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Mr. Rogers y su vecindario para inculcar lecciones de vida

Esther J. Cepeda/The Washington Post | Martes 19 Junio 2018 | 00:01:00 hrs

Chicago — Hace tres años, inadvertidamente encontré en YouTube un episodio de ‘Mister Rogers’ Neighborhood’, y mi corazón dio un vuelco cuando escuché las campanillas de la música durante la cortinilla. Cuando Rogers comenzó a cantar su tan distintivo saludo, irrumpí en llanto.

La semana pasada, en una presentación de “Won’t You Be My Neighbor?” (¿Quisieras ser mi vecino?) —el nuevo documental de Fred Rogers, dirigido por Morgan Neville— duré un poco más de cinco minutos sin llorar. Durante la secuencia al inicio del film, el icónico tranvía rojo del vecindario es cuidadosamente sacado de una caja de madera y es colocado en sus rieles. Yo era un mar de lágrimas.

Eso es lo que pasa con el film “Won’t You Be My Neighbor?” —yo no lo hubiera podido apreciar si no tuviera fuertes y alegres memorias de las incontables horas que pasé con ese gentil, Flautista de Hemlín que vestía esos coloridos suéteres y que vivía en el Vecindario de Make-Believe. Y claro que no pude terminar de ver el documental sin sentir un dolor en mi corazón.

Cuando uno ve el formato y la mecánica de este documental, no es nada fuera de lo ordinario. Aprendemos sobre el joven artista de televisión Fred Rogers, quien, por un giro del destino en la forma de un carrete de película descompuesto, termina improvisando un segmento en el que tiene que contar una historia con su confiable títere hecho de un calcetín llamado Daniel Tiger. A partir de ahí logra recibir un subsidio y hace crecer ese programa para niños hasta convertirse en todo un fenómeno de la televisión que nadie podía perderse, y que muchos de nosotros recordamos de nuestra infancia.

Sus fans ya de por sí sabemos sobre el impacto tan profundo que Rogers tuvo en cada uno de nosotros.

Pero la magia de la película de Neville, suntuosamente filmada, comienza cuando descubrimos que Rogers hacía que todos sus televidentes se sintieran especiales, fuertes —incluso heroicos. Los hacía sentir como si estuviera hablándoles directamente a ellos cuando decía, por ejemplo, “La verdad está en nosotros, y es maravilloso cuando tenemos el valor de decirla”.

Como una hagiografía, al menos en parte, “Won’t You Be My Neighbor?” incluye entrevistas con la esposa de Rogers, sus hijos y compañeros de trabajo —aquellos que pasaron el mayor tiempo con él —y admiten que, sí, él era el mismo en la vida real tal como se presentaba frente a la cámara.

Sin embargo, la fuerza de este film se encuentra en el énfasis que se les da a esos poco conocidos aspectos del programa que nunca pasaron por la mente de los niños que lo veían.

Varias personas en el film consideraban a Fred Rogers de ser un radical por respetar la dignidad inherente de los niños, por recurrir a la investigación en las ciencias sociales para guiar sus segmentos, por ser tan valiente en sus conversaciones con los niños y por ser tan diverso (Es sorprendente ver las grabaciones de archivo en las que aparecen niños afroamericanos, asiáticos e hispanos simple y naturalmente trabajando y jugando juntos, mucho antes de que los grupos defensores tuvieran que cabildear para incluir semejantes imágenes en la televisión).

Aprendemos que en la mente de Rogers, el vecindario era ficticio, pero no era exactamente un lugar de fantasía —estaba lleno de personalidades de verdad que, cuando se encontraban, en veces experimentaban conflictos muy genuinos.

Una escena del episodio dos, filmada en 1968, resulta escalofriante para el contexto de nuestro mundo moderno. Un estridente encabezado de un periódico informa que el Rey Viernes XIII —el benevolente dictador del Vecindario Make-Believe— establece una guardia fronteriza. En episodios subsecuentes, varios de los personajes están tristes debido a que han sido reclutados para defender el perímetro del reino. Todo esto debido a que el rey está en contra del cambio.

El documental explica que era una referencia directa a los eventos que estaban ocurriendo en la Guerra de Vietnam, y había sido diseñado para ayudar a los niños a comprender las ansiedades de sus padres y a comprender sus propios temores.

En cierto punto, uno de los personajes lamenta que el Rey Viernes no quiere que nada cambie debido a que “nosotros somos los primeros”. Para el final de la semana, la coexistencia pacífica vuelve a reinar el país, después de que los súbditos de su majestad convencen al rey de que le ponga fin a la lucha.

Sí, ese era el grado tan profundo y real al que este programa tan aparentemente simplista llegaba.

Sin embargo, el corazón de la historia de este gentil hombre, es el impacto que Rogers tuvo. Vayan  a ver “Won’t You Be My Neighbor?” para entender la enormidad de su influencia.

Como hija de inmigrantes que sólo hablaban español en casa, pasé largos periodos de tiempo sola frente al televisor mientras mi familia hacía hasta lo imposible por vestirnos, alimentarnos y darnos un hogar. Fred Rogers significaba mucho más que simplemente un buen tipo con unos títeres en televisión.

Cerca del final del documental, vemos a una mujer que logra conocer en persona a Rogers y se desmorona en lágrimas. “No se me permitía ir al preescolar… por lo que mi mamá me hacía verlo a usted en televisión”, le dijo. “Gracias por darme una educación preescolar”.

Yo no podría haberlo dicho mejor.



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