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Desconcierto en el crecimiento urbano

Elvira Maycotte
Escritora | Miércoles 07 Noviembre 2018 | 00:01:00 hrs

Hace unos días estuvo en Ciudad Juárez uno de los investigadores más destacados de nuestro país en cuestiones urbanas: Alfonso Iracheta, quien entre sus acciones a favor de la calidad de vida en las ciudades ha sometido al Poder Legislativo algunas iniciativas que hoy forman parte de la normatividad, por ejemplo, de planeación y gobernanza de zonas metropolitanas, tema por demás actual, toda vez que apenas tres décadas atrás la mayor preocupación de los planificadores urbanos era atender la problemática que las ciudades enfrentaban por el crecimiento en términos de población y territorio derivado de los movimientos migratorios del campo hacia las ciudades, escala que para buena parte de territorio se ha rebasado hasta llegar a la metropolitana a causa precisamente del aumento de la población, o bien, de la conurbación de dos o más municipios. Tan importante es el tema hoy día que en México tenemos 74 zonas metropolitanas y en ellas vive el 63 por ciento de la población.

El Dr. Iracheta es un actor académico y político que ha sido punta de lanza en detectar y brindar soluciones a las cuestiones urbanas que, si para muchos pudieran resultarles lejanas, baste decir que precisamente son éstas las que delinean nuestra vida cotidiana, ya que usted y yo vivimos en una ciudad considerada dentro de un área triplemente metropolitana –o sea, triplemente compleja– por el número de habitantes, por la conurbación de municipios y por ser binacional dada su vecindad con El Paso, Texas. También han sido importantes sus aportaciones en los temas de suelo urbano y vivienda, de vital importancia para la construcción –o destrucción, en su caso– de las ciudades. Durante su charla hizo énfasis en la necesidad de gobernar adecuadamente las grandes ciudades y las metrópolis, pues si bien en ellas se concentran los niveles más altos de educación, actividad económica y científica, además del poder político y social, es aquí donde se observan los mayores niveles de desigualdad.

Porque, precisamente hablando de suelo y vivienda ¿cómo se las arreglan los sectores más pobres para hacerse de un lugar donde vivir? Es innegable que ese amplio sector, el 60 por ciento de la demanda de vivienda que tiene ingresos menores a dos salarios mínimos, al no encontrar oferta de suelo y vivienda se asienta de manera irregular. Por otra parte la vivienda institucional cada día es más pequeña, menos habitable y ubicada muy lejos de los centros urbanos por lo que resultan, según Iracheta, caras e injustas.

Afirma que el crecimiento de las ciudades se ha dado de una forma dinámica y desordenada, ocupando cada vez más territorio “sin plan y sin concierto”, toda vez que la planeación se hace de manera sectorial y no integral, es decir, se planea el sector económico, el social y territorial sin coordinación alguna, acentuando y haciendo evidente la disfunción entre la realidad socio-espacial y los gobiernos de las ciudades porque no se ha logrado entender que las partes, territorios y sectores, no suman el todo, y porque los instrumentos legales no lo favorecen, ni son construidos con la participación de los actores políticos y sociales.

Propuso soluciones que ya han sido expuestas reiteradamente pero que no se han implementado por quienes tienen la competencia de hacerlo: el Gobierno en sus tres niveles: no más conjuntos de viviendas aislados y sin todas las funciones urbanas, ofrecer suelo bien localizado y con servicios a la población más pobre, ocupar los vacíos urbanos con vivienda social –no necesariamente vertical– y usos múltiples y reciclar la vivienda deshabitada.

Tristemente, debemos reconocerlo, no somos ajenos a este panorama gris que describió, de hecho, nuestra ciudad es una de las mejores muestras de lo que él llama “inteligencia fracasada” –en lo personal me pregunto ¿fracasada para quién?– y coincidimos en la urgencia de impulsar una estrategia nacional para la planeación de usos y reservas de suelo pues “lo que pudo ser una política fundamental para reordenar las ciudades, se limitó a construir casas sin concierto que ha resultado en gran número de viviendas abandonadas”. Sin embargo, ante la sentencia de Iracheta “lo que ocurra en las ciudades y metrópolis delineará el futuro de la sociedad”, se vislumbra una oportunidad ante una publicación en Twitter de Román Meyer, futuro titular de la Sedatu: “Hace 20 años la vivienda era un motor de avance social y económico. Hoy, motivada por sectores inmobiliarios privados, es un factor más de desigualdad. Impulsemos políticas que garanticen el derecho a la vivienda y el desarrollo económico local”. 



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