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Gigantes y dinosaurios

Jesús Antonio Camarillo
Académico | Sábado 15 Septiembre 2018 | 00:01:00 hrs

El libro “Gigante de lodo”, recientemente presentado, de la autoría del periodista Raúl Olmos, lleva a cabo una robusta investigación sobre el entramado de las operaciones ilícitas envueltas en el famoso caso “Odebrecht”, cuyas implicaciones para nuestro país, lejos de generar responsabilidades cae en la espantosa red de impunidad que se enseñorea desde hace muchos años en México.

Caso Odebrecht irrumpe, y así lo evoca el título del libro, como un enorme modelo de la falta de atención de la justicia mexicana para los casos de enriquecimiento ilícito, sobornos y otros graves delitos que han convertido a este país en uno de los más grandes paraísos de la impunidad a nivel global. En el asunto de Odebrecht, es pertinente recordar, así lo sugiere el texto de Olmos, que uno de los puntos medulares de la trama criminal tiene que ver con el financiamiento de campañas políticas para posteriormente obtener jugosos contratos, trama en la que funcionarios del más alto nivel en México estarían inmiscuidos, convirtiéndose en un caso transexenal que involucra los períodos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

El autor del libro ha dicho en varias entrevistas que es de esperarse que en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador exista un cambio en la manera de encarar las implicaciones del caso. La esperanza del viraje radicaría, en buena medida, en que el exfiscal electoral, Santiago Nieto, se convierta en titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, tal como se ha venido perfilando.

Por supuesto, siendo sumamente importantes las implicaciones del caso Odebrecht para empezar a medir el tamaño del ímpetu de la procuración y aplicación de la justicia mexicana en el gobierno de López Obrador, la verdadera prueba de que esteremos en un sexenio “diferente” en materia de confrontación de la impunidad y la corrupción tiene múltiples y muy variadas capas.

Cuando López Obrador anunciaba reiteradamente que su sexenio no sería uno caracterizado por la venganza pero sí por la justicia, o uno sí marcado por el perdón pero no por el olvido, uno quisiera entender que no se trata de frases hechas que evocan a Paulo Coelho, sino más bien que detrás del enunciado hay un compromiso del presidente electo para significar a su sexenio como una auténtica “Cuarta Transformación”, que en materia de impartición de justicia, no se podría entender si se cierran los ojos ante el saqueo histórico y la impunidad sempiterna.

En ese sentido, una auténtica “Cuarta Transformación” lo será solamente si el país se reencuentra consigo mismo, y en ese reencuentro la vereda del ajuste de responsabilidades es un camino que se tiene necesariamente que recorrer. Si esto no ocurre así, el pueblo empezará a creer que el gobierno de Andrés Manuel sólo representa más de lo mismo. Que sexenio nuevo tapa a sexenio viejo. La misma película con nuevos protagonistas.

López Obrador tiene una responsabilidad histórica. Zonas como la nuestra, ya se anunció, se verán favorecidas de inmediato con medidas en materia impositiva. Asimismo, se anuncia su visita a la entidad para la realización de un foro para la consulta y la discusión de la reforma educativa. Será un presidente cercano a la gente y a su problemática. Diferente a sus antecesores, pues. Pero su posible gran legado, el hacer efectiva la reiterada “Cuarta Transformación” no podría lograrse sin ese elemento sustantivo que es la lucha en contra de la impunidad. El borrón y cuenta parecería insertarse en lo “políticamente correcto”, pero percatémonos, de lo que se trata es de inaugurar nuevas formas de hacer y entender la política.

Ya es tiempo de que lo “políticamente correcto” se nutra de otros elementos, no de las viejas formas del régimen decimonónico. Tampoco de los vicios ancestrales.



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