De política y cosas peores | Dejé de ser Felipe para ser Fernando | Opinion

Opinión

Diario.mx: Edición Cd. Juárez, Chihuahua, México | Últimas Noticias
Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario

Lunes 17 Diciembre 2018 | 

0

48

39

Secciones

Lunes 17 Diciembre 2018 | 

0

48

39

Buscador | Diario.mx
Registrate El Diario Regístrate aquí

En tu Mail

Facebook El Diario Twitter El Diario


De política y cosas peores | Dejé de ser Felipe para ser Fernando

Armando Fuentes
Escritor | Martes 25 Septiembre 2018 | 00:01:00 hrs

Ciudad de México.- Pocas veces, Armando, he vivido tan intensamente como cuando representé el papel de muerto. No lo hice en el teatro, sino en la vida. Tú sabes que en tiempos de la juventud fui actor. Viví la magia que consiste en dejar de ser tú mismo por una hora para ser otro ser, otra persona. A veces pienso que habría sido feliz como histrión de carpa, ésos que iban de pueblo en pueblo haciendo el Tenorio ("con todos los trucos que requiere la obra", anunciaría el programa), "El mártir del Calvario", o culebrones como "Mancha que limpia" o "La virtud del pecado". En vez de eso degeneré en hombre serio, que así se llaman los que están hechos en serie. Qué lástima. Tuve cargos, vale decir cargas, en vez de soñar sueños. En fin, así es la vida. O en fin, así no es la vida. Te diré cómo fue que tu tío Felipe, o sea yo, hizo el papel de difunto. Sucedió que mi mamá tuvo una amiga que al parecer fue una belleza. Se casó con un hombre que vino de otra parte, y se fue con él de la ciudad. Al paso de los años enviudó -no tuvo hijos- y regresó a la casa que había sido de sus padres. Un día fue a visitar a mi mamá y me vio, muchacho yo de 18 años. Noté en su rostro una expresión extraña. "¿No crees -le preguntó a mi madre- que tiene un cierto parecido con Fernando?". Fernando se había llamado su marido. Una tarde, casi ya noche, pasé frente a su casa. Estaba ella en la puerta, como esperando a alguien. Me vio y me dijo sencillamente: "Entra". Traía yo saco. En la penumbra de la sala me lo quitó y me preguntó cariñosamente: "¿Cómo te fue?". Y luego: "Ven, siéntate, descansa". Me trajo una copita de jerez. "Voy a calentar la cena". Yo no sabía qué hacer. No entendía lo que estaba sucediendo. A poco oí su voz: "Ya está". Fui al comedor. Sin decir nada me sirvió un plato de pasta y puso frente a mí una copa de vino. Ella cenó también mientras hablaba de las cosas del día: que si había pagado el recibo de la luz; que si recibió carta de su prima. Acabada la cena se puso en pie. Hice lo mismo. Vino hacia mí, sonriendo, y me abrazó. Me acarició la cabeza en la parte de la nunca, como para excitarme, y me preguntó al oído, mimosa: "¿Tienes ganas, mi amor?". No respondí, claro; así de nervioso estaba. Musitó: "Vamos". Me llevó a la alcoba. Ya había oscurecido. No encendió la luz. Me besó primero con suavidad, después apasionadamente. Me desvistió, y sentí que se desvestía también. Recorrió mi cuerpo con sabiduría. Luego se acostó y me atrajo hacia ella. Hice lo que mis 18 años me dijeron que debía hacer. Y lo hice apasionadamente. De pronto me dijo respirando con agitación: "¡Así, Fernando! ¡Así!". Entonces me expliqué todo. La señora estaba viviendo lo que con su esposo había vivido. Mi semejanza con él la llevó a actuar esa fantasía. Desde esa vez muchas otras dejé de ser Felipe para ser Fernando. Esperaba que oscureciera para que los vecinos no me vieran entrar en la casa, y luego hacía el papel del marido muerto. Le hablaba a su mujer como suponía que él le hablaba. Y ella, siempre, en los momentos del amor: "¡Así, Fernando! ¡Así!". Una noche acabó todo. Habíamos bebido más que de costumbre; una botella y media. El amor esa vez fue más ardiente que nunca. De pronto ella me dijo: "¡Así, Felipe! ¡Así!". No había acabado de decirlo cuando me separó de sí violentamente. "¡Vete! -me ordenó con un gemido-. ¡Sal de aquí!". Me vestí en la oscuridad. Oí que ella lloraba. Al retirarme la escuché decir con voz muy queda: "Perdóname, Fernando". La noche siguiente, y otras más, intenté verla, hablar con ella, despedirme. No volvió a abrir la puerta. Ésa es la historia, Armando. Todavía no acabo de entenderla. FIN.



  • comentarios

Los comentarios que en la sección de arriba se vierten son responsabilidad de los participantes. Ayúdenos a mantener un intercambio de ideas sano denunciando, mediante un en el ícono de la bandera, cada participación que considere inapropiada. Si el comentario no cumple con LAS REGLAS, será eliminado. Consulte aquí el reglamento.

Bienvenido a nuestro servicio de comentarios. Lo invitamos a analizar, comentar y cuestionar los artículos y reportajes que publica El Diario. Para mantener un intercambio de ideas sano para todos nuestros usuarios, es necesario que siga las reglas que a continuación detallamos. Al participar en el servicio de comentarios usted acepta la aplicación de estas normas.

Usted acepta que es totalmente responsable por el contenido que publica.

No publicará intencionalmente contenido que viole el derecho de autor, marcas registradas, patentes o cualquier otra propiedad intelectual de una tercera persona.

No difundirá contenido difamatorio, obsceno o agresivo que viole el derecho de una tercera persona a la privacidad de acuerdo a las leyes municipales, estatales, federales o incluso internacionales o que sea considerado inapropiado. Indemnizará a Publicaciones Paso del Norte(*), sus empleados y empresas afiliadas de todas y cada una de las demandas y/o dátos (incluyendo, pero no limitándose a honorarios de abogados) que sean presentadas por terceras personas en relación con el contenido que usted publicó. No redactará contenido que discrimine a otras personas por su género, raza, origen étnico, nacionalidad, religión, preferencias sexuales, discapacidades o cualquier otra categoría.

Usted entiende y acepta que El Diario no es responsable por el contenido publicado por terceras personas.
Es de su entendimiento que en los foros de discusión, El Diario supervisa el contenido publicado y se reserva el derecho de eliminar, editar o alterar el contenido que parezca inapropiado por cualquier motivo sin pedir el consentimiento del autor. Nos reservamos el derecho de acuerdo a nuestro propio criterio de retirarle a un usuario el derecho a publicar contenido en nuestro sitio.

Entiende y acepta que los foros de discusión deben ser usados sin propósitos comerciales.
No solicitará recursos o apoyos económicos. No promoverá empresas comerciales o realizará actividades comerciales de ningún tipo en nuestros foros de discusión.

Usted entiende y acepta que el uso de cualquier información obtenida a través de los foros de discusión es bajo su propio riesgo.
El Diario de ninguna manera respalda el contenido que los usuarios difunden, y no puede ni se hará responsable de su veracidad.

Con cada contenido que usted publica, otorga a El Diario sin pago de regalías la licencia irrevocable, perpetua, exclusiva y totalmente sublicenciable para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados de, distribuir, realizar y mostrar dicho contenido en su totalidad o partes a nivel mundial y para incorporarlos en sus trabajos de cualquier modo conocido actualmente o desarrollado con posterioridad.







Inicie sesión con cualquiera de las siguientes redes sociales: