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Los otros futbolistas

Cecilia Ester Castañeda
Escritora | Jueves 12 Julio 2018 | 00:01:00 hrs

En medio de esta fiebre del Mundial, a miles de kilómetros de distancia de Rusia se desarrolló otra lucha que también puso a prueba a unos futbolistas: los Jabalíes de Mae Sai, el equipo juvenil atrapado en una cueva inundada del norte de Tailandia.

Estos 13 atletas de entre 11 y 16 años, sin embargo, no competían por una copa de oro. Lo que estaba en juego era su vida. Y su odisea ejemplifica otra cara menos glamurosa de los deportes, pero no por ello menos triunfal. Porque para las millones de personas que lo practican, el futbol pueden representar mucho más que un pasatiempo.

Según fuentes periodísticas, en el caso de los menores tailandeses el equipo de balompié es una herramienta para forjarse un futuro mejor. Les brinda acceso a becas y, con un sistema de motivación diseñado por los entrenadores, les permite mejorar su uniforme y sus accesorios deportivos si obtienen buenas calificaciones.

Para alguien en las circunstancias de los Jabalíes esto es crucial. Mae Sai se localiza en la frontera tailandesa con Myanmar y Laos, en una conflictiva región de narcotráfico, guerrillas, gobierno militar y refugiados, señala el New York Times. Tres jugadores y el entrenador de 25 años que los acompañaba en la cueva no tienen nacionalidad alguna, añade.

Alguna vez la medallista paralímpica chihuahuense Perla Bustamante me dijo que la honestidad, la disciplina, la perseverancia, la responsabilidad, el esfuerzo, el respeto y la esperanza son valores reflejados en el deporte. Para los Jabalíes, jugar futbol significó asimismo trabajar juntos e ir regularmente de excursión a los alrededores de Mae Sai.

El 23 de junio el equipo volvió a explorar las cuevas de Tham Luang. Las lluvias registradas más tarde los dejaron atrapados a casi un kilómetro de profundidad. Ahí, en un montículo seco, permanecieron nueve días sin que se supiera de ellos.

El episodio recordó a los 33 mineros chilenos que en el 2010 estuvieron 70 días bajo tierra. Quienes seguimos de cerca aquel histórico rescate recordamos el alto grado de dificultad del operativo en el cual resultaba difícil determinar qué era lo más complicado, si la delicada obra de ingeniería, la precisa secuencia de la misión, la organización de los mineros, o mantener la esperanza. Pero se trataba de adultos acostumbrados a los espacios cerrados y, una vez que se abrió un canal para hacerles llegar provisiones, se disponía de tiempo para sacarlos.

En el caso de los jóvenes futbolistas, el peligro de nuevas lluvias obligaba a tomar medidas urgentes.

Curiosamente, dice al New York Times el director de una escuela local, las experiencias de la comunidad indocumentada son fuente de fuerza y espíritu de lucha. Exmonje budista encargado de neófitos, el entrenador de los Jabalíes además enseñó a los niños atrapados a meditar y ahorrar energía, señalan medios.

El resto es una historia de cooperación internacional en la que participaron aproximadamente 100 rescatistas, mil soldados y 10 mil voluntarios, según datos del Washington Post. Entre ellos, según medios, estuvieron el empresario de compañías tecnológicas Elon Musk y un médico experto buceador en cuevas.

Los Jabalíes fueron sacados uno por uno atados a dos buzos después de darles un ansiolítico, dice CBS News. De acuerdo con el South China Morning Post, caminaron y treparon la mayor parte del trayecto del cual se drenaron grandes cantidades de agua, buceando unos 500 metros.

A mí sigue sorprendiéndome el éxito de la operación, considerada en extremo difícil. En especial me intriga la inmediata concentración de expertos altamente especializados en un lugar políticamente explosivo para rescatar a menores en una situación de riesgo y la fortaleza demostrada por un grupo de chiquillos.

Entonces si se quiere se puede. Si tantas personas desplazadas están cruzando las fronteras de esa zona asiática, ¿por qué no se hace más a nivel internacional con el fin de darles una solución legal?

Y no, no es la única frontera con ese problema.

Si los menores dirigidos por alguien que cree en ellos son capaces de sobrevivir casi tres semanas en condiciones tan dramáticas, entonces es posible encaminar a generaciones atrapadas en otro tipo de “cuevas” donde no distinguen salida.

No necesitamos ir a Tailandia para hacer la prueba.



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