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Seducidos y traicionados por Trump

Paul Krugman
New York Times News Service | Sábado 03 Diciembre 2016 | 00:01:00 hrs

Nueva York— Donald Trump ganó el Colegio Electoral (aunque no el voto popular) gracias a la fuerza del abrumador respaldo de los blancos de clase trabajadora, quienes se sintieron rezagados ante la economía y la sociedad cambiantes. Y están por recibir su recompensa –la misma recompensa que, durante la carrera de Trump, han tenido todos lo que han confiado en sus buenas intenciones. Piensen en la Universidad Trump.

Sí, la clase trabajadora blanca está por ser traicionada.

La evidencia de dicha próxima traición que se cierne resulta obvia al elegirse para puestos claves a un conjunto de personajes a favor de la iniciativa privada y contra el sindicalismo. En particular, la historia más importante de la semana –en serio, dejen de fijarse en lo que Trump tuitea– fue la elección de Tom Price, ardiente opositor del Obamacare e impulsor de la privatización de Medicare, en la Secretaría de Salud y servicios humanos. Dicha decisión probablemente significa el fin de la Ley de Atención Asequible –y los partidarios más entusiastas de Trump se cuentan entre los que más perderán por ello.

Lo primero que hace falta comprender aquí es que siempre ha resultado fraude que los republicanos hablen sobre ‘anular y reemplazar’. El Partido Republicano lleva seis años asegurando que en cualquier momento ofrecerá una alternativa para el Obamacare; la razón de que no la haya presentado es que no puede.

El Obamacare se ve como se ve porque tiene que ser así: no se puede cubrir a los estadounidenses con enfermedades preexistentes sin exigir que se inscriba gente sana, y sin subsidios para volver accesible el seguro, eso no puede hacerse.

Cualquier sustituto o se parecerá mucho al Obamacare o le quitará la cobertura a millones de personas que la necesitan con desesperación.

Lo que sugiere el nombramiento de Price es que, de hecho, la administración Trump está lista para ver cómo pierden su seguro millones de personas. Y muchas de ellas serán seguidores de Trump.

La razón se aprecia al analizar datos del Censo del 2013 al 2015, que muestran el impacto de la implementación completa del Obamacare. En dicho lapso, bajó en 13 millones el número de estadounidenses no asegurados; los blancos sin carrera universitaria, quienes votaron por Trump en proporción de cerca de dos a uno, representaron cerca de ocho millones de dicho descenso. Así que probablemente estemos viendo a más de cinco millones de partidarios de Trump, muchos de quienes padecen problemas crónicos de salud y hace poco obtuvieron por primera vez seguro médico y que acaban de volver sus vidas más duras, más desagradables y más breves.

¿Por qué lo hicieron? Quizá no se hayan dado cuenta de que estaba en juego su cobertura –en el curso de la campaña, la prensa casi no cubrió las políticas. O tal vez creyeron cuando Trump les aseguraba que sustituiría el Obamacare con algo de verdad.

De cualquier modo, están por despertar repentinamente, situación que se pondrá aun peor en cuanto los republicanos impulsen sus planes para poner fin al Medicare como lo conocemos, lo cual parece ya haber empezado a pesar de que el presidente electo había prometido específicamente que no haría algo así.

Y por si acaso se lo preguntaran ustedes, no, Trump no puede regresar los empleos manufactureros que se han perdido a lo largo de las últimas décadas. Dichos trabajos se perdieron básicamente debido a los cambios tecnológicos, no a las importaciones, y no van a volver.

No habrá nada con qué compensar el perjuicio que los trabajadores sufran cuando los republicanos destrocen la red de seguridad.

¿Habrá alguna repercusión política, una ola de remordimiento por parte del comprador? Quizá. Definitivamente los demócratas contarán con buena asesoría para machacar sin cesar la traición de Trump a la clase trabajadora. Pero necesitamos considerar las tácticas que utilizará para ocultar la magnitud de su traición. 

Una táctica, que ya hemos visto durante el ostentoso anuncio que la presente semana se hizo de un trato para mantener en Estados Unidos algunos empleos de Carrier, será distraer al país con temas llamativos y triviales. Cierto, dicha táctica sólo funcionará si la cobertura periodística es tanto crédula como negada para los números.

No, Trump no confrontó a Carrier –al parecer le ofreció un soborno. Y estamos hablando aproximadamente de mil empleos en una economía enorme; al ritmo del acuerdo del tamaño del de la Carrier, Trump tardaría 30 años en salvar el número de trabajos que el presidente Obama retuvo con el rescate automovilístico; tardaría un siglo en compensar la pérdida general de empleos de manufactura registrada desde el 2000.

Pero a juzgar por la cobertura que hasta ahora se ha dado al trato, parece acertado suponer que los medios informativos serán crédulos y no se les dan los números.

Y cuando empiece a asimilarse la realidad, si es que cae el veinte, de que los trabajadores están perdiendo terreno, me preocupa que los trumpianos hagan lo que a menudo hacen los gobiernos autoritarios para cambiar el tema de su mala actuación: se ponen a buscar un enemigo.

Recuerden lo que dije sobre Trump y Twitter. Aun cuando tomaba una gran medida para quitar el seguro médico a millones de personas, Trump empezó una diatriba sobre retirarles la ciudadanía a quienes quemaran la bandera. No fue coincidencia.

Lo primordial es mantener la atención en lo importante. Se acaba de dar un golpe inesperado a millones de estadounidenses. Sólo que todavía no lo saben.


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