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La amenaza a la democracia reside en la Casa Blanca

Nicholas Kristof/The New York Times | Sábado 13 Enero 2018 | 00:01:00 hrs

Dos politólogos que se especializan en la forma en que decaen y mueren las democracias han reunido cuatro señales de advertencia para determinar si un líder político es un autoritario peligroso:

1– El líder no se compromete de manera contundente con las reglas democráticas. 2– Él o ella niega la legitimidad de sus oponentes. 3– Él o ella tolera la violencia. 4– Él o ella demuestra cierta voluntad para frenar las libertades civiles o a los medios.

“Un político que cumple incluso con uno solo de estos criterios es motivo de preocupación”, escriben Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, ambos profesores de Harvard, en su importante libro de reciente publicación “How Democracies Die”, que será lanzado la siguiente semana.

“Con la excepción de Richard Nixon, durante el último siglo no hubo ningún candidato presidencial de un partido principal que cumpliera siquiera con uno de estos cuatro criterios”, una afirmación reconfortante de los autores. Desafortunadamente, tienen una noticia: “Donald Trump cumple con todos”.

Solemos suponer que la amenaza a las democracias viene de golpes de Estado o revoluciones violentas, pero los autores dicen que en tiempos modernos es más probable que las democracias decaigan a manos de personas que trabajan desde el interior y que obtienen el poder para empezar mediante elecciones. Eso es lo que pasó, a un nivel u otro, en Rusia, Filipinas, Turquía, Venezuela, Ecuador, Hungría, Sri Lanka, Ucrania, Polonia y Perú.

Venezuela era una democracia relativamente próspera, por ejemplo, cuando el demagogo populista Hugo Chávez aprovechó las frustraciones de los ciudadanos ordinarios y fue electo presidente en 1998.

Una encuesta de ese año halló que el pueblo venezolano creía de manera abrumadora que “la democracia siempre es la mejor forma de gobierno”, y sólo una cuarta parte señaló que el autoritarismo a veces es preferible. Sin embargo, contra su voluntad, los venezolanos se adentraron en una autocracia.

“Así es como mueren las democracias”, escriben Levitsky y Ziblatt. “El declive democrático de hoy comienza en las urnas electorales”.

De igual manera, anotan los autores, no más del dos por ciento de los alemanes o italianos se unieron a los partidos nazi o fascista antes de que obtuvieran poder, y parece que al principio no hubo apoyo mayoritario al autoritarismo ni en Alemania ni en Italia. Sin embargo, Hitler y Mussolini fueron demagogos astutos que se beneficiaron de la ceguera de los políticos que los consolidaron.

Déjenme decir en este punto que no creo ni por un momento que Estados Unidos siga el camino de Venezuela, Alemania o Italia. Sí veo esas tendencias autoritarias en Trump, además de una simpatía preocupante por otros autoritarios, como Vladimir Putin de Rusia y Rodrigo Duterte de Filipinas, pero estoy seguro de que nuestras instituciones son más fuertes que él.



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