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Cuide su jardín, pero también cuide a la gente

Rubén Navarrette Jr. / The Washington Post | Jueves 17 Mayo 2018 | 00:01:00 hrs

San Diego— Los discursos en las graduaciones deberían representar un desafío.  En este momento, es claro el mensaje que los graduandos –y todos nosotros– necesitamos escuchar:

“En lugar de tratar de conseguir un mejor trabajo y una casa más grande, hay que luchar por algo que usualmente es más difícil de obtener: ser una mejor persona. No hay que ser egocéntricos, hay que tratar de lograr un impacto positivo en las demás personas. No hay que menospreciar a nadie”.

Está bien desear trabajar duro para lograr el éxito financiero y disfrutar de los beneficios de un trabajo. Lo que no está bien es usar una elevada posición para insultar o atacar a alguien a quien se considera que es menos que uno.

Es como la historia del jardinero.

Primero, pondré las cosas en contexto.  Estados Unidos se está volviendo más malo.  Estamos cerrando nuestras puertas. Estamos enojados aunque haya trabajo o no lo haya. Sentimos coraje aunque la economía esté bien o esté mal. En una palabra, estamos molestos.

Es fácil pensar que se debe al presidente Trump. Si usted es un opositor de él, cree que él hizo que los estadounidenses fueran más abusivos, si lo apoya, seguro piensa que el abuso proviene de sus críticos.

Cualquiera que sea la causa, la evidencia es que el deterioro de nuestra civilidad está en todos lados.

En un reciente incidente que fue captado en video, un hombre caucásico de Riverside, California, insulta agresivamente a una musulmana que viste un nicab negro, que es un velo que cubre la mayor parte del rostro, excepto los ojos.

El hombre le preguntó a la mujer “¿Acaso es Halloween?”.  Ella le replicó que era musulmana y que si tenía algún problema con eso.  “No me gusta tu religión”, le dijo el hombre.  “No quiero ser asesinado por ti”.

Podemos recordar al candidato presidencial que catalogó a los mexicanos como criminales y violadores, o a la que dijo que si no la apoyaban pertenecían a una “canasta de deplorables”.

Podemos mencionar las cafeterías y dormitorios universitarios en donde actualmente se llama a la policía si una persona caucásica se siente amenazada por la presencia de un afroamericano.  También podemos ver a un funcionario de la Casa Blanca que en broma dijo que la administración no necesita preocuparse de que el senador John McCain se oponga a la elección de la jefa de la CIA, ya que el republicano de Arizona “se está muriendo”.

De igual manera podemos referirnos a un video aterrador en el que un arrogante comisionado de la Autoridad Portuaria de Nueva Jersey regaña a unos oficiales de la policía por hacerle una revisión de tránsito.

O si queremos alargar la lista, podemos hablar acerca de la torpe manera en que la muchos expertos de la televisión de cable discuten sobre inmigración.

Tomi Lahren, el colaborador de Fox News –quien al parecer no aprobó su clase de Historia pero en cambio, tiene una Maestría en histeria– recientemente insistió en que recibir a los inmigrantes que tienen “pocas destrezas, poca educación y que hablan un idioma extranjero no es lo que necesita este país”.

Aunque no se sabe de qué país estaba hablando.

Y cuando Jennifer Mendelsohn, experta en Genealogía,  indagó sobre los ancestros alemanes y noruegos de Lahren, encontró que no eran exactamente unos graduados de alguna Ivy League que hablaran el inglés del rey y que llegaron en el Mayflower, inesperadamente, Lahren fue el que se sintió ofendido. Acusó a Mendelsohn de tratar de jugar al “gotcha”.

Todos esos son ejemplos de comportamientos que saltan a la vista. Aunque ahora quiero hablar acerca de cómo trata la gente a los jardineros: la mayoría de los cuales son inmigrantes latinos.

Recientemente, en un foro en las redes sociales de personas que viven en mi vecindario, una mujer publicó un comentario iracundo en contra de los “autodenominados jardineros” que son personas que cortan el pasto y barren las hojas y que hablan un inglés muy limitado.

Agregó que una de esas personas había “destruido” una planta que valía 1 mil dólares, cuyo cuidado se lo encomendó a alguien que gana sólo 20 dólares la hora.

La mujer recibió el apoyo de la gente, una persona tras otra le deseó que pudiera encontrar a un “verdadero jardinero”.

Ya sé lo que están pensando, aunque yo también lo pensé. Si esta mujer desea un “verdadero jardinero” debería estar dispuesta a pagar más. O también podría hacerse cargo personalmente de su jardín.

Otra mujer que dijo era una “horticultora de la Costa Este”, le ofreció sus servicios –pero sólo como “asesora” y presumiblemente por más de 20 dólares la hora.

Aunque habría que darle el Premio Humanitario del Año al amable caballero que le sugirió a la mujer que acudiera a las autoridades. “Por favor, repórtelo a la policía o al Departamento de Inmigración y Aduanas”, comentó. “Hay algunos ilegales que andan por aquí, viendo las casas para robarlas y haciéndose pasar por jardineros”.

Usualmente nos preocupan los criminales y los narcotraficantes. Pero ahora, usted es un “bad hombre” si se le muere la planta que tiene bajo su cuidado.

Como ya lo dije, deberíamos aspirar a ser mejores personas. Con toda seguridad podemos ser mejores que esto.

 

 



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