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Trump a los dictadores: tengan un buen día

Thomas L. Friedman/The New York Times | Jueves 21 Junio 2018 | 00:01:00 hrs

Nueva York – Ver que el presidente Donald Trump hace poco acusó al primer ministro de Canadá Justin Trudeau de apuñalarlo en la espalda hizo que buscara en Google una pregunta sencilla: ¿cuántos canadienses fueron asesinados o lesionados desde abril de 2002 luchando junto a los estadounidenses en Afganistán? La respuesta: 158 fueron asesinados y 635 resultaron heridos.

Pensemos en eso: Estados Unidos, no Canadá, fue atacado el 11 de septiembre. Sin embargo, nuestro aliado del norte envió a miles de sus jóvenes hombres y mujeres a Afganistán para ayudarnos a destruir las fuerzas de Al Qaeda que atacaron nuestras ciudades, y 158 canadienses dieron sus vidas en esa misión.

No obstante, cuando el primer ministro rechazó amablemente la exigencia de que Canadá disminuya sus aranceles a la leche, el queso y el yogurt de Estados Unidos, Trump y su equipo —de inmediato— acusaron a Trudeau de “traición”, dijeron que los apuñaló por la espalda y que se merece un “lugar especial en el infierno”.

Eso de verdad es enfermizo.

Sin embargo, nos dice todo lo que necesitamos saber sobre la manera tan distinta en que Trump ve el mundo, en comparación con cualquiera de sus predecesores, republicanos o demócratas. Todo es una transacción: ¿qué has hecho por MÍ hoy? La noción de Estados Unidos como el defensor de las reglas globales y los derechos humanos —que a veces goza de pequeñas ventajas económicas para reforzar las sociedades democráticas con el fin de que podamos disfrutar de los beneficios mucho más grandes de un mundo con democracias saludables y de libre mercado— se acabó.

“Al Estados Unidos de Trump no le interesa”, escribió el historiador Robert Kagan en The Washington Post, “se libera de su responsabilidad histórica. No reconoce compromisos morales, políticos ni estratégicos. Se siente libre de ir tras objetivos sin tomar en cuenta el efecto que tendrán en sus aliados ni, por ende, en el mundo. No tiene sentido de responsabilidad ni de nada más allá de sí mismo”.

Les recuerdo: puedo apoyar el hecho de que Trump trate con amabilidad al dictador asesino de Corea del Norte, Kim Jong-un, si eso reduce el prospecto de una guerra en la península coreana y lleva a un proceso de desnuclearización.

Pero lo aterrador de Trump es que prefiere a los dictadores que a nuestros aliados democráticos en todas partes.

Aunque este enfoque podría darnos algo de tiempo con Corea del Norte, está afectándonos a nosotros y a nuestros amigos en muchos otros lugares, porque se está tomando como un pase libre para que los dictadores en todo el mundo no solo destrocen a sus revolucionarios o terroristas, sino también a sus disidentes más apacibles. No deja espacio ni siquiera para la oposición leal.

Como ejemplo está Egipto. El 31 de mayo, Human Rights Watch informó que la policía egipcia había “llevado a cabo una ola de arrestos de críticos del presidente Abdulfatah el Sisi en redadas al amanecer desde principios de mayo de 2018”. Entre los arrestados estaban Hazem Abdel Azim, un activista político; y Wael Abbas, un periodista reconocido y defensor de derechos humanos; así como Shady al-Ghazaly Harb, un cirujano; Haitham Mohamadeen, un abogado; Amal Fathy, una activista; y Shady Abu Zaid, un escritor satírico.

Yo llegué a conocer a algunos de estos jóvenes durante la Primavera Árabe. No son islamistas radicales ni violentos. Son egipcios maravillosos, que aman la paz y buscan el Estado de derecho, y están dispuestos a trabajar con cualquier líder egipcio que quiera construir una sociedad egipcia política civil más abierta, tolerante y consensual. Harb, un cirujano muy decente que estudió en Reino Unido, fue encarcelado simplemente por haber publicado un tuit en el que criticaba ligeramente la mano dura de el Sisi contra la disidencia.

“El Estado de opresión en Egipto ha caído tan bajo que las fuerzas de el Sisi están arrestando a activistas reconocidos mientras duermen, simplemente porque alzaron la voz”, dijo Sarah Leah Whitson, la directora del Medio Oriente y el norte de África en Human Rights Watch. “El mensaje es claro: las críticas e incluso la sátira ligera harán que los egipcios lleguen directamente a prisión”.

Lo mismo es cierto en Turquía actualmente bajo el gobierno de un miserable: el presidente Recep Tayyip Erdogan. Me di cuenta el otro día de que casi todos mis amigos periodistas turcos habían sido encarcelados, despedidos o exiliados por el califa-tirano Erdogan.

El príncipe heredero de Arabia Saudita Mohamed bin Salmán ha iniciado algunas iniciativas muy importantes para disminuir el control de islamistas de línea dura en su país y empoderar a las mujeres. Pero la manera arbitraria y poco transparente en que ha arrestado e interrogado a líderes empresariales sauditas supuestamente corruptos —y de manera similar a diecisiete mujeres activistas en el tema de la conducción de autos— está contribuyendo a un clima de terror en aquel país. Esto socavará sus esfuerzos de atraer la inversión extranjera y saudita que es vital para la visión que tiene el príncipe de reformar la economía saudita.

“En Estados Unidos, sobreviviremos a Trump”, dice Michael Posner, director del Centro para los Negocios y los Derechos Humanos en NYU Stern. “Tenemos instituciones sólidas y muchas personas comprometidas con mantener nuestros procesos democráticos. Pero lugares como Egipto, Turquía o las Filipinas son Estados frágiles donde los activistas durante décadas dependieron de Estados Unidos para alzar la voz y decir: ‘Hay consecuencias en sus relaciones con Estados Unidos —el comercio, la ayuda humanitaria, el ejército, las inversiones— si acabas con la disidencia pacífica’. Actualmente, tenemos a un presidente que no solo ha dejado de criticar, sino que en realidad ha felicitado a los líderes por sus acciones fraudulentas y parece apoyar el mal comportamiento”.

Recuerden: estos líderes no están reprimiendo a radicales violentos, agrega Posner; literalmente están “criminalizando la disidencia y el debate”. Además, sus ciudadanos ahora creen que a nosotros nos parece bien esa situación. Si esto sigue así, el mundo terminará por convertirse en un lugar más peligroso para todos nosotros.



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