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A la basura, idea de quitar ciudadanía por nacimiento

Esther J. Cepeda / The Washington Post | Martes 31 Julio 2018 | 00:01:00 hrs

Chicago— Todo lo antiguo eventualmente se torna nuevo otra vez, y el llamado a ponerle fin a la ciudadanía por derecho natural no es la excepción.

En un reciente artículo de opinión en el Washington Post, Michael Anton, un ex oficial de seguridad nacional en la administración de Trump, sugirió que deliberadamente hemos estado malinterpretando la 14ª Enmienda de la Constitución –la que dice que todo aquel nacido o naturalizado en Estados Unidos es considerado un ciudadano. El llama a esto “un absurdo –en el sentido histórico, constitucional, filosófico y práctico”.

Esto es el tipo de fanfarronería que uno podría esperar de alguien que orgullosamente asevera haber acuñado el término “trumpismo”. Pero quizás no sea una postura que uno anticiparía de una persona que sostiene tener una ascendencia griega, italiana y libanesa.

Después de todo, la acción de Anton de presionar al presidente Trump a que simplemente emita una orden ejecutiva para “especificar a las dependencias federales de que los hijos de personas que no son ciudadanas, tampoco son ciudadanos” podría resultar contraproducente.

¿Pero qué se puede esperar de personas que depositan una gran confianza en su excepcionalismo y no la suficiente en el simple hecho de que toda persona nacida en Estados Unidos goza de un privilegio? Y eso se debe a que somos afortunados, no porque seamos mejores que otros ni porque alguien en su familia entró al país de la manera “correcta”.

Hay más de 300 millones de personas en Estados Unidos, y todos somos simplemente afortunados de estar aquí, en la tierra de la libertad y en el hogar de la más grande economía en el mundo. Cualquiera que diga lo contrario simplemente se engaña a sí mismo.

Así que hay que tomar estas declaraciones de que los ciudadanos de otros países no se “aprovechen de nuestra estupidez… y continuar permitiendo que nuestras leyes sean desobedecidas y nuestra ciudadanía se corrompa” con mucho cuidado.

Ya lo hemos escuchado antes: Un bando argumenta que los molestos inmigrantes utilizan la 14ª Enmienda para subvertir las fronteras, y otro argumenta que el restriccionismo es una excusa para asustar a los nuevos inmigrantes y que crean que ellos y sus hijos nunca podrán convertirse en ciudadanos –por lo que se deberían ir de aquí de una buena vez.

Cuando los nativistas comienzan a hablar sobre reformar la Constitución para evitar que ciertas personas entren al país, no escuchamos lo suficiente sobre el gran lío que sería ponerle fin a la ciudadanía por derecho natural.

La última vez que esta descabellada idea fue propuesta con seriedad, fue en el 2012 –casi un año después de que Donald Trump dijera a una multiplicidad de medios que él guardaba cierto escepticismo sobre la ciudadanía del Presidente Obama. Algunos prominentes conservadores, grupos antiinmigración, e incluso un asesor en materia de inmigración del candidato presidencial Mitt Romney, propusieron eliminar la ciudadanía por derecho natural en los meses anteriores a la elección.

En respuesta a ello, la Fundación Nacional para la Política Americana (NFAP), un grupo no partidista, lanzó un informe analizando el asunto. La fundación encontró que cambiar la 14ª Enmienda llegaría a “costarles a los nuevos padres de familia en Estados Unidos aproximadamente 600 dólares en cuotas del Gobierno para demostrar su estatus de ciudadanía por cada bebé y muy probablemente unos 600 a mil dólares adicionales en tarifas legales. Esto representa un ‘impuesto’ de mil 200 a mil 600 dólares por cada bebé nacido en Estados Unidos. Las cuotas directas al Gobierno federal alcanzarían los 2 mil 400 millones de dólares anuales, en base a los estimados del 2012”.

Y eso sería un costo para todos los padres de familia –incluyendo una mayor burocracia que los estadounidenses tendrían que financiar —debido a que, “El estatus de los padres tendría que ser verificado por un funcionario del gobierno, quien entonces determinaría si un recién nacido es un ciudadano estadounidense (o no). Tras hacer dicha determinación, el funcionario tendría entonces que emitir documentos distintos para los dos grupos distintos de menores, resultando en un sistema de castas para los bebés nacidos en Estados Unidos. Distinguir ente los bebés en cada categoría se requeriría de una mayor burocracia de la que hoy existe”.

El héroe conservador, Grover Norquist, presidente de Estadounidenses a Favor de la Reforma Tributaria, formó parte de la conferencia de prensa de la NFAP en torno a este informe en ese tiempo. Norquist dijo que cualquier propuesta para eliminar la ciudadanía por derecho natural crearía “enormes problemas desde una perspectiva de un mercado libre y un gobierno limitado”, y que los políticos simplemente estaban “buscando soluciones temporales a la inmigración sin tener una idea concreta de las implicaciones libertarias y financieras”.

Escuchen a los partidarios de un Gobierno pequeño y a todos los demás que no queremos que nuestro ya de por sí gordiano sistema inmigratorio se torne aún más complejo y difícil de navegar: Echen al bote de la basura de la historia esa idea de eliminar la ciudadanía por derecho natural, de una vez por todas.



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