 por ciento.

Aunque algunos incrementos en los precios fueron pequeños o no existentes, compensando algunas ganancias.  Los precios de los nuevos vehículos aumentaron en un 0.2 por ciento, la electricidad bajó en un 0.8 por ciento y los boletos de avión descendieron en un 4.1 por ciento.

La razón para ponerle atención a la inflación es que, una vez que se acelera, es difícil detenerla. Eso es lo que sucedió en los años 1960 y 1970.  El intento por reducir el desempleo dio lugar a un dinero fácil que provocó una inflación de dos dígitos.

La inflación del CPI fue de aproximadamente un 1 por ciento en 1960, luego de un 6 por ciento en 1969 y de allí subió a un 13 por ciento en 1979.  Ese efecto se detuvo a principios de los años 1980 cuando la Reserva Federal incrementó considerablemente las tasas de interés.

Ese episodio enseñó muchas lecciones importantes, aunque estamos en peligro de olvidarlas debido a que la mayoría de los estadounidenses actuales no experimentaron esa alta inflación.

En el 2017, la población de Estados Unidos era de 326 millones de personas, las dos terceras partes no habían nacido o eran demasiado jóvenes para entender esa alta inflación.

A continuación se proporcionan cuatro significativas moralejas:

– No compre el argumento que se usó usualmente a finales de los años 1960 y principios de 1970 – de que “un poco de inflación” no será dañino y ayudará a reducir el desempleo. Superficialmente, eso parece ser cierto, pero “un poco más de inflación” dará lugar a un “un poco más” y luego a otro “poco más”.  Pronto, hubo mucha inflación que creó una psicología inflacionaria.   Al esperar más inflación, las empresas y trabajadores trataron de adelantarse al proceso e incrementaron los salarios y los precios.

– La inflación es finalmente dañina para la economia porque trastoca la estabilidad y el crecimiento. De 1969 a 1982, hubo cuatro recesiones:  la de 1969-70, 1973-75, 1980 y 1981-82, ya que la Reserva Federal vaciló entre luchar contra la inflación y el desempleo. Las dos cosas empeoraron. El índice del desempleo mensual llegó a 10.8 por ciento en 1982. Aún antes de ajustar la inflación, el mercado accionario se estancó desde mediados de los años 1960 hasta principios de los años 1980.

– La gente odió la inflación. Durante la mayor parte de los años 1970, los estadounidenses consideraron a la alta inflación como el problema número 1 del país.  Una inflación alta y creciente creó una enorme incertidumbre.  Las personas tenían más problemas para planear su futuro.  NO sabían si sus ingresos serían suficientes para cubrir sus gastos,  hubo al parecer una redistribución arbitraria de los ingresos entre los grupos, dependiendo más de su suerte o de su influencia política que de la lógica económica.  En una entrevista posterior a la elección con el periodista Theodor H. White, el presidente Carter señaló a la inflación como un factor crucial de su derrota.

– La productividad importa. Como se entiende actualmente, el crecimiento de la alta productividad – o sea la eficiencia – hace que sea más fácil evitar el incremento de los precios. El avance en la eficiencia reduce los costos, los ahorros pueden pasarse a los trabajadores en salarios más altos, los accionistas con utilidades más altas o los consumidores con precios más bajos. Los precios no necesitan ser aumentados.  Desafortunadamente, el crecimiento de la productividad en Estados Unidos languideció en los años 1970, lo mismo sucede en la actualidad. Eso hace que sea más difícil contener la inflación.

Desde finales del 2015, la Reserva Federal ha estado incrementando gradualmente las tasas de interés con la esperanza de impedir un incremento de la futura inflación.

Ese enfoque está justificado, pero no está claro si las medidas que ha tomado el Banco Central representan algo demasiado poco o demasiado tarde, o es demasiado y demasiado pronto.

El récord del pronóstico de la Reserva Federal es en el mejor de los casos irregular. Si lo hacemos mal, podríamos matar a la economía.

 

 



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