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¿Estamos mejor o vamos para atrás?

Elvira Maycotte
Escritora | Miércoles 29 Agosto 2018 | 00:01:00 hrs

Ante la vorágine de la vida cotidiana y el cúmulo de noticias, de informes de diferentes instancias sobre los logros y metas alcanzadas, se vuelve necesario hacer un alto, voltear a nuestro alrededor y, cuidadosamente lanzar una mirada al pasado. Es entonces cuando, después de reconocer el punto en donde nos situamos, debemos asumir una actitud crítica, aunque ello nos incomode.

Hace unos días volví a leer un texto que a la letra dice: “La crisis de la vivienda –a la cual la prensa dedica hoy tanta atención– no reside en el hecho universal de que la clase laboriosa de las ciudades es mal alojada y vive en viviendas sobrepobladas y malsanas… Lo que se entiende hoy como crisis de la vivienda, es la agravación particular de las malas condiciones de habitación de los trabajadores, debida al rápido flujo de población hacia las grandes ciudades”.

Como siempre, cuando termino de leer esta afirmación inevitablemente vuelve a mí ese sabor amargo que siempre motiva, porque, déjeme decirle, la situación a la que alude es de tanta actualidad, que pareciera haberse escrito hoy mismo, la semana pasada o quizá un par de años a lo sumo, pero no, no es así, se debe a Friedrich Engels, quien la escribiera en su libro “La Cuestión de la Vivienda”, en 1872.

Su visión de ninguna manera era de ciencia ficción o hasta cierto grado profética, como la de Julio Verne: más bien era un retrato muy crudo de una realidad que ya era evidente desde ese entonces y, lamentablemente, vigente hasta el día de hoy.

No sé qué cala más en el ánimo, si la manera como viven quienes menos tienen hoy: hacinados, marginados y excluidos, en viviendas que se les caen encima cuando aún no han acabado de pagarlas, o que el Estado, como responsable de facilitar el acceso de ésta a los trabajadores, no haya sido capaz de aliviar la crisis dotándoles de vivienda adecuada, ya no digamos digna. A fin de cuentas, como ya podemos dar cuenta, las clases menos pudientes, en todos los tiempos, han sufrido condiciones más o menos comparables.

Porque el tema de analizar, pensar y definir cómo debe ser la vivienda para los obreros no es cosa nueva; es duro decirlo pero quienes tenemos interés por la vivienda social y el estilo de vida que impone a sus ocupantes, por más que nos hayamos exprimido el cerebro debemos asumir que no hemos descubierto el hilo negro, ya hubo quienes han expresado, desde hace muchas décadas, que la vivienda social no sólo contiene el tema de la materialidad, es decir, de cómo se construye, ni tampoco el tema más importante es el económico, por más que hoy día ese sea el enfoque que, aunque se niegue, se prioriza: la importancia de la vivienda es que se trata del lugar donde Usted y yo, y todos, preservamos las tradiciones y valores, recobramos las fuerzas, la consideramos nuestra segunda piel y, sobre todo, es donde vivimos la vida.

Tan es así, que allá por 1929, Gruschka Aussing, definió que “el mínimo de vivienda comprende todos aquellos aspectos cuantitativos y cualitativos que abaratan hasta el límite el servicio de la vivienda para familias de tamaño medio … sin que sus moradores tengan que sufrir en cuerpo y alma”. Walter Gropius, fue otro personaje importante, arquitecto, quien en ese mismo año enfatizaba la necesidad de “establecer el mínimo elemental de espacio, aire, luz y calor indispensables al hombre para poder desarrollar completamente sus funciones vitales sin restricciones debidas a la vivienda, es decir, establecer un modus vivendi mínimo en lugar de un modus non moriendi”. Así de claro: dar un modo de vida, y no un modo de muerte.

Por último, comparto el sentir de un habitante del fraccionamiento Parajes de San Juan, en el suroriente de Ciudad Juárez: “A veces quisiera haber tenido la oportunidad de estar viviendo en otro lado, al menos donde vivía antes… pos poder comprar una casa en otro lado, porque aquí ni vecinos tengo, y pos menos amigos… aquí está uno lejos de todo y de todos, viera que sí siente uno la soledad en la calle, de que no se escuche nada, pos ¿quién? si no vive nadie… ya por lo menos con la música se hace ruido uno en la casa… Yo me imaginaba que iba a ser de otro modo…”, (sic).

¿Será –como dijo Martin Heidegger en 1951– que la industrialización de la construcción de la vivienda equivale a una simple “modernización de la pobreza?

No estamos mejor… de hecho, vamos para atrás.



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