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Deben unirse las mujeres para lograr la igualdad

Esther J. Cepeda/The Washington Post | Domingo 03 Diciembre 2017 | 00:01:00 hrs

Si hay alguna lección que salta a la vista después de semanas de reacciones a las revelaciones de malas conductas sexuales por parte de hombres poderosos es que la “hermandad entre mujeres”, de la que venimos escuchando desde el movimiento de liberación femenino, no existe.

Hay mucho retorcer de manos y enemistad entre las mujeres sobre si la presunta conducta sexual inapropiada del senador demócrata Al Franken debe colocarse al mismo nivel que las acusaciones de agresión sexual del candidato a senador republicano por Alabama, Roy Moore.

No muy por debajo de la superficie de este problema están las tensiones entre mujeres. Sus creencias van desde la certeza de que no todo chiste lascivo o coqueteo es equivalente a abuso sexual a la insistencia de que el manoseo debe ser categorizado como tentativa de violación, una conclusión que proviene de la definición de agresión sexual del Departamento de Justicia que dice que se trata de “todo tipo de contacto sexual o comportamiento que ocurre sin consentimiento explícito del destinatario”.

Y eso es incluso sin considerar los temas raciales.

Estos se hicieron visibles cuando la actriz Lena Dunham, adoptó una postura vocal en defensa de Murray Miller, un escritor del programa televisivo “Girls”, que ha sido acusado de violar a la actriz Aurora Perrineau cuando ella tenía 17 años y él 35.

Uno pensaría que lo fácil hubiera sido simplemente enojarse con Dunham, que es generalmente considerada un ejemplo de feminismo, por defender a su amigo al insinuar en un “tuit” que Perrineau estaba mintiendo, como es el caso de las instancias del “tres por ciento de casos de agresión sexual que son denunciados cada año”.

Pero esa herida es mucho más profunda.

Que Dunham defienda a un hombre blanco y poderoso de Hollywood a costas de una mujer joven de color (el padre de Perrineau es afroamericano y afrohaitiano) expuso esta grieta entre las mujeres blancas y las de color. Es una grieta que ha estado latente debajo de la superficie del feminismo y una vez más explota cuando Donald Trump llega a la Casa Blanca con la ayuda de los votos de mujeres blancas.

“No existe nada que se asemeje a la hermandad entre mujeres negras y mujeres blancas, punto”, dice Jamilah Lemieux, vicepresidente de noticias y programación de la compañía de noticias iOne Digital, en comentarios recientes en su podcast político “In the Thick”. “Hay amistades individuales, hay relaciones familiares, hay madres e hijas, pero no hay un sentido general de hermandad. No sienten ningún sentido de lealtad o de protección o de conexión con nosotras”.

Christina Greer, profesora asociada de ciencias políticas de la Universidad de Fordham, se sumó a este sentimiento en el mismo podcast al señalar: “Las mujeres blancas nunca están presentes cuando llega la hora de alzarse en defensa de mujeres de color que han sido victimizadas. No siento la hermandad y pienso que es falsa y pienso que las mujeres blancas tienen que hacer mucho más antes de que podamos estar en sintonía”.

Esos son los temas grandes, pero los temas diarios y pequeños son simplemente alarmantes.

En su nuevo libro, “La lógica de las chicas: genio y absurdidad”, la comediante Iliza Shlesinger explica tal carnicería. “¿Por qué mujeres bien intencionadas, mujeres que son más inteligentes que eso, incluso feministas, sienten la necesidad de destrozarse unas a otras? Francamente, pienso que es porque, sin importar cuánto progreso haya habido en la sociedad, todavía hay limitadas oportunidades para las mujeres. A las mujeres les queda tratar desesperadamente de reasegurarse a sí mismas, ya sea que se trate de hombres, dinero, hijos o trabajos, de que ‘hay suficiente para todas’. Y a veces sí lo hay. Pero a veces no, y sentirse hambrienta de oportunidades puede volver a cualquiera un poco competitiva”.

Aunque las agresiones de mujer a mujer sean resultado de la victimización, la impotencia, ciertos privilegios o la competencia nacida de la escasez, una cosa queda en claro: las mujeres deben respetarse y cuidarse unas a otras lo suficientemente como para unirse y arreglar la dinámica de poder que continúa evitando que logremos igualdad plena.


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