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'Abolir ICE' es una trampa

Karen Tumulty / The Washington Post | Domingo 08 Julio 2018 | 00:01:00 hrs

Washington— “Abolir ICE” se ha convertido en el grito de guerra de la izquierda, la cual intenta poner la furia que los estadounidenses sienten por el horrores que se viven en la frontera mexicana en contra de la mal entendida dependencia conocida como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos.

La propuesta se ganó algunos adeptos cuando una de sus partidarias, Alexandria Ocasio-Cortez, consiguió una sorprendente victoria sobre el presidente de la camarilla demócrata de la Cámara de Representantes, Joseph Crowley en la elección primaria del Partido Demócrata en Nueva York la semana pasada.

Ahora hemos estado escuchando semejante idea, de una formulación u otra, de parte de más prominentes figuras en el partido, incluyendo algunos de los que han sido mencionados como posibles contendientes a la presidencia en el 2020.

ICE “se ha convertido en una fuerza de la deportación”, dijo la senadora Kristen Gillibrand, demócrata de Nueva York, a CNN. “Deshagámonos de ello. Comencemos de nuevo. Rediseñémoslo”.

¿Pero reemplazarlo con qué? Los demócratas no tienen una respuesta muy clara para ello, razón por la que se están encaminando rumbo a un peligroso territorio político.

Demonizar a una dependencia gubernamental es una vieja y cansada estrategia —una que sólo en raras ocasiones llega a funcionar.

Sólo preguntémosle a los republicanos. Ellos tienen bastante experiencia en dicho aspecto.

Los demócratas “están cayendo en una trampa”, según me dijo el aliado de Trump, Newt Gingrich, reconociendo que él sabe muy bien lo que es caer en dicha trampa.

Cuando el Partido Republicano tomó el control de la Cámara de Representantes bajo el mando de su entonces presidente, Gingrich, en 1995, la derecha prometió eliminar no menos de cuatro departamentos federales: Educación, Energía, Comercio, y Vivienda y Desarrollo Urbano. Los republicanos veían dichos departamentos como símbolos de todo lo que había salido mal en las acciones de un entrometido Gobierno federal.

“Aprendimos que cada una de esas dependencias cuentan con grupos de interés que desesperadamente quieren que estas sobrevivan”, dijo Gingrich. “Simplemente no fuimos lo suficientemente listos”.

Aun así, la propuesta permanece viva en algunos círculos conservadores y siempre sale a colación una y otra vez durante la temporada de elecciones primarias por la nominación a la presidencia del Partido Republicano.

En el 2011, las esperanzas del gobernador de Texas de llegar a ocupar la Casa Blanca, efectivamente llegaron a su fin cuando anunció durante un debate: “Serán tres dependencias gubernamentales que desaparecerán cuando yo sea presidente. Comercio, Educación y el… ¿cuál es la tercera?” El departamento que se le olvidó es el que ahora dirige como secretario de Energía del presidente Trump.

La razón por la que ideas como esta nunca llegan a nada es que la mayoría de los estadounidenses ven que estas dependencias tienen una misión vital que realizar. Los planes del Partido Republicano de deshacerse del Departamento de Educación, por ejemplo, fueron vistos como un ataque contra los maestros y los menores.

Los llamados a eliminar ICE es muy probable que sean percibidos como un intento de socavar la seguridad de las fronteras de la nación —y la integridad de los empleados del Gobierno que acatan esta orden, muchos de los cuales arriesgan sus vidas para hacerlo.

Es por eso que líderes demócratas más sagaces intentan atemperar la retórica anti-ICE que se abre paso desde la misma base de su partido.

Es verdad que ICE —como la mayor parte del Gobierno— podría llegar a beneficiarse de esta manera más sensata de pensar sobre cómo está estructurado y cómo opera.

La dependencia fue creada en el 2003 como parte de la reorganización a gran escala del Gobierno que tuvo lugar tras los ataques del 9/11.

Parte de su papel en el nuevo y masivo Departamento de Seguridad Nacional era hacer cumplir la ley de inmigración en el interior del país, combinando algunas de las funciones del antiguo Servicio de Inmigración y Naturalización y del Servicio de Aduanas de Estados Unidos.

Hay críticas muy acertadas de que ICE se ha tornado inmanejable y que su reputación en veces interfiere con su habilidad para hacer su trabajo. La detención y la deportación, mismas que se incrementaron notablemente durante el mandato del presidente Barack Obama, también se han hecho más comunes desde que ICE fue creado.

Pero ICE no es responsable por lo que hemos visto en la frontera en los últimos meses, particularmente la inhumana práctica de separar a los padres de familia de sus hijos.

Culpar a una dependencia sin rostro es darle un pase a las políticas de cero tolerancia de Trump y a la retórica del odio que ha ayudado a crear un ambiente político en el que algunos estadounidenses llegan a creer que esto es aceptable.

Más aun, los demócratas están haciendo que sea muy fácil para Trump y sus aliados falsamente decir que la propuesta de abolir el ICE es otra manera de clamar a favor de que se abran las fronteras.

“Cómo a los demócratas, quienes se muestran débiles en la frontera y débiles contra la delincuencia, podría irle bien en noviembre”, según el presidente tuiteó el martes. “¡La gente de nuestro país quiere y exige seguridad, mientras que los demócratas están más interesados en destruir y socavar (sin financiar apropiadamente) a nuestra gran fuerza policiaca!”

Esta es la lucha que Trump quiere, una sobre seguridad y el cumplimiento de la ley, en lugar de una sobre centros masivos de detención y padres frenéticos que no pueden encontrar a sus hijos. Es una que bien podría ganar —y los demócratas que piden eliminar al ICE le habrán dado una potente arma con la que podría lograrlo.



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