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Encontrar a la Madre Teresa de Estados Unidos

Nicholas Kristof/The New York Times | Martes 06 Diciembre 2016 | 00:01:00 hrs

Pine Bluff, Arkansas – Si esta temporada política los ha deprimido, conozcan a Annette Dove. Ella mitiga nuestros dolores y heridas, ya que representa lo mejor de las bases estadounidenses.

Dove, con 60 años, es una afroamericana que desertó de la secundaria cuando quedó embarazada, que ha aguantado el racismo y la violencia doméstica. Al echar mano de su propia experiencia de sobreponerse a las dificultades, ahora opera un programa ampliamente admirado para niños aquejados de problemas. En parte, fondea el programa con sus propios ahorros, incluso, se declaró en bancarrota personal para mantenerlo funcionando, y transforma vidas.

Dove trabaja siete días a la semana y batalla mes con mes para pagar las facturas con donaciones, apoyo de fundaciones y una subvención del gobierno estatal; cuando se acaba el dinero, ella reza.

La pobreza y las desventajas que Dove está combatiendo aquí, en Pine Bluff, un pueblo pobre, mayoritariamente de negros, con 50 mil habitantes, se encuentran por todo Estados Unidos. Sin embargo, también, las personas como Dove, que están batallando para que haya progreso por medio de las iglesias, las escuelas, los programas del Gran Hermano, o los esfuerzos del activismo.

Estos héroes no alcanzan los titulares, no tienen recompensas, ni gloria, y, regularmente, les rompen el corazón, pero no aflojan y ayudan al siguiente niño. Este es el espíritu que admiró Tocqueville en el Estados Unidos del siglo XIX, y es el porqué en un año electoral brutal, Dove y quienes son como ella ayudan a restaurar mi fe en Estados Unidos.

Si se considera a Jesse Spencer, un joven que cuenta, cuando tenía 13 años, el novio de su madre lo corrió a patadas de su casa. Indigente, recurrió a las pandillas callejeras para sobrevivir y no aprendió a leer.

Spencer tuvo unos cuantos enfrentamientos con la policía y, luego, a los 16, se juntó con unos amigos para robarle a una repartidora de pizza con una pistola de municiones. Lo aprehendieron, le levantaron cargos como si fuera adulto y lo sentenciaron a 12 años de cárcel; terminó cumpliendo más de nueve años y lo liberaron en agosto.

Dove lo está ayudando a conseguir empleo y una identificación, y lo siguiente es una medida de cuán marginado está: hasta la ortografía de su apellido es un problema. Dice que se escribe Jesse, pero algunos expedientes policiales muestran que es Jessie, y como lo detuvieron cuando tenía 16, de adulto, nunca ha tenido una identificación normal.

Spencer interactuó brevemente en el programa de Dove cuando era niño y me dijo, con tristeza, que si hubiese sido más tiempo “habría marcado una gran diferencia”. Sigo pensando esto: los contribuyentes gastaron más de 200 mil dólares con el encarcelamiento de Spencer, pero no estamos dispuestos a invertir lo suficiente en programas como el de Dove que ayudan a romper el ciclo de la pobreza y a evitar que los muchachos se metan en problemas.

Es en sitios como Pine Bluff que uno ve qué tanto importan las políticas federales, estatales y locales en la forma que tiene nuestra vida cotidiana, y los heroicos esfuerzos benéficos no pueden compensar las políticas fallidas. No construiríamos un sistema de carreteras interestatales por medio de beneficencias y tampoco podemos armar un programa integral para chicos en riesgo de esa forma. Sin embargo, en tiempos difíciles, la gente como Dove mantiene el dedo metido en el agujero de la presa y evita las catástrofes.

Dove está tan motivada apara ayudar a estos niños porque es su mundo. Después de quedar embarazada a los 16 años y dejar la escuela, obtuvo el diploma de equivalencias generales y un título universitario, se convirtió en una maestra estrella de educación especial y, después de que murió su amado esposo, renunció a su empleo y empezó TOPPS, las siglas en inglés para el programa para atacar las prioridades de nuestra gente con servicios.

Evolucionará a ser un programa de actividades después de clases, con el que también se alimenta a 600 niños al día en el verano y ofrece orientación, apoyo pedagógico y ayuda para mantenerse fuera de la cárcel, lejos de las drogas y en la escuela. Los primeros niños que pasaron por el TOPPS ahora están en la universidad, 33 de ellos.

“Tenemos muchas familias infestadas por las drogas”, comentó Dove, y sus mentores y ella parecen padres sustitutos porque les dicen a los niños cómo vestirse y que utilicen anticonceptivos, y los guían para presentar los exámenes de ingreso a la universidad y las solicitudes de becas.

Los muchachos aprenden habilidades que los de clase media absorben rutinariamente, como la forma de hacerse el nudo de la corbata o ver a los ojos al entrevistador de un empleo. Este entrenamiento no borra el daño de las escuelas problemáticas, ni de los barrios peligrosos, pero ayuda. Hablan de política, sexo, sida, elaboración de presupuestos y temas financieros en reuniones, así como la forma de tratar a las chicas con respeto.

“Enseñamos a tomar de la mano a una dama en lugar de agarrarla y toquetearla por todas partes”, explicó Mike Dove, el hijo de Annette, quien supervisa la orientación para los muchachos y los programas preuniversitarios en su tiempo libre.

Les pregunté a varios muchachos del programa qué pasaría si alguno de ellos hacía comentarios “de vestuario” sobre las chicas. Parecían horrorizados. “Eso serían lagartijas”, dijo Devonta Brown, quien llegó al programa cuando tenía problemas y estaba en cuarto grado, y ahora es presidente de su grupo en el último año de bachillerato, quien busca sacar puros dieces este año y proseguir a la universidad.

A pesar de todo el buen trabajo que realiza TOPPS, Dove sigue batallando constantemente para cubrir sus gastos (se puede encontrar más información al respecto y opciones para donar en toppsinc.org). Ella no se arrepiente.

Hace un mes, escribí sobre Emanuel Laster, un niño negro de 13 años del problemático Pine Bluff, a quien le va bien en la escuela, pero no tiene libros en su casa y está en peligro de que lo succione el mundo de las pandillas y las drogas. Dove ahora reclutó a Emanuel para participar en sus programas extraescolares y le está hablando sobre la universidad. Asimismo, le está dando libros y la ha ofrecido cinco dólares por cada uno que lea y escriba un reporte sobre él.

Una tarde, estábamos parados afuera de la casa de Emanuel y hablamos de la tremenda promesa que es, y del enorme riesgo en el que estará si lo hacen desviarse y no lo consigue.

“La forma en la que vamos a romper el ciclo es darles a estos chicos una oportunidad y mostrarles cómo aprovecharla”, me dijo Dove. Con fuerza de voluntad, ella crea oportunidades para los muchachos que no tienen ninguna; y nos recuerda que cualquier cosa que pase en Washington, existen hacedores de milagros en las bases.


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