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Juan Gabriel y su música en la cultura mexicana

Francisco E. Padilla/Analista Social | Lunes 05 Septiembre 2016 | 00:01:00 hrs

Ciudad de México– La música es un maravilloso vehículo de comunicación y de unión entre los hombres y las mujeres; no necesita del idioma para darse a entender, pues con solo utilizar las notas musicales como su  lenguaje, las convierte en el punto concéntrico común a cualquier raza e idioma.

¿Qué sería de nosotros los humanos sin este medio como es la música, la cuál en ocasiones puede expresar tanto alegría como tristeza, esperanza como desesperanza, paz e inquietud, amor y odio, protesta y sumisión, con un mensaje o desprovisto de él, pretendiendo tan sólo divertir, aunque también puede transmitir desolación, celos e infortunio.

Pues bien, esos entes especiales nacidos para vivir entreteniendo a los demás con su arte, en este caso el musical, son los cantautores: ellos vienen a este mundo con una encomienda muy especial, su vocación y misión se traduce en bregar en su diario devenir jugando con las letras, las notas musicales y la voz para cumplir cabalmente con su objetivo, impactando positivamente con su mensaje a sus seguidores.

Acaba de morir uno de ellos, muy importante, muy querido, muy extrañado y llorado a una semana de su partida, pues Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como “Juan Gabriel” es lo que es para el pueblo Mexicano: un tesoro muy querido.

Y aún cuando este escribidor no era un fanático de su persona, aprendí a admirar su música, pues desde la familia crecimos escuchándola, tanto mi esposa como mis hijos. Es entonces para mí un verdadero atrevimiento dedicarle este artículo al cantautor, pues aún sin conocerlo personalmente ha imperado en mí la responsabilidad periodística de dedicarle este espacio, por él, por su público y por nuestros lectores.

Juan Gabriel, nacido en Parácuaro, Michoacán un 7 de enero de 1950, muere de un ataque al corazón el pasado domingo 28 de Agosto de 2016 en Malibú, California, haciendo brotar emotivas y sinceras lágrimas de muchos que lo amaban al conocer la noticia; y es, sin duda, uno de esos personajes especiales que trascienden a su misión, muy a pesar de sus modestos orígenes, siendo el encargado de darle una lección a un país tan machista como lo es México, país al que le arrebató el cariño popular generalizado, a pesar de su modo de ser, tal como lo afirmó el autor Carlos Monsiváis en su libro “Escenas de pudor y liviandad” (1981).

Cada siglo nos premia con uno o dos genios artísticos por país; estamos seguros que los dos que le correspondían a México desde el siglo pasado ya se agotaron con la venida y partida de los dos grandes como han sido Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” (1929-2014) y Juan Gabriel, aunque se nos premió con uno más: Germán Valdez, el Tin Tan juarense (1915-1973).

He reflexionado en torno a este cantautor la semana posterior a su muerte, me voy convenciendo de que vino para ser el deleite y agasajo de las mujeres; pero a la vez, me convenzo que los hombres fuimos beneficiados al enseñarnos con su arte musical a reconocer y expresar nuestros sentimientos cantando sus canciones.

A la muerte del cantautor saltaron a la palestra acérrimos críticos, con afanes protagónicos, tal como lo hizo el periodista Nicolás Alvarado, ahora ex director de TV-UNAM, quién tachó a Juan Gabriel de torpe y chambón refiriéndose a la lírica del cantautor. Un escritor de cuento y poesía, Yuri R. Vargas, se sentó a analizar la canción “Amor eterno”, concluyendo que tanto esa canción como muchas otras de sus canciones cumplían técnicamente con las reglas de la sintaxis, acorde a la métrica musical, con prosa y versificación bella y además un estilo propio que exhibió y que gustó a la gran generalidad de los Hispanoparlantes.

La base del éxito de Juan Gabriel es, sin duda, su autenticidad en todo lo que hacía; si cantaba, si actuaba, si componía, si tocaba sus composiciones a sus seguidores, si expresaba su mentalidad al ser entrevistado, en todos esos escenarios él se mostraba tal como era, sin tapujos, pero con un respeto hacia todos.

En el caso de Juan Gabriel como Mexicano, podría haber aceptado la transculturización pasiva que nuestro país padece, ya sea en lo musical, en lo cultural o en lo industrial, como con la Industria Maquiladora; pero él fue un factor activo para conservar, promover y defender la extensa riqueza musical de México, la mostró con influencia y poder en el exterior, en cualquier lugar en donde se presentaba, culturizando así positivamente a muchos escenarios foráneos.

Este embajador sin título, con dicha actividad logró que México tuviera un lugar preponderante ante los ojos artísticos mundiales, logrando efectivamente que la música vernácula Mexicana, con mariachi y orquesta, penetrara los oídos y corazones de quiénes lo escuchaban, transmitiendo con sus canciones sentimientos tales como el del amor (‘Amor eterno’), pero también el dolor (Abrázame muy Fuerte) y desamor (‘Querida’), de esperanza (‘Por qué me haces llorar’) y desesperanza (‘Fue un placer conocerte’), o desaliento (‘No me vuelvo a enamorar’); navegó también por la soledad y tristeza con su primera canción, ‘La Muerte del palomo’.

Latinoamérica llora la muerte del ídolo, pero sobre todo México lo llora a su manera, es cultural: lo hace cantando sus canciones. Esta es una manera muy particular de recordarlo, tal como las ancestrales costumbres Mexicanas del día de muertos, a quiénes se les evoca ofreciéndoles su bebida y comida preferida, la cuál a final de cuentas se la comen y beben los vivos.

Post Scriptum

La riqueza literaria de Juan Gabriel se demostró con sus “frases matonas” que quedarán para la posteridad, tales como algunas con las que le contestó a Fernando del Rincón en una entrevista:

– “Lo que se ve no se pregunta”

– “En el infierno hago mi propia Gloria” y “He hablado con Dios a través de mí”

– “Lo que yo digo es lo que yo siento”

– “A Dios lo siento en mis seguidores y he hablado con Dios a través de ellos”     – “Lo que uno hace es lo que vale”

– “Que se preocupen en vivir sus vidas y que dejen vivir a los demás”

– “No vivas por vivir”

– “La vida no es corta, lo que es corta es la juventud”

–  “Hay muertos que viven todavía y vivos que muertos están” 

–  “Arriba Juárez”

– “Me gustaría morir en domingo, por ser el día del Señor”

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